En Viedma los pibes hicieron una película sobre los cortes de agua y terminó en un festival internacional

Montserrat entró a La Casita de Nehuén a los 15 años, casi por casualidad. Lo que aprendió ahí adentro la llevó a las aulas de la universidad y a un festival internacional. La historia de un barrio de Viedma que cumple 20 años.

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En Viedma los pibes hicieron una película sobre los cortes de agua y terminó en un festival internacional
En Viedma los pibes hicieron una película sobre los cortes de agua y terminó en un festival internacional

La Casita de Nehuén sopla 20 años de historia en el barrio Guido de Viedma y lo hace con un logro que pocos espacios comunitarios pueden mostrar: un grupo de adolescentes armó un proyecto de cine que ya recorrió festivales, se llevó premios y hasta los sentó en el jurado de una competencia internacional.

El dispositivo ofrece talleres deportivos, culturales y educativos gratuitos, pero también funciona como un ámbito de escucha y acompañamiento para los jóvenes. De ahí salió el grupo audiovisual que hoy es una de las patas más visibles del lugar.

De «vamos a La Casita» a las dos carreras universitarias

Montserrat Fuentealba tenía unos 15 años y hacía poco que se había mudado al barrio Guido cuando escuchó a otros chicos decir «vamos a La Casita». Se acercó con unos amigos sin imaginar que ese lugar le iba a marcar el rumbo de su vida.

«En un principio no sabíamos escribir guiones ni filmar, fuimos aprendiendo junto a los chicos», contó Romina Polizzi, psicóloga social y referente del taller, que arrancó con otras actividades y fue mutando hasta convertirse en un espacio de cine comunitario.

Hoy Montserrat cursa dos carreras universitarias vinculadas al Periodismo Deportivo y a la Comunicación Social en la UNRN, junto a otros integrantes del taller. «Cuando nos empezaron a enseñar todas las cosas más técnicas, yo dije: Quiero estudiar esto», recordó.

«Agua zombie», el corto que lo cambió todo

Uno de los primeros trabajos fue «Agua zombie», una comedia sobre los cortes de agua y los problemas sanitarios con las cloacas del barrio. Ese cortometraje se convirtió en el puntapié inicial de una seguidilla de premiaciones y de la posterior afiliación a la Red Argentina de Cine Comunitario.

«Construir cine en comunidad tiene que ver con contar las propias historias que los pibes y pibas tengan ganas de contar y de compartir», explicó Polizzi, que remarcó cómo las producciones usan el humor para reflejar las problemáticas que atraviesan.

Después llegaron otros títulos: «Abasto» obtuvo el primer premio en el festival internacional Cine a la Vista, mientras que «El duelo de la nada» se quedó con el segundo. También hubo viajes a festivales de Bariloche, Córdoba y Chapadmalal.

En el último encuentro, seis adolescentes de La Casita participaron como jurados en una de las ediciones del festival, que reunió a más de 200 jóvenes de Argentina, Chile y Uruguay.

«Volvimos emocionadísimos de esa experiencia, incluso con ganas de replicar algo así en la zona», recordó la tallerista.

Un acompañamiento que va más allá del taller

El equipo también ayuda a los chicos a terminar la escuela, los orienta hacia nuevas propuestas académicas y los acompaña en dificultades familiares. «No se trata de una actividad que empieza y termina después de unos meses; nosotros los vimos crecer», señaló Polizzi.

El grupo actual tiene entre 15 y 19 años y hace poco empezó un corto sobre las elecciones de vida y las dudas que aparecen en esa etapa. «Estoy convencidísima de que muchos pibes y pibas no serían lo mismo sin La Casita de Nehuén en su barrio», aseguró.

Una casa que se sostiene entre todos

El ámbito audiovisual no es la única propuesta. El espacio ofrece actividades deportivas, culturales y educativas que van rotando según las necesidades y los recursos. Crhistian Andraca, coordinador del lugar y exprofesor de educación física, lo explica con claridad: «La actividad en sí vendría a ser un pretexto, una excusa como para que vengan los chicos y ahí poder hablar, tomar unos mates y trabajar otras cuestiones».

Antes de llamarse La Casita de Nehuén, el lugar funcionó como un espacio de promoción familiar que repartía alimentos y módulos. Con el tiempo, el trabajo se fue orientando hacia lo comunitario y la guía de los más chicos. «Hicimos un concurso para elegir el nombre y quedó Nehúen, que en mapuche significa espíritu y fuerza», contó Andraca.

Este año el espacio atravesó un momento crítico: sus integrantes temieron por la continuidad de la institución que estaba por cumplir dos décadas. Finalmente pasó a depender del Ministerio de Desarrollo Humano de Río Negro, lo que aseguró su continuidad.

«Fue el peor momento, porque fue una semana muy dura que nos querían sacar, querían cerrar el espacio», recordó Andraca, que igual destacó el acompañamiento y las respuestas de las nuevas autoridades.

Hoy el equipo está formado por 12 personas entre operadores, talleristas y profesionales, y hay unos 134 chicos registrados en los talleres. La mayoría vive en los barrios Guido e Inalauquen, aunque también llegan jóvenes de otros sectores de Viedma.

Montserrat, que llegó casi por casualidad, ahora quiere devolver algo de lo que recibió: arma un taller de cine y teatro para las niñas y niños que asisten al espacio y todavía no tienen una actividad propia.

«Los referentes son personas de un corazón enorme. Me dieron demasiadas experiencias y solamente quiero agradecer», dijo la joven sobre el lugar que la vio crecer. Y dejó un deseo: «Me gustaría que en todos los barrios posibles haya un espacio como La Casita».

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