Enseñó bajo un pindó, sin luz ni agua: 15 años después, su escuela tiene 154 alumnos y un detalle que la emociona

Roxana Acosta empezó a dar clases bajo un pindó, sin luz ni agua, y hoy está al frente de una escuela con 154 alumnos guaraníes. Pero hay algo que la descolocó y que no esperaba encontrar entre sus propios colegas.

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Enseñó bajo un pindó, sin luz ni agua: 15 años después, su escuela tiene 154 alumnos y un detalle que la emociona
Enseñó bajo un pindó, sin luz ni agua: 15 años después, su escuela tiene 154 alumnos y un detalle que la emociona

Roxana Acosta empezó a dar clases en 2011 bajo un pindó, sin electricidad y con el agua que traía desde un naciente junto a sus alumnos. Hoy dirige la Escuela Intercultural Bilingüe N° 956, una escuela núcleo con tres aulas satélites que reúne a 154 estudiantes de siete comunidades mbyá guaraníes de Misiones.

En el Día del Docente, su historia resume los desafíos de la educación intercultural en la provincia. Acosta trabaja desde hace 15 años en comunidades mbyá guaraníes y actualmente se desempeña como directora por la mañana y como maestra de grado por la tarde.

“Sí, exactamente, sería abajo de un pindó. Exactamente. Bueno, ahí empezamos desde el 2011 a trabajar. No había luz, no había agua, era de un naciente que traía el agua con los chicos. Después se hizo una construcción precaria de la comunidad”, relató la docente.

Con los años, aquella experiencia se transformó en la Escuela Intercultural Bilingüe N° 956, que funciona como escuela núcleo junto a tres aulas satélites. La institución alcanza a siete comunidades: Agua y Potí, Aguaray Miní, Isirí, Tacuapí, Renacer, Yvy Porá y Mbyty Porá.

Enseñar en dos lenguas, aprender de los chicos

La modalidad exige adaptar la enseñanza y la comunicación cotidiana. Los alumnos hablan mbyá guaraní, una lengua distinta al guaraní que se usa en Paraguay y en otras zonas de la región. Para Acosta, eso obliga a los maestros a convertirse en alumnos de sus propios estudiantes.

“Aprender de ellos para poder enseñar, adecuar el contexto donde ellos están para poder llegar al niño, contener al niño, que no es fácil y sobre todo que ellos se sientan importantes, que es la meta de cada lugar que tenemos nosotros acá en la 956”, expresó.

Durante los primeros años, la docente tampoco contaba con auxiliares indígenas y debió aprender palabras, pronunciaciones y formas de escritura junto a los chicos. Hoy la institución cuenta con auxiliares que participan del trabajo pedagógico y enseñan la lengua de las comunidades.

Acosta explicó que el crecimiento de la escuela respondió a la necesidad de garantizar condiciones adecuadas para el aprendizaje. En los inicios, las lluvias podían suspender las clases por falta de un espacio físico protegido.

“La verdad que es la necesidad de poder brindarle al niño un mejor lugar. Es la necesidad que tuvimos el primer día y creo que fue un desafío durante quince años”, señaló.

Actualmente, 154 chicos forman parte de la institución. Según contó la directora, cada comienzo de ciclo lectivo reciben útiles escolares y mochilas, además de desayuno y comida durante la jornada. Parte de esos recursos se sostiene con el acompañamiento de personas que colaboran como padrinos de las escuelas.

El orgullo que la tomó por sorpresa

Uno de los resultados que Acosta destacó especialmente ocurrió dentro del propio plantel educativo.

“Lo mejor que más me reconforta a mí es que el plantel docente se conforma con mis exalumnos, que es el mayor orgullo que tengo”, expresó.

La docente también destacó los aprendizajes que recibió durante estos años de convivencia con las comunidades. Mencionó especialmente la solidaridad entre los chicos y la costumbre de compartir incluso cuando los recursos son escasos.

“Ellos no tienen ni una forma de mezquindad. Ellos comparten una galletita con todo el grupo, festejan su cumpleaños, todo en forma general”, sostuvo.

Sobre el futuro de los estudiantes, Acosta planteó que uno de sus mayores deseos es que los propios integrantes de las comunidades ocupen progresivamente los espacios docentes y directivos de la institución.

“Un sueño, siempre digo, un sueño loco mío es que un día la 956, un director o un maestro, sean todos ellos y no nosotros que estemos ahí adentro, que sean propios de su comunidad”, manifestó.

En vísperas del Día del Docente, Acosta dejó un mensaje para quienes trabajan diariamente frente a las aulas.

“A todos mis colegas, que la verdad que es admirable en todos los contextos que estamos, un gran desafío. Como siempre digo, héroes con capas blancas que llegan al corazón de cada niño, que a veces lo más importante de enseñar o llevar conocimiento de nuestros proyectos es que uno tiene que creer en el niño para que ellos puedan creer en sí mismos”.

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