En un pueblo de 15 mil habitantes, cientos ya no cobran: el efecto dominó que nadie esperaba
Su cuñado lleva más de 20 años en la planta y hace tres meses que no cobra. Lo que este vecino de Capitán Sarmiento contó sobre lo que pasa adentro lo cambia todo.
La planta avícola Granja Tres Arroyos paralizó su actividad en Capitán Sarmiento y unos 1.500 puestos de trabajo directos e indirectos quedaron en el aire. El impacto se siente en los comercios, en las escuelas y en las mesas de las familias que ya no saben cómo llegar a fin de mes.
En Capitán Sarmiento casi todos conocen a alguien que trabaja o trabajó en Granja Tres Arroyos. La empresa avícola fue durante años uno de los motores económicos de la ciudad y su actividad sostenía a unas 1.500 personas entre empleados directos, transportistas, fleteros y trabajadores tercerizados. Según los testimonios relevados por LANOTICIA1.COM, el alcance real llegaba a cerca de 2.000 familias.
Hoy la planta está paralizada y los salarios dejaron de circular. La postal de pueblo tranquilo, con bicicletas apoyadas en la vereda, convive ahora con ollas populares, acampes y comercios que venden apenas lo justo.
El comercio, el primero en sentir el golpe
Javier trabaja en un lavadero de autos cerca de la planta y conoce la situación desde adentro: su cuñado lleva más de 20 años en Granja Tres Arroyos y hace tres meses que no cobra. "Vos calculá que vivían más o menos entre fletero, tercerizado y todo, casi 2 mil familias", cuenta.
El impacto no se limita a los trabajadores de la planta. "No era solo la gente que laburaba ahí, sino los camioneros, los dueños de los transportes, los cargadores de pollo", explica Javier. Y el derrumbe se traslada a los negocios: "Mi hermana tiene tienda y no tiene venta. Mi suegro tiene una despensa y tampoco hay mucha venta. La gente va y consume lo justo y lo necesario".
La crisis también golpea a los más chicos. Muchas familias tuvieron que dar de baja el inglés o las actividades deportivas de sus hijos. "Hay muchos padres que ya no los mandan porque no pueden seguir pagándolo", relata Javier.
Mientras tanto, los empleados que todavía no recibieron el telegrama de despido deben presentarse igual en la planta y sacarse fotos para dejar constancia de que asistieron. "No quieren que después los acusen de abandono de trabajo", explica Javier. Y agrega una preocupación que circula entre los trabajadores: "Lo que están diciendo es que están sacando mercadería, están sacando maquinaria".
En el pueblo, la búsqueda de changas se multiplicó. "Parqueros había alrededor de 50 y ahora hay cerca de 200", dice Javier, que también menciona a los que salieron a hacer electricidad, plomería o herrería. Su comparación es contundente: "Es como por ahí pasa en Capital Federal con los Uber, que hay mucho Uber, pero hay poco pasajero".
"El pueblo depende de ahí"
A pocos metros de la planta, sobre la Ruta 8, está Parrilla Los Pinos. Alejandro atiende el negocio y ve de cerca cómo se apagó el movimiento. "Sí, por supuesto que hay preocupación. La estoy viviendo mal", cuenta. En algunas familias trabajaban el marido, la señora y hasta el hijo. "Queda complicada la situación", señala.
Para Alejandro, la paralización tendrá una repercusión fuerte en la economía local. "El pueblo depende de ahí", afirma, y explica que los salarios de Granja se gastaban en la propia ciudad. "La gente que laburaba ahí la gasta: se compra un auto, una bici, va al supermercado", dice. Ahora esa circulación "se cortó bastante".
El comerciante también ve las protestas: "Todos los días hay gente acampando en el lugar". Su mayor temor está puesto en los trabajadores. "Más preocupados estamos por los empleados, que son los que peor la están pasando porque no están cobrando". Y cierra con un deseo: "Ojalá esto se solucione rápido".
Un salón de fiestas convertido en olla popular
Claudia Aranda tiene 46 años y es dueña de Borboleta, un salón de fiestas. No tiene familiares en Granja, pero sí amigos y clientes vinculados a la empresa. "Medio pueblo se mueve a través de Granja Tres Arroyos", dice. Por eso decidió usar su espacio para cocinar: prepara más de 300 viandas por día con alimentos que tenía y donaciones de vecinos y comerciantes.
Su preocupación está puesta en los chicos. "A la noche que no falte el plato de comida", dice. También preparan pan casero y reparten fruta, cereales, leche o ropa cuando reciben más de lo necesario. "Es un granito de arena cada uno, porque no soy la única que lo está haciendo", aclara.
Claudia empieza a cocinar alrededor de las cinco de la tarde y a veces termina cerca de la una de la madrugada. En el salón trabaja con un anafe y tiene que mover la garrafa para poder cocinar. Además, ofrece el espacio gratis para los cumpleaños infantiles que muchas familias tuvieron que suspender tras perder sus ingresos. "De una manera u otra, aunque sea con un jugo y una torta, lo podemos ayudar a hacer", explica.
Una red solidaria que crece
La ayuda se multiplica en distintos puntos de Capitán Sarmiento. El Centro Educativo organizó una chocolatada para que los chicos se distraigan. Los clubes San Carlos, SDL, Los 14 e Independiente convocaron a una jornada deportiva solidaria con entrada libre y pedido de alimentos no perecederos. En los gimnasios hay cajas para donar.
El Sindicato de Trabajadores de Industrias de la Alimentación (STIA) entrega mercadería desde hace más de dos meses y desde este lunes realiza ollas populares nocturnas en su salón. Esta semana, según fuentes del gremio, también comenzaron a repartir bolsones de comida de manera quincenal.
Claudia destaca el acompañamiento del municipio: "El municipio está ayudando un montón dentro de lo que puede. Esto es entre todos".
En una ciudad de unos 15 mil habitantes, lo que pasa dentro de Granja se siente afuera. La empresa que fue motor económico hoy dejó a cientos de trabajadores en la incertidumbre. Mientras esperan una salida, el pueblo se sostiene como puede: buscando changas, manteniendo abiertos los comercios y ayudando con lo que cada uno tiene.