Encontraron una ballena muerta en la playa: por qué a veces no pueden sacarla del lugar

El protocolo para las ballenas que aparecen sin vida en las playas de Puerto Madryn ya define qué hacer con los restos, pero hay un punto que toca de cerca a los vecinos: qué pueden encontrar en la arena en los días siguientes y a quién avisar.

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Encontraron una ballena muerta en la playa: por qué a veces no pueden sacarla del lugar
Encontraron una ballena muerta en la playa: por qué a veces no pueden sacarla del lugar

La aparición de ejemplares sin vida en las costas de Puerto Madryn obligó a la Secretaría de Ecología y Protección Ambiental a armar un protocolo técnico y operativo que fija cómo evaluar cada caso, dónde intervenir y qué control hacer después. El documento, al que accedió ADNSUR, deja en claro que enterrar los restos no es una respuesta automática.

El texto establece pautas ambientales, sanitarias y de seguridad para actuar ante cada ballena que llega a la costa. Y advierte que la decisión de cómo disponer del animal debe tomarse después de un análisis caso por caso.

Por qué algunos ejemplares no se pueden mover

Fuentes consultadas por ADNSUR explicaron que varios de los ejemplares ya intervenidos eran de gran tamaño y no pudieron trasladarse hasta el punto de entierro. El peso y las dificultades del terreno impidieron retirarlos tanto por tierra como por agua, por lo que el enterramiento quedó como última opción. Las mismas fuentes mencionaron la zona de Paraná y las playas de Tamarisco y Cerro Avanzado.

Antes de decidir cualquier intervención, el protocolo indica que hay que identificar la especie, registrar la ubicación, estimar las dimensiones del animal y documentar en qué estado de descomposición se encuentra. También propone relevar las condiciones de acceso, las mareas y el entorno.

Cómo se elige el lugar para enterrar los restos

Para seleccionar el sitio, el documento recomienda priorizar áreas alejadas del alcance de las pleamares y de mareas extraordinarias previsibles, y evitar los sectores expuestos a erosión costera o escorrentía superficial. A eso se suma la evaluación de la estabilidad y permeabilidad del suelo, el nivel freático, la cercanía de cuerpos de agua, pozos y áreas inundables, y el acceso de la maquinaria.

La profundidad de la fosa y la cobertura de suelo deben definirse según las dimensiones del animal y las características del terreno. El documento no fija una medida única para todos los casos.

Qué puede pasar después del enterramiento

Las fuentes consultadas señalaron que, durante la degradación, pueden aparecer líquidos y gases, y que los sitios deben inspeccionarse a diario durante un tiempo. Por eso se espera que en los próximos días las autoridades locales publiquen el documento, para que los vecinos sepan cómo actuar si advierten la aparición de líquidos con aspecto sanguinolento: en ese caso deberán avisar a las autoridades para que revisen el lugar y repasen la cobertura.

El protocolo contempla el control de lixiviados y aclara que son parte de un proceso natural. Si el enterramiento se hace en un sector expuesto a escorrentías, prevé inspecciones periódicas, sobre todo después de lluvias intensas, y tareas para restituir la cobertura sedimentaria cuando sea necesario.

El texto también indica que la eventual llegada de lixiviados al ambiente marino no sería por sí sola un impedimento en playas alejadas del área urbana, siempre que no se identifiquen riesgos sanitarios específicos, afectación de fuentes de agua dulce o impactos significativos en sectores de uso público.

Un perímetro de seguridad de 100 metros

Ante la aparición de una ballena muerta, el protocolo establece que deberá delimitarse un perímetro de seguridad de al menos 100 metros, con acceso exclusivo para el personal autorizado. También contempla medidas de protección para evitar la exposición a tejidos, fluidos, gases y posibles enfermedades transmisibles.

En playas y sectores turísticos, el área deberá señalizarse para prevenir accidentes, sin mencionar expresamente la presencia del animal muerto, con el objetivo de evitar que se acerquen visitantes. Además, se prohíbe perforar el cadáver de manera improvisada para liberar gases: cualquier procedimiento de ese tipo deberá quedar a cargo de personal especializado.

Cada intervención tendrá que documentarse, incluyendo la ubicación, las características del ejemplar, su estado de conservación y las medidas adoptadas. El protocolo no reemplaza las autorizaciones ambientales y sanitarias correspondientes.

Qué se sabe sobre las muertes en Chubut

La implementación de este protocolo cobra especial relevancia en un contexto de preocupación por los casos registrados durante las últimas semanas en las costas de Puerto Madryn y Península Valdés. La discusión sobre cómo disponer los restos ocurre mientras continúan las investigaciones para determinar por qué murieron los animales, y los profesionales analizan por separado la mortandad de ballenatos y la de ejemplares juveniles y adultos.

Según anticipó ADNSUR, los investigadores trabajan sobre dos posibles causas, que corresponden a distintos grupos de animales y que todavía requieren estudios complementarios. En el caso de los ballenatos, los primeros análisis detectaron una bacteria asociada a la erisipela, una enfermedad que puede provocar infecciones generalizadas y comprometer distintos órganos. “Hasta ahora todas las muestras marcan esta bacteria que produce erisipela”, señaló un especialista, aunque aclaró que los resultados aún no son definitivos.

La segunda línea de investigación está relacionada con las muertes de ejemplares juveniles y adultos. En estos casos, las características observadas en los animales llevaron a estudiar una posible intoxicación por biotoxinas asociadas a la marea roja. Para avanzar en esa hipótesis, se enviaron muestras a un laboratorio de la Universidad Nacional de la Patagonia San Juan Bosco, en Trelew, y al Instituto Nacional de Investigación y Desarrollo Pesquero (INIDEP), en Mar del Plata. Los análisis permitirán conocer aspectos de la alimentación de los animales y determinar si existe presencia de sustancias tóxicas en sus tejidos.

En este escenario, la intervención de equipos especializados ante la aparición de un ejemplar muerto resulta fundamental para preservar las condiciones necesarias para la toma de muestras y contribuir a las investigaciones que buscan establecer las causas de mortalidad.

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