Encapuchados entraron por el fondo, lo ataron con un cable y se llevaron una cifra que nadie esperaba
Entraron por el fondo, lo ataron con un cable de cargador y se llevaron todo. Pero lo que más indigna a los investigadores es la sospecha que crece puertas adentro: alguien les habría soplado el dato exacto.
Dos delincuentes encapuchados sorprendieron a un hombre en su casa de Rawson, San Juan, lo golpearon, lo maniataron y escaparon con un botín millonario. El violento episodio ocurrió en la madrugada del martes en una vivienda de la calle Santa Fe, en el barrio Villa Lerga, y la investigación apunta a que los ladrones sabían exactamente lo que buscaban.
La víctima fue identificada como J. A. C., un ciudadano ecuatoriano de 44 años que se dedicaría a la venta de muebles. Según la denuncia que presentó en la Comisaría 3.ª, los asaltantes ingresaron por la parte trasera del domicilio: primero saltaron una medianera de unos dos metros y luego forzaron una ventana de la cocina.
Ya adentro, se toparon con el dueño y lo atacaron. Lo ataron de manos y pies con el cable de un cargador y le taparon la cara con una manta, de acuerdo con lo informado por Tiempo de San Juan.
El botín que se llevaron
Los ladrones recorrieron la casa y se hicieron con un importante botín. Entre lo robado había 21.000 dólares, 8.000 pesos, una motocicleta Yamaha 150 azul, dos celulares, una netbook, una controladora y perfumes.
Después de juntar los objetos, escaparon y dejaron a la víctima inmovilizada. El hombre logró liberarse por sus propios medios y recién entonces pudo pedir ayuda. Aunque sufrió golpes durante el asalto, no fue necesario trasladarlo a un hospital.

La sospecha de un entregador
La denuncia quedó radicada en la Comisaría 3.ª, mientras que la investigación está a cargo de la Brigada de Investigaciones Sur y del fiscal Juan Manuel Gálvez, de la Unidad Funcional de Instrucción (UFI) Delitos contra la Propiedad.
Los investigadores trabajan ahora para identificar a los responsables y no descartan que hayan contado con la ayuda de un entregador. La principal sospecha es que alguien pudo haberles brindado información precisa sobre la víctima y sobre el dinero que tenía guardado en su vivienda.