Enciclopedia Británica demanda a OpenAI: el secreto detrás de las respuestas de ChatGPT
Una de las fuentes de conocimiento más antiguas del mundo enfrenta al gigante de la IA. Descubrí los detalles de la demanda que acusa a ChatGPT de usar ilegalmente decenas de miles de artículos y qué podría significar para el futuro de la tecnología.
La editorial dueña de la Enciclopedia Británica y los diccionarios Merriam-Webster presentó una demanda judicial en Nueva York contra OpenAI. Acusan al gigante de la inteligencia artificial de copiar ilegalmente unos 100.000 artículos para entrenar a ChatGPT, en lo que califican como “violaciones masivas a los derechos de autor”. El caso pone nuevamente en el centro del debate los límites legales del entrenamiento de modelos de IA.
La demanda, presentada por Encyclopædia Britannica, Inc., sostiene que la compañía de Sam Altman utilizó contenido protegido sin permiso ni compensación. Alegan que este uso no solo viola la ley, sino que además perjudica su negocio al reducir el tráfico hacia su sitio web oficial.
¿Qué es lo que realmente copió ChatGPT?
Los documentos judiciales presentados ante tribunales neoyorkinos son contundentes. Señalan que “ChatGPT copió y sigue copiando a gran escala el contenido protegido por derechos de autor de los demandantes”. Este material habría sido usado tanto para el entrenamiento de los modelos de lenguaje (LLM) como para ampliar la base de conocimientos del chatbot.
El resultado, según la editorial, son respuestas que a menudo contienen “reproducciones, resúmenes o versiones casi textuales del contenido original”. La empresa reclama una orden para que OpenAI deje de usar sus obras y exige una compensación económica por daños y ganancias perdidas.
OpenAI, por su parte, respondió a la agencia Reuters defendiendo sus prácticas. Un vocero de la organización afirmó que sus modelos “impulsan la innovación” y que se entrenan con “datos disponibles públicamente”, cumpliendo con los parámetros de uso establecidos por la normativa vigente.
Un problema recurrente en la industria de la IA
Esta no es la primera vez que OpenAI enfrenta acusaciones de este tipo. La compañía, al igual que otras del sector como Anthropic (creadora del chatbot Claude), ha sido señalada en múltiples ocasiones por posibles violaciones al copyright.
El caso adquiere una visibilidad especial por la reputación y antigüedad del demandante. La Enciclopedia Británica publicó su primer volumen en el Reino Unido a mediados del siglo XVIII, siendo un referente histórico del conocimiento enciclopédico.
El vacío legal que define el futuro de la inteligencia artificial
El núcleo del conflicto reside en una zona gris de la ley. Según análisis de medios especializados como TechCrunch, aún no existe un precedente legal sólido que determine de manera definitiva si entrenar una IA con contenido protegido constituye una infracción en sí misma.
Un caso anterior contra Anthropic arrojó algo de luz. Un juez consideró que el uso del material para entrenamiento podía ser legal por su carácter provechoso. Sin embargo, la empresa terminó alcanzando un acuerdo extrajudicial por 1.500 millones de dólares, porque se demostró que había descargado ilegalmente millones de libros en lugar de adquirirlos legalmente.
Este precedente sugiere que el problema no sería necesariamente el entrenamiento, sino la forma en que se obtiene el material. La mera disponibilidad pública de un contenido en internet no autoriza su uso para cualquier fin, especialmente si de ello se derivan beneficios comerciales.
La demanda de la Enciclopedia Británica pone sobre la mesa una pregunta crucial para toda la industria: ¿de dónde sale y cómo se usa realmente la información con la que aprenden estos sistemas que están cambiando el mundo?