Escándalo por datos biométricos: la advertencia que nadie quiere escuchar

Una investigación por lavado de dinero destapó un riesgo enorme con los datos biométricos. ¿Qué pasa si caen en manos equivocadas?

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Escándalo por datos biométricos: la advertencia que nadie quiere escuchar
Escándalo por datos biométricos: la advertencia que nadie quiere escuchar

Una investigación por lavado de dinero que salpica a una funcionaria judicial reavivó el debate sobre el uso de datos biométricos. El caso expone un riesgo que afecta a los sectores más vulnerables y plantea una pregunta incómoda: ¿qué pasa con nuestra información más íntima?

El caso que encendió las alarmas

La maniobra, que involucraría miles de millones de pesos, habría utilizado datos biométricos de personas vulnerables sin su consentimiento. Esto volvió a poner en el centro de la escena un tema que muchos prefieren ignorar: quién accede a nuestros rostros, huellas o iris, y con qué fines.

Mientras una contraseña puede cambiarse o una tarjeta bloquearse, nuestra identidad biométrica es única e irreversible. Por eso, entregar ese tipo de información nunca debería ser un trámite más.

¿Tecnología al servicio de quién?

La tecnología puede modernizar el Estado y mejorar la vida de la gente. Pero sin controles claros, se convierte en una herramienta peligrosa: vigilancia, discriminación, fraude o suplantación de identidad son algunos de los riesgos.

El problema no es solo lo que se hace hoy con esos datos, sino lo que podría hacerse mañana si caen en manos equivocadas. Este caso debe ser una señal de alarma para discutir hasta dónde es razonable exigir información biométrica en actividades cotidianas.

¿Es necesario dejar nuestra huella para ir a trabajar?

Muchos sistemas de control de ingreso y egreso de trabajadores piden datos biométricos. Pero, ¿es realmente imprescindible cuando existen tarjetas, códigos o credenciales? No todo lo que tecnológicamente es posible debe aplicarse sin pensar en las consecuencias.

Desde ATE y CTA Autónoma de Río Negro, Rodrigo Vicente sostiene que la modernización debe ir acompañada de derechos. El Estado tiene la obligación de proteger a las personas frente al uso abusivo de la tecnología.

Reglas claras y soberanía sobre nuestros datos

Se necesitan reglas precisas: quién recopila los datos, dónde se guardan, por cuánto tiempo, quién puede acceder y qué pasa cuando ya no se necesitan. Pero hay algo aún más profundo: la soberanía sobre nuestra información personal.

Los datos de los argentinos no pueden ser una mercancía sujeta a intereses económicos. La identidad de una persona le pertenece solo a esa persona.

La propuesta es avanzar hacia una legislación más rigurosa y priorizar siempre la alternativa menos invasiva. No se trata de estar en contra de la tecnología, sino de decidir a quién sirve. Innovación con derechos, modernización con controles, seguridad con privacidad. Proteger nuestros datos es proteger nuestra libertad.

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