Escribió durante años sobre un poeta neuquino y lo que encontró la dejó sin palabras
Cecilia Rayén Guerrero Dewey pasó años investigando a Marcelo Berbel, el poeta neuquino que dejó más de mil trescientas poesías. El libro ya está en las librerías, pero hay un pasaje que la autora no puede leer sin detenerse.
Cecilia Rayén Guerrero Dewey acaba de publicar "Latido de la Patagonia", el libro que reconstruye la vida y la obra de Marcelo Berbel, el poeta y músico neuquino que dejó más de mil trescientas poesías y una huella imborrable en la cultura patagónica. La presentación se realizó el 16 de septiembre en el marco de la Feria Internacional del Libro de Neuquén, de la mano de Editorial Serial.
La autora venía madurando la idea desde hacía años. No fue un proyecto repentino: fue un trabajo empecinado, sostenido, que fue creciendo paso a paso. Rayén es una periodista joven que se animó a transitar un sendero difícil pero prometedor, y el resultado ya está a la vista en las librerías.
Un Berbel al desnudo
En las páginas del libro, Marcelo Berbel queda expuesto con una intimidad que respeta la historia. Es un desnudo envuelto en el pudor de quien sabe que detrás de cada anécdota hay un ser que cuenta, opina y recuerda al hombre detrás de las piezas icónicas del sonido de estas tierras.
La narrativa atrapa. Es difícil detenerse, hay que seguir y seguir como el camino que trazó el poeta para encontrarnos con un Neuquén más universal y, a la vez, profundamente íntimo. Los parajes, los pueblos, el desierto, los ríos y lagos, los verdes y marrones de la tierra, los coirones y los piñones aparecen representados en diálogos, personajes y familias que inspiraron a Berbel.
Su obra incluye más de mil trescientas poesías, muchas de ellas musicalizadas por él mismo en formatos como loncomeos, valses y tonadas, y también por distintos compositores, sus hijos y su nieto Traful. Esa obra fue el aliento y la inspiración para que Rayén la convierta en su libro.
"Los Berbel Arriagada comenzaron a tejer su historia en un lugar fundacional para Neuquén y la Argentina, y eso, para quienes venían de andar con raíces pero sin tierra, fue comenzar a una siembra a conciencia", dice la autora.
Versos que obligan a volver
Hay pasajes que obligan a releerlos como una suerte de péndulo interior que no quiere cesar. La carta de Milton Aguilar a su amigo es uno de ellos: la confesión de un sentimiento que, pese a las tormentas que atraviesan las relaciones cuando son verdaderas, sale a la superficie con lo mejor del humano en el tiempo de la amistad y la hermandad.
Berbel aborda una filosofía personal de la vida y sus andares con una sensibilidad que aflora en sus versos: "Cuando ya las aves se empiezan a oír/yo estoy perdido en la oscuridad de un mundo solo y febril/ Cómo duele pensar que me vaya de aquí sin siquiera ver el sol... Ay que solo se muere el minero ¿podré del lodo salir?, y partir mirando al cielo, allá no quiero morir". Otra vez el Berbel pegado al hombre del trabajo, al minero. La vida.
La profundidad de sus versos y su mirada sobre una realidad caliente como el sol irrumpen y sorprenden en temas como "Destino de ladrillero", "Alambrado de veranada", "El embudo" y "Amutuy", donde revela su cuna mapuche, su canto a la región en el contexto del país y el lugar que el hombre y la mujer de esta Patagonia reclaman y persisten.
"Mi política es celeste y blanca y mi patria son los mapuches", decía con orgullo. Berbel, la lengua de los ancestros, el golpe del cultrún, la sonoridad de los vientos en la trutruca y la pifilka, poesía y música tallada en su humanidad.
"Latido de la Patagonia" es un libro esperado y necesario, para poder digerir el arrebatado correr de este tiempo y entender el proceso que nos pone frente a un presente avasallador que puja en la contradicción que muestra el progreso. Es tierra y también asfalto, es agua y también petróleo. Es aquello que asoma en Berbel con la fuerza de un enorme poeta y que nos señala un camino de ida y vuelta, hacia adelante pero con la espalda cubierta por el makuñ, el abrigo que no falla.