Encerró a su expareja, lo condenaron a 3 años y ya duerme en su casa: la tobillera que lo controla
Marcos Oyarzun tenía una condena de tres años por encerrar a su expareja. Apenas días después del fallo, un artículo del Código Procesal le abrió la puerta de la cárcel. Hoy camina libre, pero con un detalle atado al tobillo que no puede sacarse.
Marcos Facundo Oyarzun (29) fue condenado a tres años de prisión efectiva por privar ilegítimamente de la libertad a su expareja, en un caso con violencia de género. Pero la cárcel le duró poco: la Justicia le concedió la excarcelación y hoy cumple la pena en libertad, vigilado por una tobillera electrónica.
La sentencia la dictó el Tribunal de Juicio en lo Criminal el 19 de octubre. Oyarzun fue hallado culpable del delito de privación ilegítima de la libertad agravada. El fallo establecía cumplimiento efectivo, pero apenas días después de conocerse, su defensa logró el beneficio.
La llave legal que abrió la puerta
El pedido de excarcelación lo presentaron los abogados particulares Federico Buzzerio y José Luis Álvarez. El Tribunal lo aceptó amparándose en el artículo 290 del Código Procesal Penal de Tierra del Fuego. Esa norma permite la libertad bajo monitoreo cuando el condenado ya cumplió una parte de la pena en prisión preventiva y muestra condiciones de conducta favorables.
Oyarzun había pasado más de ocho meses alojado en la Unidad de Detención N°1 de Río Grande. Para los jueces, el buen comportamiento dentro del penal y la ausencia de riesgos procesales fueron determinantes a la hora de otorgar la excarcelación.
Libertad condicionada
Su libertad no es total. Debe llevar permanentemente una tobillera electrónica, un dispositivo que el Servicio Penitenciario y la Justicia usan para monitorear en tiempo real cada movimiento. Además, el sistema permite verificar que se cumplan las restricciones perimetrales dispuestas para proteger a la víctima.
La causa quedó caratulada como privación ilegítima de la libertad agravada por violencia de género, y la condena de tres años sigue firme. Lo que cambió es el lugar donde la cumple: lejos de la celda, en su domicilio y bajo control satelital.