En un garaje de Viedma y sin viñedos propios: la pareja que desafía a la industria del vino en la Patagonia
Sin una hectárea de viñedo y en un garaje de Viedma, esta pareja produce vinos artesanales que ya suman 3.000 litros al año. ¿Cómo lograron convertir una tradición familiar en una bodega con todas las habilitaciones?
Janet Volponi y Ahmed Direne convirtieron un garaje familiar en Lavyd, una bodega artesanal que ya produce 3.000 litros por año sin tener una sola hectárea de viñedo. Todo empezó como una tradición de cosecha en la familia Volponi y hoy es un emprendimiento formal que apuesta por los sabores de Río Negro.
La historia de Lavyd no comenzó con un plan de negocios, sino con el ritual que cada año reunía a la familia Volponi alrededor de la uva. Sin intención de vender, el vino era solo para compartir. Pero con el tiempo, las damajuanas dieron paso a máquinas y apareció Ahmed, que hace 16 años se sumó a la familia y, sin saberlo, también a la elaboración.
“Yo ni siquiera tomaba vino”, confesó Ahmed entre risas. Hoy tiene una diplomatura en Viticultura y está por recibirse de enólogo. La pasión lo llevó a estudiar cada etapa del proceso.
¿Por qué una bodega de garaje?
Cuando Janet y Ahmed pensaron en su futuro, las ideas más rentables no los convencían. “Yo le decía a Janet que si fuera por mí haría vino, pero que eso no da plata”, recordó Ahmed. La respuesta de ella fue tajante: “Hagámoslo igual”. Así nació Lavyd, hace tres años, en el barrio Jardín de Viedma, en un espacio del tamaño de un garaje.
Lejos de ser una limitación, esa escala es su fortaleza. “Podemos controlar los tiempos, la limpieza y cada detalle del proceso”, explicó Ahmed. Producen 3.000 litros al año y aspiran a llegar a 10.000 o 15.000, pero sin perder el cuidado artesanal. “Preferimos seguir haciendo poco, pero muy bien”, afirmó.
Sin viñedos, pero con uvas seleccionadas
Lavyd no tiene chacra propia, pero trabaja con uvas de viñedos inscriptos en el INV. “Siempre hacemos el chiste de que somos talentosos, pero no tenemos chacra”, bromeó Janet. Eso les permite elegir cada año qué variedades elaborar según la calidad de la fruta: Merlot, Malbec, Cabernet Franc, Torrontés (blanco y naranjo) y un vermú artesanal.
Uno de sus orgullos es un Merlot elaborado con uvas de Viedma. “Queremos que quien lo pruebe encuentre el suelo, el clima y la identidad de nuestra zona”, destacó Ahmed.
Etiquetas que cuentan historias
Janet, artista de profesión, diseña todas las etiquetas. La línea Frenético resume el ritmo de vida de la pareja: estudiar, trabajar, emprender y hacer vino. La ilustración los muestra navegando con la uva, mientras Cachito Volponi sostiene la vela. “No queríamos que dentro de la botella hubiera solamente vino. Queríamos que también hubiera una historia”, resumió Janet.
Una familia detrás de cada vendimia
Detrás de Lavyd hay un equipo que trasciende a la pareja. Cuando llega la cosecha, padres, hermanos y amigos se suman a descargar cajones y trabajar hasta la madrugada. “Es un proyecto familiar. Cuando hace falta trabajar hasta las dos o tres de la mañana, están todos. Todos sienten este sueño como propio”, contaron.
Lavyd no nació para ser la bodega más grande de la Patagonia, sino para dar continuidad a una historia que empezó hace décadas alrededor de una mesa familiar. Y desde un garaje en Viedma, demuestra que las grandes ideas no necesitan grandes dimensiones.


