«Es como cargar un nene de 5 años en la cervical»: el dato que preocupa a los que pasan horas con el celular
¿Cuánto peso extra carga tu columna cada vez que agachás la cabeza para mirar el celular? Una kinesióloga y una psicóloga advierten que el cuerpo lo paga, y que los vínculos también.
El uso sostenido del teléfono celular dejó de ser un tema de conversación de sobremesa para instalarse como motivo de consulta profesional. Esa fue la conclusión central de la charla que la kinesióloga Betiana Venturucci, especialista en postura, y la psicóloga Silvana Pons brindaron en los estudios de InfoPico Radio, donde abordaron desde una mirada interdisciplinaria cómo la hiperconectividad golpea al cuerpo y a la salud mental de chicos, adolescentes, adultos y personas mayores.
La propuesta surgió, según Pons, de las inquietudes que ambas escuchan tanto en el ámbito profesional como en la vida cotidiana. «El teléfono celular hoy se ha vuelto un objeto absolutamente indispensable para un montón de cosas y nos cuesta ponerle freno», señaló la psicóloga, que remarcó la necesidad de tratar en conjunto las cuestiones del cuerpo y su lazo con la salud mental.
Todos mirando hacia abajo
El punto de partida fue una escena que ambas observan a diario en sus consultorios y en la calle. «Uno entra a una sala de espera y está todo el mundo mirando para abajo, desde un nene de 5 años hasta una persona de 40, 50, 60», describió Venturucci.
El peso real de la cabeza inclinada
Consultada por el llamado síndrome del cuello de texto (text neck), la kinesióloga fue precisa con los números: «La cabeza de un adulto pesa más o menos 5 o 6 kilos. Cada centímetro que inclino la cabeza hacia abajo aumenta el peso sobre mi columna cervical y dorsal».
Según detalló, la carga se concentra sobre todo en la última vértebra cervical y las primeras dorsales. «Es como si cargara un niño de 5 años en la cervical», comparó. El problema se agrava con el tiempo de exposición: mencionó casos de personas que registran más de 12 horas diarias de pantalla, de acuerdo con las propias aplicaciones de salud digital o bienestar que traen los teléfonos.
Venturucci aclaró que hoy el eje ya no pasa solo por hablar de «mala postura», sino de la postura sostenida en el tiempo. «Hablar de buena postura es movimiento, una columna funcional que no cause dolor. Con 3 horas de gimnasio a la semana no combatís el resto de los acortamientos musculares. Entonces yo le digo al paciente: cambiá de postura, cambiá».
Pausas activas: la receta más simple
La profesional insistió en una herramienta accesible y gratuita: la pausa activa. Entre las recomendaciones que acercó durante la entrevista, mencionó poner una alarma cada dos horas para cortar la actividad, pararse y movilizar el cuello y la espalda, cambiar de tarea o preparar un mate para romper la inmovilidad, y tomar conciencia del tiempo real de pantalla.
«Lo asimilamos y lo tomamos como normal porque no nos damos cuenta. Naturalizamos tanto que lo automatizamos», advirtió. También contó que recibe pacientes de 60 y 70 años con dolor cervical vinculado a juegos como el solitario o el Candy Crush: «Es súper adictivo».
«La mirada con el otro es irreemplazable»
Desde la psicología, Pons puso el foco en el debilitamiento de los espacios compartidos. «Hay personas que no tienen ni siquiera un espacio social en el mes», alertó, y aclaró que no se trata de grandes eventos: tomar un café, invitar a una amiga, charlar con el diariero o salir a caminar alcanzan.
«Los vínculos se sostienen con presencia. Y la presencia es la del cuerpo, la de la palabra y la de la mirada, no solamente la del texto», subrayó.
La psicóloga recordó cómo eran las reuniones familiares hace algunas décadas, cuando después de comer se jugaba al truco o al pichonario. «Ahora no solamente que se come con el teléfono, sino que cuando se termina de comer están todos mirando el teléfono», describió. Su propuesta es que en cada grupo haya alguien dispuesto a incomodar: «Invito a que haya uno que, aunque se le rían, diga: che, hermano, hoy hablemos».
Sobre las parejas que pasan una comida entera sin cruzar palabra, fue categórica: «No creo que esto lleve a una modificación de los vínculos, creo que lleva a un deterioro de los vínculos, que es diferente».
El problema de los límites y el ejemplo de los adultos
Uno de los puntos más debatidos fue cómo pedirle a un hijo que suelte el celular cuando los adultos tampoco lo hacen. «Es como escribir con la mano y borrar con el codo. Haz lo que yo digo, no lo que yo hago», graficó Pons.
Para la psicóloga, la clave está en ejercitar el límite propio: «Lo más difícil que nos pasa es que estamos imposibilitados de ponernos límites. No es todo o nada. Ojo, yo lo digo y a mí también me cuesta. No estoy acá dando cátedra de moralista».
Venturucci reconoció su propia dificultad con TikTok: «Mirás videos cortos que son todos boludos y te hacen matar de risa. Pasó una hora y decís: no puede ser. No somos conscientes del tiempo». Pons agregó que ese tipo de consumo «no requiere pensamiento crítico» y tiende «a la pasividad del cerebro».
Anonimato, agresión en redes y apuestas online
La conversación derivó en la violencia que circula en las redes sociales. Pons lo vinculó con la fuerza del anonimato y con la posibilidad de estar «sin el cuerpo en muchos lugares a la vez». «Uno dispara maníacamente, expulsa aquello que siente en muchos lugares a la vez. Con el cuerpo no podría», analizó.
La psicóloga diferenció además el texto de la palabra hablada: «Es distinto poner la voz y poner el cuerpo que poner el texto, aunque esté el nombre». En esa línea defendió la necesidad de desnaturalizar las agresiones y responderlas cuando ocurren en público: «Es un trabajo de hormiga. ¿Vamos a lograr algo? No lo sé, pero creo que la palabra es la herramienta que tenemos».
También hubo lugar para las apuestas online, un fenómeno que ambas asocian al mismo problema de fondo: el cuerpo quieto. «Antes había que subirse al auto, pagar un taxi, ir al casino, sentarse en la maquinita. Y un menor de edad no entraba», compararon. Hoy, todo ocurre desde la cama o el baño de una casa.
Trabajo interdisciplinario y una invitación abierta
Las profesionales coincidieron en la necesidad de que las distintas disciplinas de la salud trabajen articuladas. «Todos los profesionales de la salud deben derivar a salud mental cuando haya alguien atravesado por algo que no pueda manejar. Pero también sucede que hay personas que vienen al consultorio de salud mental y no son derivadas a donde deben atenderse otras partes del cuerpo», sostuvo Pons.
Venturucci sumó el ejemplo de los pacientes vestibulares, «muy ansiosos, muy panicosos», y la importancia de derivarlos a tiempo a psicoterapia o psiquiatría.
Antes de despedirse, Pons —que participó de una jornada para personas mayores en Médanos junto al especialista Ricardo Iacub— invitó a los oyentes a acercar propuestas: «Me interesa particularmente que la gente nos proponga temas que les interesa que podamos conversar». Ambas anticiparon que volverán a los estudios de InfoPico Radio en aproximadamente 20 días.