Escribió un libro en 2012 y lo presentó recién ahora: el sanjuanino que revela el secreto de los baqueanos
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Escribió un libro en 2012 y lo presentó recién ahora: el sanjuanino que revela el secreto de los baqueanos

Escribió el libro en 2012, lo guardó 14 años y recién ahora lo presenta. Adentro, el sanjuanino que escaló decenas de cerros cuenta por qué dice que la cumbre no se mide en metros.

Federico Cantoni es programador universitario y docente informático, pero su vida transcurre tanto frente a una pantalla como entre paredes de roca y cerros aislados. De esa doble identidad nació El Guía y El Baqueano - Guía Vivencial del Montañismo, un libro que acaba de presentar aunque lo terminó hace 14 años.

“Mientras existan retos y dificultades habrá personas dispuestas a superarlos, algunos los llaman cumbres o cimas, algunos lo llaman vivir”, dejó escrito en el primer capítulo del volumen, que se presentó recientemente.

Un libro que esperó 14 años

El autor contó que el texto surgió como balance de su propia trayectoria andinista. “Este es un libro que escribí en el año 2012 como cumbre de mí actividad como andinista. Escalé varias paredes y subí muchas montañas, ninguna era marketinera, es decir, ni la más alta, ni la más difícil. Hice cerros lindos, cerros aislados, paredes desconocidas, cerros muy populares; y en un momento de mi vida hice un stop para ver cuál había sido mí logro más importante como montañista, me di cuenta que no había ninguna cumbre importante sino que había disfrutado al 100 % de todas las pequeñas cumbres y que había encontrado una filosofía detrás de eso lista para compartir”, relató Cantoni.

El apellido no es casual: pertenece a la familia que marcó la política y la vida sanjuanina desde la década de 1920 hasta la actualidad.

Su formación es tan variada como sus intereses. Es Programador Universitario y Docente Informático del nivel Técnico Superior. A la par, se capacitó como Instructor de Navegación FAY N1 de la Federación Argentina de Yatching, timonel de la Prefectura Naval Argentina, instructor de WingFoil WFO, Guía de Ecoturismo y Deportes Agrestes, Anfitrión Geoturístico por la UNSJ, Monitor de Escalada Deportiva del Andino Mercedario y Socorrista WFR.

Además, fue formador de la primera escuela de escalada en muro en Ausonia y colaboró en la creación de los primeros muros de escalada deportiva del Club Andino Mercedario. Más tarde abrió su propia empresa de turismo aventura, Barlovento Zonda, hoy enfocada en experiencias náuticas en los diques sanjuaninos combinadas con geoturismo y visitas a bodegas.

La montaña como espejo de la vida

El libro recorre su aprendizaje, sus vivencias y su vínculo espiritual con los cerros. Examina los riesgos, los objetivos y la superación personal en entornos naturales, y analiza los roles del montañista, el guía y el baqueano, con sus distintos modos de liderazgo y de conexión con el terreno.

Hay reflexiones sobre cómo armar la mochila, cómo elegir al compañero ideal y cómo decidir el camino. La tesis central: el verdadero valor de la montaña está en el proceso del viaje, no solo en alcanzar la cumbre.

También hay espacio para los peligros: los temporales y las adversidades extremas que ponen a prueba el carácter, transforman la mentalidad y obligan a enfrentar los miedos internos.

A través de relatos de expediciones y escaladas en primera persona, Cantoni llega a una conclusión: la montaña funciona como una analogía de la vida misma, una guía hacia la autocomprensión, la sabiduría y el crecimiento espiritual.

Guía y baqueano: dos formas de saber

Uno de los capítulos más importantes está dedicado a distinguir estas dos figuras del montañismo, a partir de su origen, su tipo de conocimiento, su rol y su vínculo con la montaña y con quienes los siguen.

Origen y formación. El guía es un profesional del montañismo formado técnica y académicamente, que se dedica laboral y espiritualmente a mostrar el mejor camino. El baqueano, en cambio, se integró al medio natural porque su vida cotidiana transcurrió en ese entorno.

Cómo transmite lo que sabe. El guía enseña de manera directa: orienta formalmente, responde preguntas y moldea la experiencia de los montañistas. El baqueano transmite de forma indirecta y solitaria; no da lecciones, se aprende de él observando cómo resolvió sus propios problemas en la montaña.

Qué tipo de saber tiene. El guía se apoya en conocimiento técnico, estudiado y medible, con una respuesta justificada para cada inconveniente. El baqueano maneja un saber empírico e intuitivo, basado en la vivencia directa del terreno y en la capacidad de leer huellas e indicios que el montañista común no percibe.

Compromiso y rol en la expedición. El guía asume un doble pacto, con la montaña y con sus seguidores, y trabaja formalmente para que cada uno alcance la cumbre por mérito propio. El baqueano responde a sus propios objetivos y, aunque a veces puede actuar como porteador o compañero de viaje, no ejerce la guía como una enseñanza profesional grupal.

Actitud ante el riesgo y la tormenta. Frente a un temporal, el guía confía en soluciones estudiadas y estructuradas. El baqueano contempla la tormenta con un respeto profundo y busca eludirla anticipándose a sus movimientos mediante la prevención.

Las máximas del montañista

El volumen condensa su filosofía en una serie de principios:

— Geográficamente, la cumbre es la mayor altitud de una superficie; para el montañista, es alcanzar su propio objetivo, el que está por encima de todos los demás.

— La cumbre es variable y no siempre coincide con la cima física de un cerro: para una expedición puede ser completar el cruce de la cordillera.

— La altura de una montaña no se mide en metros sino en la bienaventuranza que regala su cumbre.

— La cumbre se construye en la mente y en el proceso: la mente tiene que llegar primero, porque el hombre nunca llegó donde su mente no lo llevó antes.

— Subir un cerro no es lo mismo que hacer cumbre: se puede alcanzar la punta de decenas de cerros sin haber hecho cumbre de verdad, si no hubo conciencia del objetivo ni certeza plena del logro.

— Aunque el guía oriente al equipo a definir su meta, la cumbre siempre debe alcanzarse por mérito propio.

— El “síndrome post-cumbre”: alcanzar la meta genera dos emociones contrapuestas, la felicidad plena del deber cumplido y una crisis por la repentina ausencia de objetivo. Cantoni lo compara con el día después de graduarse de la universidad, cuando tras el festejo aparece la desorientación sobre qué rumbo tomar.

— La cima es el fin de un camino y el principio de otro más largo.

— La belleza de la cumbre no debe nublar el camino de regreso ni impedir el disfrute del trayecto.

— Una cumbre compartida es doble cumbre.

“Algo importante es que a este libro lo escribí cuando no existía la IA, así que para mí como Informático eso tiene doble valor”, aseguró el autor.

El libro puede descargarse de forma gratuita en este enlace: https://drive.google.com/file/d/1qt_PtPVbyHry0YO_c-iyHsUOETV3zyTh/view?usp=drivesdk

(Fuente: Destino San Juan)

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