En una escuela de San Ignacio armaron bolsas con aserrín y viruta: adentro creció algo que ya se come en Misiones
Un grupo de estudiantes de San Ignacio mezcló aserrín, viruta de eucalipto y cascarilla de arroz, y armó bolsas de cultivo. Semanas después, el contenido empezó a cambiar de forma.
El cultivo de hongos comestibles se abrió camino en Misiones como una alternativa para diversificar la producción de las chacras y aprovechar mejor los recursos que ya existen en el territorio. La última experiencia se dio en la Escuela de la Familia Agrícola (EFA) de San Ignacio, donde estudiantes de 3.º, 4.º y 5.º año participaron de una capacitación organizada por el Ministerio del Agro y la Producción junto al Instituto Misionero de Biodiversidad (IMiBio).
La propuesta apuntó a que los jóvenes conozcan el reino fungi, los principios básicos del cultivo y las propiedades nutricionales de las gírgolas (Pleurotus ostreatus), además de explorar maneras de sumar estos alimentos a la dieta de todos los días.
Del aserrín a la bolsa de cultivo
La jornada mezcló teoría y práctica. Con profesionales del IMiBio como guías, los estudiantes armaron el sustrato con aserrín, viruta de eucalipto y cascarilla de arroz, lo combinaron con semilla miceliada y lo fraccionaron en bolsas de cultivo.
Después siguió el acompañamiento de los docentes, con una metodología que articuló el trabajo en la escuela con el seguimiento en los hogares. El ciclo productivo completo demanda alrededor de 45 días, el tiempo que necesita el micelio para colonizar el sustrato y empezar a fructificar.
Así, los chicos pudieron recorrer cada etapa de la producción y comprobar que se trata de una actividad viable a pequeña escala, con materiales que se consiguen en la zona.
Qué dijeron desde el Ministerio
El ministro del Agro, Facundo López Sartori, puso el acento en la importancia de llevar nuevas alternativas productivas a las instituciones educativas y de fortalecer el lazo entre la biodiversidad, la formación de los jóvenes y las oportunidades de desarrollo local.
“Acercar el cultivo de hongos comestibles a las escuelas nos permitió mostrar que en los recursos de nuestro territorio existen oportunidades concretas para diversificar la producción y mejorar la alimentación. Apostamos a que los jóvenes conozcan estas alternativas, experimenten con ellas y puedan convertirse en protagonistas de nuevas iniciativas productivas en sus comunidades”, expresó.
Por su parte, el subsecretario de Planificación, Extensión y Financiamiento Rural, Leonardo Amarilla, sostuvo que estas experiencias permitieron avanzar en el desarrollo de conocimientos y capacidades para incorporar nuevas actividades productivas a escala local.
“Trabajar con hongos comestibles nos permitió vincular la educación con la producción y demostrar que es posible generar alternativas a partir de insumos disponibles en nuestra provincia. El desafío fue transformar ese conocimiento en herramientas prácticas, que los estudiantes pudieran llevar a sus hogares y que, a futuro, contribuyeran a diversificar las chacras, aprovechar los recursos locales y ampliar las posibilidades de producción y consumo”, afirmó.
Una recorrida que ya pasó por varias escuelas
La de San Ignacio fue la tercera capacitación de este tipo realizada durante 2026 en establecimientos educativos de la provincia. Antes hubo experiencias en el Centro Educativo Polimodal (CEP) N.º 64 de Villa Cabello y en la Escuela Provincial de Educación Técnica (EPET) N.º 36 de Itaembé Miní, ambas en Posadas.
A esas iniciativas se sumaron jornadas de recolección de hongos silvestres con los Institutos de Enseñanza Agropecuaria (IEA) N.º 13 y N.º 4. Todo ese trabajo permitió acumular conocimientos, hacer ensayos y evaluar estrategias de enseñanza con la mira puesta en una propuesta didáctica de mayor alcance para 2027, en articulación con el Centro de Educación Ambiental del Ministerio de Educación.
Biodiversidad que abre oportunidades
Las acciones se enmarcan en el trabajo conjunto entre el Ministerio del Agro y el IMiBio a través de la Mesa de la Funga Misionera, que busca impulsar la implementación de la Ley VIII – N.º 114, destinada a promover el cultivo y la recolección de hongos comestibles. En ese contexto también se avanzó en el registro provincial de cultivadores y recolectores, una herramienta pensada para generar información que permita planificar y fortalecer la actividad.
Uno de los puntos salientes de la capacitación fue el uso exclusivo de insumos de origen local: sustratos, semillas y medios de cultivo. Eso dejó en evidencia que la producción de gírgolas puede hacerse a pequeña escala aprovechando materiales disponibles en el territorio.
De esta manera, el cultivo de hongos comestibles se instaló en la agenda de la diversificación productiva como una alternativa que cruza educación, biodiversidad y alimentación. La intención es ampliar el conocimiento sobre los recursos naturales de la provincia, fomentar su aprovechamiento sostenible y abrir nuevas oportunidades para las familias y las comunidades rurales.