Escribió una carta que desnuda lo que nadie quiere decir de Belén: "Mi enojo no es con esas familias"
Escribió una carta tras leer el descargo de las familias belichas por las peleas en Peñas Negras. Arrancó enojado con todos, pero a mitad de camino apuntó a otro lado: "Mi enojo no es con esas familias ni con esos jóvenes". Su mensaje sobre lo que nadie dice de Belén.
Un hombre que nació, vivió y trabajó toda su vida en Belén tomó el teclado después de leer en Facebook una carta de las familias belichas del norte sobre los enfrentamientos en Peñas Negras. La leyó con enojo, después con tristeza y terminó con desesperanza. Su texto, que circula en las redes, apunta a los verdaderos responsables de una pelea que, dice, ya lleva décadas.
El autor trabajó en Farallón Negro en los 90, después en Alumbrera y finalmente unos años en MARA. En veinte años de trabajo en el rubro, asegura, no recuerda un solo año sin esas peleas. "Es una historia de nunca acabar", escribió, citando el refrán.
Su enojo inicial fue con todos: con la situación, con la policía, con la comunidad indígena, con los gobernantes y con las empresas mineras. Pero después vino la tristeza. "Es tan triste, tan doloroso ver a los vecinos, a los parientes, a todo el mundo tirándose la bronca entre hermanos y hermanas", escribió.
"Mi enojo no es con esas familias ni con esos jóvenes"
El exminero aclara que comparte el pedido de las familias: mejorar la vida, tener algunas comodidades. Él mismo vivió esa vida dura que relata una madre en la carta original. "Yo entiendo a esas familias que quieren trabajo. Yo entiendo a esos jóvenes. Yo también fui joven", sostuvo.
Su enojo, dice, está dirigido a otro lado: "Mi enojo es con los que hace 30 años nos mantienen peleando por migajas, por las sobras que dejan los políticos que se llenan los bolsillos".
Y marca una diferencia con la carta que leyó en Facebook. Para él, los de afuera son los de otros países: "Los empresarios que llegan en aviones y se van en aviones". A los que andan en las 4x4 los define como "lacayos del gobierno", "peoncitos" que se quieren hacer los poderosos entre los que no tienen nada.
Treinta años de promesas y una vida que no cambió
El autor repasa las promesas que escuchó durante tres décadas. Vio pasar a los Saadi, los Castillo, los Jalil. "A todos los vimos, siempre prometiendo y llenándonos de palabras", recordó. Mientras tanto, la gente de Belén sigue con problemas para tener agua, trabajo, turismo, médicos en los hospitales y maestros en las escuelas que se construyen norte adentro y se van descascarando.
Reconoce que algunos lograron cosas gracias a la minera: se hicieron la casa, compraron una moto para el hijo, mandaron a los chicos a estudiar a la ciudad, consiguieron remedios y médicos para los abuelos. Pero el balance general no lo convence: "El pueblo sigue parado, trancado en los mismos problemas, los mismos conflictos, la misma sensación de que nunca salimos, nunca arrancamos".
"Nuestros pueblos son los pueblos de la espera. Belén siempre está esperando", escribió. Y sentenció: "Yo ya no creo más en eso. Los políticos no van a cambiar, las mineras tampoco".
El consejo a sus hijos y el otro Belén posible
Por eso intenta que sus hijos no vayan a trabajar a la minera como él. La discusión en la casa es difícil. Los chicos quieren su plata fácil, y además, dicen, la minera les da respeto en el pueblo. Él no lo comparte: "Eso no vale nada. Dura poco". Prefiere que trabajen dignamente en otra cosa: como docente, como ingeniero haciendo un buen puente, como abogado ayudando a los que necesitan.
Hacia el final, se solidariza con las familias: "Las entiendo, yo también quiero que les vaya mejor". Pero cree que se están dejando engañar. "Tal vez terminen entregando su identidad, su tierra, su montaña, lo más valioso que tienen, por muy poquito", advirtió.
Su sueño es otro Belén. Un pueblo que, dice, tiene todo para ser grande: la cultura, los músicos, los escritores, el poeta más grande de la provincia, el turismo de sobra, la ruta 40 y los festivales. "Belén es cuna del poncho, cómo va a vivir solo de la minería, no tiene sentido", se preguntó. "Otro Belén debería ser posible. Uno donde los vecinos no se anden peleando y la policía no ande pegando. El Belén grande que nos merecemos todos los belichos".