Enviudó, entró a un centro de día "a hacer un trámite" y hoy espera los martes con ansiedad
Perdió a su esposa, cayó en un pozo del que no encontraba salida y un día entró al Centro Cuidar Ayacucho solo para hacer un trámite. Lo que encontró adentro lo sacó de ese lugar: hoy espera los martes y jueves con una ansiedad que no sentía hace años.
Ricardo Almada vive en la zona sur de Rosario y tiene una rutina que lo sostiene: los martes y los jueves va al Centro Cuidar Ayacucho, en Ayacucho 6317, donde funcionan las clases de Gimnasia y Canto Grupal del Caiam, el Centro de Actividades Integrales para Adultas y Adultos Mayores que depende del municipio.
Su historia no empieza en una sala de gimnasia. Empieza con una pérdida. "Hace varios años murió mi esposa y eso me tiró muy abajo", contó el hombre sobre el momento en que todo se apagó a su alrededor.
Fue ella, de hecho, quien frecuentaba el Centro Cuidar. Cuando falleció, Ricardo se acercó para pedir asesoramiento con unos trámites y se topó con algo que no buscaba: un grupo que lo recibió enseguida.
"Yo era como una radio apagada, que de repente empezó a sonar. Sólo faltaba que alguien tocara el botoncito y la prendiera. Eso me pasó acá", confesó.
De la tristeza al canto
Almada nació en Victoria en 1954 y desde los seis años vive en Rosario. "Acá hice toda mi vida. Soy un rosarino más. Acá sucedieron mis grandes cosas, de las buenas y de las malas", explicó.
El grupo del Caiam está compuesto por casi veinte personas, en su mayoría mujeres. Ricardo es, por ahora, el único varón. Y lo sabe: "Creo que hay menos hombres porque el hombre es más reacio a participar de estas cosas".
Él mismo era uno de esos. "Yo pasaba por la puerta y no entraba. Hasta que un día me cazaron del cogote y me dijeron venga pa'acá", recordó entre risas. "Y me quedé porque me encanta cantar".
Las clases están a cargo de los profesores Franco, en gimnasia, y Ernesto, en canto grupal. Con ellos el vínculo se fue armando con el tiempo. "Del profe me hice tan amigo que ha participado del cumpleaños de una nieta mía", contó.
Ernesto recordó esa anécdota: "Una vez hicimos el ejercicio de que cada uno escribiera una letra y entre todos compusimos la música. Y como Ricardo había escrito una canción para su nieta, se la fuimos a cantar en su cumpleaños". También cantaron en el cumpleaños número 80 de Perla, una compañera del grupo.
Chamamecero de ley
La música es el territorio de Ricardo. "Cantamos mayormente folklore: chamamé, zamba, chacarera", enumeró. "Alguna cumbia también, porque somos santafesinos y nos gusta la música. Menos ópera, cantamos de todo. Todo música popular".
Por estos días ensayan "Posadeña linda", de Ramón Ayala. Y el chamamé le toca una fibra especial: "Yo escucho chamamé y ya me empieza a temblar el cuerpo".
"Soy de Entre Ríos, chamamecero de ley, y me conozco a casi todos los músicos y cantores del género. Cuando tenía 17, 18 años, ya iba yo al Rancho de Ramón Merlo a bailar, así que, imaginate si seré chamamecero", agregó.
Su cantor favorito es Horacio Guarany. "Yo fui el primero del barrio en tener un equipito de música. En ese entonces se usaba el cassette, y Horacio Guarany brillaba desde las nueve de la mañana, que yo me levantaba los fines de semana, hasta las… ¡hasta toda la noche!", rememoró.
Fuera del centro también hay salidas: fueron a los Juegos Suramericanos, conoció el Museo Estévez y el grupo visita otras instituciones. "Hemos ido a cantar al Hospital Roque Sáenz Peña, a geriátricos", detalló.
"Acá te dejan ser"
Ricardo tiene hijos, nietos y bisnietos, y un presente que rearmó de a poco. "Tengo mis proyectos, mis cosas para hacer, y en eso mucho tiene que ver esta casa", dijo sobre el Centro Cuidar, que conoce desde sus inicios.
"A veces estamos esperando que llegue el martes, que llegue el jueves, para encontrarnos, para venir a cantar", contó. Y remarcó: "Estamos esperando esos días para venir a decir acá lo que no podemos decir en otros lugares".
"Acá si estás mal, tenés quien te consuele, tenés con quien hablar. Y si venís bien, contás todo lo bueno que te pasa", sostuvo.
Su recomendación es directa: "Yo recomiendo este espacio porque acá te dejan ser. Yo ni en mi casa puedo ser a veces. Porque ya soy viejo, ya soy grande, que ya no servís para esto o para lo otro, los hijos están grandes, casados, con sus problemas, y acá encontré un lugar para ser".
"Si yo supiera quién fue la persona que inventó estos grupos, la abrazaría, porque es algo que me cambió tanto la vida; me enseñó a hablar, porque yo era muy parco, de hablar bajito, y esto me sacó", aseguró.
Un espacio que elige la gente
Verónica Cortalezzi coordina el anclaje municipal en el sur de la ciudad desde hace años y sigue eligiendo ese lugar: "Todos los que estamos acá estamos eligiendo el lugar, que eso no es poco".
Para la coordinadora, lo que pasa con Ricardo es de ida y vuelta: "Esta alegría y estas ganas de venir que siente Ricardo, son mutuas, porque a nosotros también nos inyecta alegría y nos da pilas para seguir con lo no tan lindo".
"Este es un espacio hermoso, un lindo trabajo, en donde suceden cosas muy gratas y también cosas muy tristes. Pero todos estos encuentros, con el poder del encuentro que sucede aquí todos los días con cada una de las franjas etarias, realmente nos vitaliza", afirmó.
Cortalezzi destacó además el cruce entre generaciones: "Las generaciones acá se cruzan constantemente y de manera natural, sin forzarlo. Todas las franjas etarias están alojadas de la mejor manera".
El aula como refugio
Franco contó cómo son los encuentros: "Veinte minutos antes de la clase, bien temprano, ya están todos ahí, con una energía que contagia. Y también se genera un espacio de escucha, de acompañamiento, de amistad. Se ha armado un grupo súper unido".
Ernesto puso el foco en la confianza que se construyó puertas adentro: "El canto requiere de sacarse la vergüenza, de animarse, y el grupo genera la confianza para eso".
Y valoró lo que recibe a cambio: "No viene siendo un contexto fácil para los adultos mayores en general, y sentir que uno está aportando un granito de arena a su bienestar me llena mucho, además de que esta es una generación a la que le tengo mucha admiración".
"Es una generación que nos dio mucho como país, y siempre que ellos me van contando sus anécdotas, sus historias, yo aprendo y voy descubriendo muchísimo. Por eso estoy muy feliz de trabajar con adultos mayores", cerró.
Octubre, el mes de las personas mayores
El testimonio de Ricardo llega en octubre, el mes en que Rosario visibiliza los derechos de las personas mayores con la propuesta ¡Qué grande octubre!, que promueve su autonomía, independencia, participación e integración.
La iniciativa se enmarca en el Plan Mil65, una política pública municipal que acompaña las etapas más sensibles de la vida: desde la gestación hasta los 3 años y a partir de los 65. Para este último grupo prevé actividades y servicios en todo el territorio de la ciudad.
Durante el mes se despliegan obras de teatro, circuitos culturales, visitas y recorridos guiados, encuentros deportivos, clases de yoga y Tai Chi, actividades en espacios públicos, propuestas de participación ciudadana, talleres sobre vínculos y derechos sexo-afectivos, acciones de prevención y cuidado, y un festival de cierre.
La Red de Cuidados de la Municipalidad de Rosario está integrada, entre otras instituciones y organizaciones, por más de cuarenta centros Cuidar distribuidos en todos los barrios, con actividades para niñas y niños, jóvenes, mujeres, emprendedores y personas mayores.


