Encerrados en el monte, no podían llegar al quirófano: la solución dejó a 120 salteños viendo de nuevo
En el norte salteño hay comunidades donde operarse de cataratas parecía imposible: el quirófano más cercano queda a horas de viaje y muchos pacientes nunca llegaban. Un equipo médico decidió cambiar la ecuación y montó dos quirófanos donde no había ninguno. Lo que lograron en apenas dos jornadas trascendió las cifras.
Un hospital de baja complejidad, sin quirófano, en pleno norte salteño. Y 120 personas que recuperaron la visión en apenas dos jornadas. Ese es el resultado del séptimo Operativo Quirúrgico Oftalmológico de la Fundación AMTENA, que por primera vez trasladó la infraestructura quirúrgica completa hasta Santa Victoria Este en lugar de llevar a los pacientes a otra ciudad.
Las intervenciones se concretaron el 2 y 3 de octubre. Del total, 106 fueron cirugías de cataratas y las otras 14, intervenciones oftalmológicas de distinto tipo. Oftalmólogos e instrumentadores de Salta y Buenos Aires formaron parte del equipo.
Por qué dejaron de trasladar a los pacientes
Hasta este año, los seis operativos anteriores se habían realizado en Tartagal. Allí se derivaba a las personas evaluadas previamente en las jornadas clínicas de Santa Victoria Este y comunidades cercanas. Pero la experiencia mostró que una parte de los pacientes nunca concretaba el viaje.
Las distancias, las responsabilidades familiares y laborales, los costos y las diferencias culturales se transformaban en obstáculos difíciles de sortear. Los doctores Anahí Lupinacci y Martín Arroyo, coordinadores de los operativos, lo explicaron a El Tribuno: detectaron que muchos pacientes con problemas visuales severos —sobre todo cataratas— no llegaban a completar el tratamiento.
El centro con quirófano más cercano está en Tartagal, a varias horas de viaje desde las comunidades. Lupinacci contó que algunas personas nunca habían viajado a una ciudad y sentían temor de hacerlo solas; otras no podían alejarse de sus familias. La conclusión fue contundente: si los pacientes no podían llegar al quirófano, había que llevar el quirófano hasta ellos.
Dos quirófanos montados desde cero
El hospital local no tenía espacio quirúrgico. Para concretar las operaciones hubo que montar dos quirófanos y trasladar microscopios, equipos de facoemulsificación, instrumental, lentes intraoculares, medicamentos y el resto de los insumos indispensables.
Según Lupinacci, la meta era ofrecer procedimientos con la misma tecnología y las mismas técnicas que se usan en centros especializados, pese a las limitaciones de infraestructura de la localidad.
Quiénes hicieron posible el operativo
La organización involucró a profesionales de distintas especialidades, personal sanitario, voluntarios y donantes. El equipo lo coordinaron Lupinacci y Arroyo, con un cirujano experimentado, cuatro residentes de oftalmología, otras dos oftalmólogas abocadas a los controles externos, tres instrumentadores quirúrgicos, un ingeniero, una enfermera y una voluntaria. También colaboraron el personal del hospital de Santa Victoria Este y estudiantes de Enfermería de la Universidad Nacional de Salta.
Empresas, particulares y profesionales aportaron equipamiento e insumos médicos. Lupinacci destacó que buena parte de los recursos se consiguieron por donaciones, aunque la fundación debió comprar lo que no pudo obtener por esa vía. Los aportes económicos resultaron claves para cubrir los gastos.
El sistema público de salud también dijo presente: el hospital provincial cedió el espacio, se facilitaron los traslados y los estudios prequirúrgicos se hicieron mediante recursos de atención sanitaria a distancia.
El momento que más impactó a los médicos
Más allá de las cifras, a los profesionales los marcaron las historias de los operados. Lupinacci relató el caso de un paciente que llevaba mucho tiempo sin ver y que, después de la cirugía, se quedó mirándose las manos, sorprendido de recuperar algo que creía perdido. También recordó a una mujer que les hizo llegar, a través de su sobrina, su alegría porque volvía a higienizarse sin ayuda.
Para los médicos, esas escenas muestran las consecuencias cotidianas de los problemas de visión sin tratar. No reconocer a un familiar, no moverse con soltura por la propia casa o depender de otros para tareas básicas genera una dependencia que se agrava en zonas rurales, con caminos difíciles y grandes distancias hasta los centros de salud.
Arroyo señaló que la recuperación de la visión puede tener un efecto inmediato: algunos pacientes que necesitaban ayuda para desplazarse volvieron a caminar por sus propios medios tras la intervención.
Los profesionales también subrayaron las barreras lingüísticas y culturales de la región, donde hay pacientes que hablan wichí o chorote y no tienen el castellano como primera lengua. En ese contexto, acceder a una cirugía no es solo ver mejor: es recuperar independencia y participar con más autonomía en la vida familiar y comunitaria.
La experiencia dejó una enseñanza para los coordinadores: la atención médica no termina con el diagnóstico. Para que el tratamiento sea efectivo, también hay que garantizar que las personas puedan llegar hasta él.
¿Un hito sanitario para el norte del país?
Operar en un hospital sin quirófano fue uno de los logros que los coordinadores más destacaron. Según Lupinacci, las intervenciones realizadas allí podrían estar entre las reportadas más al norte del país, aunque esa condición requiere una verificación específica para confirmarse como récord nacional.
El procedimiento también demostró que es posible organizar intervenciones especializadas en localidades alejadas de los grandes centros urbanos, siempre que haya planificación, equipamiento, insumos y profesionales capacitados.
Lupinacci sostuvo que el modelo puede replicarse en otras comunidades. Entre los objetivos a futuro mencionó ampliar el trabajo a localidades como Morillo y Embarcación, donde también hay dificultades para acceder a ciertas prestaciones sanitarias. Arroyo, en tanto, remarcó la importancia de sostener estas acciones en el tiempo: una intervención aislada puede ayudar a una persona, pero es la continuidad de la atención la que genera cambios profundos en una comunidad.
Más de dos décadas en el norte salteño
La Fundación AMTENA trabaja en la región desde el año 2000. Sus primeros años estuvieron vinculados a una asociación de médicos que realizaba operativos de atención clínica, pediatría y cirugía en comunidades con dificultades para acceder a los servicios de salud. En 2018 comenzó a organizarse la incorporación de la oftalmología, que arrancó en 2019 bajo la coordinación de Lupinacci y Arroyo. Desde entonces, el trabajo incluye controles visuales, detección de patologías, entrega de anteojos y cirugías para quienes requieren intervenciones especializadas.
Según los registros de la fundación, desde 2019 sus operativos oftalmológicos acumulan 838 cirugías, 8.109 atenciones clínicas y más de 5.000 anteojos entregados.
La organización mantiene operativos clínicos periódicos y actividades quirúrgicas en la zona, y busca ampliar su capacidad de atención con un modelo replicable en otras comunidades. Para sostenerlo depende de donaciones económicas, aportes de insumos y la colaboración de profesionales y voluntarios. Lupinacci explicó que los recursos son necesarios tanto para adquirir materiales médicos como para organizar los traslados y la infraestructura que exigen las intervenciones.
El operativo de Santa Victoria Este se inscribe así en una tarea de más de dos décadas en el norte provincial que, con la oftalmología, busca achicar las barreras que separan a las comunidades alejadas de la atención especializada.