Entraron a la escuela, se llevaron solo unos caños y dejaron un daño enorme
Tres escuelas de Corrientes ya sufrieron la misma modalidad: se llevan una pieza mínima, pero dejan el equipo entero inservible. El dato que explica por qué el negocio no cierra para nadie.
La Escuela Secundaria Apipé fue blanco de los ladrones de aires acondicionados. Se llevaron caños, cobres y cables de tres equipos, y de paso dos cestos de residuos plásticos. La denuncia quedó radicada en la Comisaría Novena, donde se investiga para dar con los responsables.
Lo que pasó en la Apipé no es un caso aislado. La semana pasada le tocó a la Industrial Bernardino Rivadavia, que ya había sufrido el mismo robo la semana anterior. También hubo un episodio en la escuela secundaria del barrio Ponce. Tres establecimientos, la misma modalidad y el mismo perjuicio para los chicos que asisten a ellos.
En los tres casos, los directivos coinciden en algo que llama la atención: los delincuentes se llevan una pieza mínima y el equipo entero queda inservible. A veces el daño no se advierte de inmediato, porque los caños están en la parte trasera de la unidad y nadie los revisa. Alguien va, enciende el aire y descubre que no funciona.
Un negocio que no cierra por ningún lado
Reponer lo robado significa un gasto extra para las escuelas y, en definitiva, para el Estado. En la práctica, son las cooperadoras las que tienen que salir a juntar el dinero para volver a climatizar las aulas.
Efectivos policiales consultados aseguraron que los montos que se obtienen por estos materiales son mínimos y que alcanzan, apenas, para financiar el consumo del momento. En algunas chacaritas, donde generalmente se hace el intercambio de este tipo de elementos, no supieron o no quisieron dar precios.
Los valores que se manejan en ese mercado ayudan a entender el desfase. El kilo de cobre se paga en una chacarita alrededor de 17.000 pesos. Los caños de un aire acondicionado pesan tan poco que, para juntar un kilo, habría que desvalijar unos 20 equipos. Del otro lado, reponer esos caños y contratar personal capacitado para la instalación ronda los 800.000 pesos por equipo.
Mientras tanto, las aulas de la Apipé tienen tres aires que no sirven y una denuncia que espera resultados. En la Industrial, los primeros días de septiembre, delincuentes vandalizaron y robaron caños de cobre de los acondicionadores. El hecho ocurrió en el establecimiento ubicado sobre avenida Teniente Ibáñez, donde en solo siete días destrozaron siete unidades de refrigeración. Personal del colegio confirmó que la reparación de los equipos demandará más de dos millones de pesos.
Qué se puede hacer para frenarlos
El robo de cables y caños de cobre de aires acondicionados es una modalidad delictiva en constante aumento. Los delincuentes vandalizan las unidades exteriores con el único objetivo de extraer el metal para su posterior reventa en el mercado informal. Este delito genera un daño económico devastador: mientras que los ladrones venden el kilo de cobre por valores bajos, la reposición de los materiales y la nueva instalación técnica puede superar ampliamente los 800.000 pesos por cada equipo afectado.
La problemática golpea con fuerza tanto a comercios y viviendas particulares como a instituciones públicas. En ciudades como Corrientes se reportaron múltiples saqueos en establecimientos educativos como la Escuela Técnica Bernardino Rivadavia y el Colegio Secundario Apipé, donde los equipos quedaron completamente inutilizados. El mismo escenario se replica en zonas comerciales de Córdoba, donde los delincuentes a menudo simulan ser falsos operarios para pasar desapercibidos.
Para proteger los equipos de climatización frente a estos robos, los especialistas en seguridad recomiendan implementar barreras físicas y tecnológicas:
- Jaulas de protección metálicas: cubrir por completo la unidad exterior con un enrejado de hierro robusto y candados de alta seguridad. Esto retrasa significativamente el accionar de los delincuentes.
- Cámaras de seguridad y monitoreo: instalar sistemas de videovigilancia orientados de forma directa a los equipos. En muchas ocasiones, los operadores de emergencia o centrales privadas logran frustrar los robos captando a los sospechosos en tiempo real.
- Sensores de movimiento exterior: colocar sensores volumétricos vinculados a una alarma monitoreada localmente. El disparo de una sirena suele ahuyentar al intruso antes de que logre cortar las conexiones de cobre.
- Instalaciones en altura o embutidas: siempre que sea viable, se aconseja colocar los compresores en techos elevados de difícil acceso o cubrir el tramo expuesto de caños y cables mediante canaletas metálicas blindadas.