Ensayo con inhibidor de ureasa: cómo evitar que el nitrógeno se escape del maíz
Cada vez que se fertiliza con urea, una parte del nitrógeno se escapa en forma de amoníaco. Un ensayo del INTA Paraná probó una alternativa que reduce esas pérdidas a la mitad: el detalle de los resultados y qué significa para el bolsillo del productor.
Un trabajo de la Estación Experimental Agropecuaria (EEA) Paraná del INTA demostró que el uso de un inhibidor de la ureasa en la fertilización con urea puede reducir hasta la mitad las pérdidas de nitrógeno por volatilización de amoníaco en el cultivo de maíz. Los ensayos se realizaron a campo durante dos campañas consecutivas y los resultados ya están disponibles para los productores.
La volatilización de amoníaco es una de las principales vías por las que el nitrógeno aplicado como fertilizante se pierde antes de ser aprovechado por el cultivo. Para evaluar alternativas que reduzcan esas pérdidas, los especialistas del INTA compararon el comportamiento de la urea convencional con el de una urea tratada con un inhibidor de la ureasa (Limus®).
“El objetivo del trabajo fue evaluar las pérdidas de nitrógeno por volatilización de amoníaco a partir de la aplicación de urea con y sin inhibidor de la ureasa, y analizar su impacto sobre la respuesta a la fertilización nitrogenada en maíz”, explicó Anabel Gamarra, investigadora del INTA Paraná.
Dos dosis y condiciones favorables para la volatilización
En los ensayos se evaluaron dosis de 100 y 200 kilogramos de nitrógeno por hectárea, además de un tratamiento testigo sin fertilización. Las aplicaciones se realizaron luego de lluvias de entre 24 y 39 milímetros registradas durante los días previos, lo que generó niveles de humedad en el suelo considerados favorables para la volatilización. El espacio poroso lleno de agua alcanzó el 66% en una campaña y el 61% en la otra.
En Paraná, la urea convencional registró en ambas experiencias su mayor pico de volatilización entre el segundo y el tercer día posteriores a la aplicación. En cambio, la urea tratada con el inhibidor presentó un comportamiento más estable y menores pérdidas distribuidas a lo largo del período de evaluación.
Durante la campaña 2024/25, las pérdidas de nitrógeno por volatilización representaron entre el 14% y el 15% del nutriente aplicado con urea convencional. Con la urea tratada con inhibidor, ese porcentaje se redujo a entre el 6% y el 7%. La tendencia se mantuvo en la campaña siguiente y la diferencia fue aún más marcada: la urea convencional registró pérdidas de entre el 13% y el 20%, mientras que la fuente con inhibidor presentó valores de entre el 5% y el 6%.
Menores pérdidas, sin diferencias en el rendimiento
El estudio también analizó la respuesta productiva del cultivo. En este aspecto, no se detectaron diferencias estadísticas en el rendimiento entre las dos fuentes de fertilizante. Sí se observaron diferencias relacionadas con la cantidad de nitrógeno aplicada: los rendimientos registrados durante las experiencias oscilaron entre 5.277 y 11.915 kilogramos por hectárea, y la eficiencia de uso del nitrógeno fue mayor con la dosis más baja, independientemente de la fuente de fertilizante empleada.
“Los resultados muestran que la incorporación de un inhibidor de la ureasa permite reducir significativamente las pérdidas de nitrógeno por volatilización de amoníaco respecto de la urea convencional”, señaló Carolina Gregorutti, investigadora del INTA Paraná y directora del trabajo. Según explicó, los resultados aportan evidencia para optimizar el manejo de la fertilización nitrogenada, especialmente en sistemas productivos que presentan condiciones favorables para este tipo de pérdidas.
Una investigación que continuará
El trabajo se desarrolla de manera conjunta entre Profertil, el Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET), el INTA, la Facultad de Ciencias Agrarias de Balcarce y la Facultad de Ciencias Agrarias de la Universidad Nacional del Nordeste (UNNE). La investigación forma parte de la tesis doctoral de Anabel Gamarra y continuará con el análisis de las emisiones de óxido nitroso (NO). El objetivo de esta nueva etapa será ampliar la información disponible y contribuir al desarrollo de recomendaciones de manejo que permitan mejorar la eficiencia en el uso del nitrógeno y avanzar hacia sistemas de producción de maíz más sustentables.