Entra al almacén, compra tres cosas y se va: el nuevo ritual que vacía las góndolas

Fernando Savore recorre almacenes desde hace cuatro décadas y conoce el rubro como pocos. Pero hay algo que ve ahora en las góndolas que no había visto nunca: el cliente entra, junta tres productos y se va sin mirar las ofertas. Su explicación, y el dato que más preocupa a los comerciantes.

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Entra al almacén, compra tres cosas y se va: el nuevo ritual que vacía las góndolas
Entra al almacén, compra tres cosas y se va: el nuevo ritual que vacía las góndolas

La pérdida del poder adquisitivo y el aumento del costo de vida están cambiando la forma en que los argentinos hacen las compras. Aunque el último índice de inflación informado fue del 1,9%, la desaceleración no se traduce en alivio para las familias ni para los almacenes de barrio, que ven caer sus ventas, afrontan más gastos para mantenerse abiertos y tienen cada vez más problemas para reponer mercadería.

Así lo describió Fernando Savore, vicepresidente de la Confederación General Almacenera a nivel nacional, en diálogo con FM 89.3 Santa María de las Misiones. Para el dirigente, el problema ya no pasa solo por cuánto suben los productos, sino por la distancia entre los precios y los ingresos de los trabajadores.

La "compra hormiga": pocos productos y ninguna oferta que tiente

Savore puso el foco en un fenómeno que se repite en los comercios de proximidad. "Lo que vemos es la presencia de la compra hormiga: cuando entra el cliente, compra los tres productos que necesitaba para hacer esa comida y se va. Ninguna oferta lo puede tentar, porque el dinero se acaba muy pronto", explicó.

El dirigente también cuestionó que el promedio general de la inflación refleje lo que pasa con los productos de la compra diaria. "Si uno evalúa de una punta a la otra los productos que vendemos en el negocio, tal vez quede en ese 2%, pero hay mercaderías que han aumentado casi el doble", advirtió.

Como ejemplo, mencionó los lácteos, que subieron un 4% durante el mes anterior. Según detalló, el rubro venía acumulando alzas del 2,5% en enero, 2,7% en febrero y 3% en marzo, hasta llegar a ese 4% mensual. En total, estimó un acumulado cercano al 16% o 17%.

"Entonces, contra el sueldo, que evidentemente en el año no aumentó eso, cada aumento, por más pequeño que sea, es una gota más que derrama el vaso económico del bolsillo del trabajador", sostuvo.

Para el representante de los almaceneros, la discusión de fondo es salarial. "El bolsillo del trabajador no da más. Acá lo que me parece que hay que discutir es el tema del salario. El salario está muy bajo y, evidentemente, también hay mucha falta de trabajo", remarcó.

Y advirtió que sin cambios de rumbo será difícil revertir el panorama: "Si acá no hay una discusión seria de paritarias o una reducción de impuestos, va a ser muy complicado que esto se dé vuelta".

Mirar la "micro" y la brecha entre primeras marcas y PyMEs

Consultado sobre el rumbo económico, Savore consideró que el ordenamiento macroeconómico debe complementarse con medidas que atiendan la economía cotidiana. "La macro, a veces uno no la ve, pero es parte también de un formato económico. Y que la hayan acomodado a mí me parece bien, pero ahora que la macro está un poco más acomodada, yo creo que hay que ponerle una mirada a la micro", expresó.

Esa mirada, según el dirigente, debe contemplar las diferencias de precios entre las grandes marcas y los productos de pequeñas y medianas empresas. "Hoy, en nuestros comercios, uno ve que las primeras marcas, las marcas conocidas, las que usted ve en la televisión, las que consumió durante toda su vida, son las que nunca titubean en poner un aumento, mientras las PyMEs tratan de sostener precios", afirmó.

En ese escenario, los productos de PyMEs pueden convertirse en una alternativa para los consumidores, aunque su llegada a distintos mercados depende de los costos de distribución. Savore recordó una experiencia en Misiones con pequeños productores de alimentos que ofrecían mercadería de buena calidad a precios accesibles, pero trasladar esos productos hasta Buenos Aires representaba una dificultad.

Pagar la luz o reponer la góndola: la encrucijada del almacenero

Los gastos para mantener los negocios abiertos también crecieron y reducen el margen disponible. Savore estimó que los costos operativos representan, como mínimo, alrededor del 20% de la facturación, aunque aclaró que el porcentaje varía según el tamaño del establecimiento y la cantidad de empleados.

Para graficar la presión cotidiana, relató las decisiones que deben tomar cuando coinciden las facturas de servicios con la necesidad de reponer productos. "Te llega la factura de la luz y decís: '¿Qué hago? ¿Pago la luz o repongo la mercadería que hoy no tengo en góndola?'", contó.

Según explicó, la falta de recursos obliga a priorizar gastos que deberían poder afrontarse al mismo tiempo. Y si el comerciante decide postergar una factura para mantener las góndolas abastecidas, corre el riesgo de acumular deudas y nuevos vencimientos. "Es trabajar con un bisturí", sintetizó.

Savore remarcó que mantener la mercadería disponible es clave para sostener la actividad y conservar a los clientes. "El capital más importante que tiene un comercio, primero, es su cliente y, segundo, la mercadería que trabajamos. No podemos estar desprovistos de mercadería", afirmó.

Sin embargo, ni el esfuerzo por buscar mejores precios entre mayoristas y distribuidores garantiza que quede un ahorro a fin de mes. "Uno trabaja todos los días, le pone muchas horas al negocio, recorre mayoristas, distribuidores, busca precios y, evidentemente, un ahorro tiene que quedar", señaló. Pero reconoció que esa posibilidad prácticamente desapareció.

El ahorro que ya no existe

La pérdida de la capacidad de ahorro es otro de los indicadores que Savore observa entre sus colegas. Muchos almaceneros siguen trabajando y cumplen con sus obligaciones, pero ya no logran generar un excedente para invertir o mejorar su situación.

"Yo hablo con colegas y todos dicen: 'Sí, trabajo, vivo, pago mis impuestos, como, voy al cine, pero ahorrar no hemos podido. Hemos perdido totalmente el poder del ahorro'", expresó.

El dirigente conoce el rubro desde hace cuatro décadas y amplió su propio negocio de 40 a 92 metros cuadrados. Recordó etapas en las que la actividad permitía progresar, comprar una vivienda, adquirir un vehículo y salir de vacaciones. Hoy el objetivo es otro: sostener la actividad y cubrir las necesidades básicas.

"Hay años que se han puesto muy pesados, como este, en los que uno tiene que renunciar a todo. Simplemente, venir a trabajar, sostener el negocio y vivir. Pero después de ahí, proyectar, comprar algo nuevo o ahorrar dinero no nos ha ocurrido", explicó.

También advirtió que la situación no afecta solo a los almacenes: mencionó cierres de establecimientos en los sectores panadero y kiosquero, que ya son de público conocimiento.

Almacenes que trabajan, consumo que no repunta

A pesar de las dificultades, Savore consideró que los comercios de proximidad mantienen una dinámica distinta a la de las grandes superficies. Según describió, los hipermercados muestran poca concurrencia de lunes a jueves, mientras que los almacenes continúan trabajando. Pero aclaró que esa actividad no implica necesariamente una recuperación del consumo.

Planteó dos posibles explicaciones. Por un lado, a diferencia de los períodos de inflación muy elevada, cuando las familias intentaban abastecerse rápido para evitar futuros aumentos, ahora los consumidores se muestran más tranquilos respecto del momento de hacer las compras. Por otro, la falta de dinero disponible lleva a muchas personas a elegir los comercios cercanos para resolver necesidades puntuales.

"Usted no va a ir a un hipermercado a perder una hora y pico de su vida para gastar 20.000 pesos, lo va a hacer en un comercio de proximidad", sostuvo.

En ese sentido, destacó que los almacenes mantienen una competencia importante dentro de su propio segmento, especialmente por la presencia de productos de PyMEs que buscan ofrecer alternativas más accesibles. Sin embargo, insistió en que la continuidad de las ventas no alcanza para garantizar la rentabilidad ni para recuperar la capacidad de inversión y ahorro.

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