Entró a una carpa del acampe de Madrid y lo que hizo desató una pelea en plena madrugada

Una joven de 22 años, una carpa en plena Puerta del Sol y un detenido de 26 años: la reacción de la víctima y de otro acampado derivó en una pelea que terminó con la policía adentro del campamento.

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Entró a una carpa del acampe de Madrid y lo que hizo desató una pelea en plena madrugada
Entró a una carpa del acampe de Madrid y lo que hizo desató una pelea en plena madrugada

Un joven de 26 años quedó detenido en Madrid acusado de agredir sexualmente a una mujer de 22 años dentro de una de las carpas del acampe de la Puerta del Sol, según informaron fuentes policiales. El episodio ocurrió durante la madrugada del domingo y sacudió a la protesta por la crisis de vivienda que ya lleva más de un mes en el corazón de la capital española.

De acuerdo con la versión policial, el hombre —cuya identidad no trascendió— se metió en una de las tiendas de campaña y habría abusado sexualmente de la joven. La mujer reaccionó de inmediato y eso hizo que el agresor se pusiera violento.

La pelea dentro de la carpa

En ese momento intervino otro joven que estaba en la misma carpa y que también le había reprochado su comportamiento. Entre los dos se desató una pelea. Después de que se alertara a la Policía Nacional, los agentes del cuerpo detuvieron al sospechoso cerca de las 6.30.

Hasta el momento, el detenido se encuentra a la espera de pasar a disposición judicial.

Una “ciudad” rebelde que cumple un mes

El caso ocurrió en medio de la acampada que desde hace más de un mes ocupa la Puerta del Sol. En pleno centro de Madrid se levantó una suerte de “ciudad” con tiendas de campaña, comedor, enfermería y espacios para asambleas, convertida en símbolo de la lucha por la vivienda, tema clave de las elecciones de noviembre.

“Hemos conseguido bastantes cosas, hemos conseguido adelantar las elecciones”, se congratula Marcos Navarro, un madrileño de 22 años que duerme en Sol desde el 27 de septiembre, un día después de que los manifestantes ocuparan la emblemática plaza.

Navarro, técnico de control de calidad en laboratorios, se refiere a los comicios generales adelantados al 29 de noviembre por el presidente del gobierno, Pedro Sánchez, luego de no lograr aprobar en el Congreso un paquete de medidas para facilitar el acceso a la vivienda.

El dirigente socialista respondió así a la ola de protestas generadas por el desalojo forzado de Maricarmen Abascal del apartamento en Madrid donde había vivido por siete décadas. La mujer de 87 años falleció poco después.

Maricarmen es recordada en un altar con velas y flores junto al mar de lonas verdes y azules que protegen de la lluvia y el sol a las hileras de tiendas, entre las que se abren “calles” bautizadas como “La Rabia” o “Abajo los Muros” y plazas dedicadas a la octogenaria o a Gaza, donde se celebran asambleas.

Comedor, biblioteca y enfermería: cómo funciona el campamento

“Es una micrópolis distópica moderna”, describe Sufian Ben, un antropólogo y bailarín de 32 años, mientras guía a la AFP para ver el comedor, la biblioteca, la ferretería —donde se ofrece material para reparar tiendas— y la enfermería.

“Hay enfermeros, hay doctores, hay psicólogos, hay trabajadoras sociales, nos vamos turnando”, explica Orlando Santander, un técnico sanitario de 42 años que interrumpe la entrevista para suministrarle a un joven una pastilla para el dolor de cabeza.

“Principalmente ofrecemos primeros auxilios” para tratar “porrazos” de policías, señala Santander, mientras doctores por la zona “han habilitado sus consultas privadas” para ver a “personas con cáncer”.

El gobierno no desaloja y la derecha presiona

El gobierno de Sánchez ha descartado desalojar el campamento, que irrita especialmente al alcalde de Madrid, el conservador José Luis Martínez-Almeida, y a la presidenta de la región capitalina, su correligionaria Isabel Díaz Ayuso.

“Van a matar todo el comercio del centro de Madrid. Pero no solo es eso, es la imagen de España ante el mundo”, ha declarado Ayuso, que intentó sin éxito obtener judicialmente el desalojo de la plaza y clausuró durante horas por “insalubridad” la concurrida estación de metro ubicada bajo las tiendas. También grupos de ultraderecha han intentado alcanzar la acampada, lo que ha sido impedido por la policía.

Algunos comerciantes comparten las críticas. Pedro Mora, propietario de una marroquinería cercana, asegura que su negocio ha perdido “un tercio” de la facturación por la protesta.

Otros negocios se solidarizan y permiten que los acampados usen su baño, incluso para bañarse, como es el caso de la librería feminista Mujeres. “Pensé en la menstruación, gestionarla en un espacio como la acampada, y rápidamente hice un cartel a mano” ofreciendo baño, “o cargar los móviles, o espacio de almacenaje” o para “venir a descansar”, asegura la dueña, Alba Varela.

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