Enseña robótica en Viedma, pero su plan de vida está a kilómetros de las aulas

Alí Carrasco aprendió robótica en el mismo lugar donde hoy da clases en Viedma. Pero hay un proyecto que empezó con dos personas y llegó a más de veinte, hasta que un detalle del terreno lo frenó todo. Qué busca ahora.

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Enseña robótica en Viedma, pero su plan de vida está a kilómetros de las aulas
Enseña robótica en Viedma, pero su plan de vida está a kilómetros de las aulas

Alí Carrasco da clases de robótica en Viedma Digital, el programa municipal que ofrece talleres de alfabetización digital, ofimática, robótica e inteligencia artificial. Pero su historia con la tecnología empezó del otro lado del mostrador: fue alumno del mismo espacio donde hoy enseña.

«Literalmente lo estudié donde lo estoy enseñando. Yo aprendí robótica Arduino en Punto Digital», recuerda. El programa, que luego fue absorbido por la ciudad y rebautizado Viedma Digital, hoy recibe a adultos y chicos con propuestas que van desde lo más básico hasta lo más avanzado.

Para Alí, el aula es una usina de experiencias. «A los niños les brillan los ojitos cuando construyen algo, lo encienden y se mueve», cuenta. Y agrega: «Hay gente que queda afuera del sistema porque no puede acceder a ese conocimiento». Por eso insiste en que los talleres acerquen la tecnología a través de la práctica, no de la teoría.

El resultado, dice, se mide en escenas cotidianas: «Cuando logran que algo que construyeron funcione, llaman a la mamá, le quieren sacar fotos, y cuando los vienen a buscar no se quieren ir».

Del aula a la tierra: el proyecto que busca otra forma de vivir

Mientras enseña robótica y modelado 3D, Alí trabaja en un proyecto que parece moverse en la dirección opuesta: la creación de una ecoaldea autosustentable. Se llama Ecoaldea Lamat y empezó a tomar forma en 2021, después de que realizara una formación en diseño de permacultura vinculada a la Ecovilla Gaia de Buenos Aires.

La idea inicial era armar un espacio comunitario para producir alimentos e intercambiar conocimientos. Arrancaron dos personas. Con redes sociales, entrevistas y reuniones, en menos de un año ya eran más de veinte integrantes trabajando en un terreno cercano a la recicladora de Viedma.

Allí hicieron trabajos de bioconstrucción, plantaciones y manejo del agua. Pero el proyecto se frenó: el agua subterránea tenía altos niveles de arsénico, el canal funcionaba solo una parte del año y el ganado suelto de los terrenos vecinos afectaba los cultivos. «Se volvió insostenible», resume Alí. Lamat, sin embargo, no desapareció.

Nuevas tierras, convenio con la universidad y un «laboratorio vivo»

Hoy el grupo busca acceder a tierras en la zona del IDEVI para desarrollar una comunidad agroforestal donde puedan recibir escuelas, estudiantes, investigadores y vecinos.

«Una ecoaldea viene a ser un mismo espacio residencial que combina bioconstrucción, energías renovables, tratamiento de residuos y agroecología», explica Alí.

En paralelo, el grupo trabaja en una propuesta de formación junto a la Universidad Nacional de Río Negro. La idea inicial es un curso introductorio sobre permacultura y, más adelante, proyectar una diplomatura cuando cuenten con un espacio para experiencias de campo.

«Buscamos armar una especie de laboratorio vivo, con participación de distintas carreras y áreas vinculadas con la agroecología, el ambiente y la producción», señala.

«Me preguntan de dónde vengo»: la identidad que sorprende

Alí nació y creció en Viedma, pero a los 18 decidió convertirse al islam y adoptar el nombre que lo representa. Muchas veces, cuenta, la sorpresa llega antes que la charla: «Me ven con la túnica, muchas veces con el turbante, y me preguntan de dónde vengo, me dan la bienvenida al país, me preguntan si conozco el mate».

En la capital rionegrina la comunidad islámica es pequeña, de cinco o seis personas, pero él asegura que no ha tenido problemas para integrarse. «A veces hay personas que se acercan con bastante grosería a transmitirte que no les gusta tu religión, pero son muchas más las que se acercan con genuina curiosidad e incluso sin entender, dejan en claro que te respetan».

Para él, el islam implicó una transformación personal que excede la vestimenta o la alimentación. «Todo pasa por mí como un préstamo y va a seguir de largo cuando yo muera», explica, al hablar de una filosofía basada en la transitoriedad y en la idea de hacer el mayor bien comunal posible durante la vida.

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