¿Qué encontró Anabel Albornoz al final de un camino que ni figuraba en los registros? La historia del cartero y la única palabra que le quedó, detrás de la mujer que murió en la ruta a Valle Fértil.
Anabel Sonia Albornoz tenía 52 años y una convicción que repetía como un mandato: "Los seres humanos estamos en el mundo para servir". La profesora de Música murió este sábado en un siniestro vial sobre la Ruta Provincial 510, en Valle Fértil, pero su historia quedó atada a las comunidades alejadas de San Juan que ayudó a visibilizar.
Durante años dio clases en los colegios Santa Rosa y Don Bosco. Desde el aula encontró una manera de ir más allá de las canciones y les transmitió a sus alumnos algo distinto: el compromiso con el otro.
El coro que se convirtió en recorrida solidaria
El punto de partida fue la unión de los coros de ambos establecimientos. El grupo crecía y cosechaba buenos resultados, pero a Anabel le faltaba algo. No quería que el talento de los chicos quedara en escenarios y actos escolares: buscaba que sirviera para transformar realidades.
Así, en 2006 empezaron las actividades solidarias y los viajes a parajes como Laguna Seca y Las Chacras. Allí conocieron de cerca las carencias de los pobladores, sobre todo la falta de servicios básicos y de transporte para emergencias sanitarias.
Una imagen la marcó: en Las Chacras, cuando alguien necesitaba atención médica, muchas veces había que trasladarlo en una carreta. Ese recuerdo se transformó en objetivo: conseguir una camioneta para que los vecinos no volvieran a pasar por lo mismo. Organizaron un gran concierto, destinaron lo recaudado a esa causa y, con el apoyo de Salud Pública, lograron avanzar. El vínculo con la comunidad, sin embargo, siguió creciendo.
La palabra "Mamá" y un viaje de un día
En otro de los recorridos apareció una historia que la intrigó. Un hombre había escrito su nombre en un acto y le había agregado una sola palabra: "Mamá". Anabel quiso saber por qué y viajó hasta Casas Viejas. Allí descubrió que un antiguo cartero había enseñado a leer y escribir a los pobladores durante sus recorridos. Cuando se jubiló, apenas conservaba una palabra de todo lo aprendido: mamá.
El trayecto les llevó un día entero y el lugar ni siquiera figuraba en los registros. Al ver las condiciones en que vivían sus habitantes, dieron aviso a las autoridades para que pudieran recibir asistencia.
Anabel sostenía que no hacían falta grandes recursos para ayudar, solo voluntad y compromiso. Muchas de esas actividades, contaba, salían del bolsillo de los propios integrantes del grupo.
La enfermedad y el emprendimiento que la reinventó
Su historia también tuvo una batalla personal. Un diagnóstico de enfermedad autoinmune la obligó a dejar la docencia. Lejos de quedarse quieta, buscó una salida para seguir adelante y generar ingresos para su familia.
Nació así Bichito de Luz, un emprendimiento de chocolates artesanales que desarrolló junto a su marido y sus dos hijos. En 2020, con 45 años, contó que llevaba seis años con el proyecto: elaboraba bombones y diseñaba sus propios envoltorios para ofrecer productos personalizados a restaurantes, colegios y eventos.
Había preparado incluso una línea especial para la Fiesta Nacional del Sol, inspirada en la temática de esa edición: "Evolución, lo que nos pasó nos hace más fuertes". Sus creaciones incluían referencias al eclipse, un dinosaurio, la grieta y Tere, la niña protagonista de la celebración.
El siniestro en Marayes
Este sábado 7 de noviembre, alrededor de las 6.50, Anabel circulaba en una motocicleta Voge de 300 centímetros cúbicos por la Ruta Provincial 510, en dirección de sur a norte.
A unos ocho kilómetros al sur de Marayes, en una curva, habría perdido el control del rodado. La moto se desvió hacia la banquina este e impactó contra el guardarraíl. La mujer falleció en el lugar.
En las primeras pericias, Criminalística no halló indicios que permitieran presumir la intervención de otro vehículo o de un tercero. El cuerpo fue trasladado a la Morgue Judicial para la autopsia correspondiente.
En la investigación intervienen los fiscales Iván Grassi y Roberto Ginsberg, junto a la ayudante fiscal Agostina Pérez, de la UFI Delitos Especiales.
Anabel encontró en la música una herramienta para enseñar y en la solidaridad una forma de dejar huella. Su historia quedó ligada a las comunidades que ayudó y a los chicos a los que les transmitió una enseñanza que resumía su manera de vivir: cuando se quiere, se puede ayudar.