Escuchó su canto durante años en el patio, hasta que un limón le mostró al pájaro invisible
Quince centímetros, un canto que repite «PIIII-JUÍ» y un nido con entrada en túnel: así es el pijuí cola parda, el pájaro que Margarita Cervio escuchó durante años sin poder verlo. Un limón y una lluvia hicieron el resto.
Durante años, Margarita Cervio supo que el pijuí estaba ahí. Lo escuchaba cantar en el patio de su casa en La Pampa, conocía su voz de memoria, pero jamás había logrado verlo. Esta semana, un simple viaje al limonero para acompañar una milanesa cambió la historia.
La columna Menos Jaulas, que Cervio firma para INFOPICO.COM, relata ese encuentro con un ave que se niega a mostrarse. El pijuí cola parda (Synallaxis albescens) es un pájaro pequeño, de unos 15 centímetros, que pertenece a la familia Furnariidae. Sí: es pariente del hornero.
Un canto inconfundible, una silueta imposible
El pijuí es inquieto. Se mueve entre arbustos y pastos altos buscando insectos y arañas, y su canto es fuerte y repetitivo. Cervio lo describe clarito: «PIIII-JUÍ, PIIII-JUÍ».
La autora confiesa que le encanta imitar el canto de las aves, aunque admite que no le sale demasiado bien. Y siempre repite la misma escena: le pregunta a quien tiene al lado si escucha, si presta atención. La respuesta suele ser la misma: nadie registra el canto de los pájaros.
Identificar a los pijuíes tampoco es sencillo. Son muy parecidos al corana gris y es el canto el que los diferencia, aunque las vocalizaciones cambian según la ocasión. Para eso, Cervio se apoya en Gabriel Acevedo y Miguel Santillan, a quienes llama su «google personal» en materia de pajaritos marrones.
El limón, la lluvia y la cámara a mano
El encuentro ocurrió cuando salió al patio a cortar un limón. Ahí estaba el pijuí, por fin delante de sus ojos. Como si fuera poco, el ave se estaba secando después de la lluvia, lo que le dio tiempo a buscar la cámara y fotografiarlo.
«A veces pienso en cuántas cosas suceden a nuestro alrededor sin que las registremos», escribe Cervio. Cuántos pájaros cantan mientras almorzamos, cuántas historias transcurren entre las ramas de nuestros propios patios.
El nido túnel y la hipótesis de la víbora
El pijuí cola parda construye un nido cerrado con ramitas, muchas veces espinosas, y una entrada en forma de túnel.
Pero hay un dato que sorprende. El investigador argentino Roberto Straneck describió en 1999 la semejanza entre los sonidos de los pichones y el sonido de advertencia de una víbora de cascabel. Propuso que podría ser una forma de disuadir a los depredadores. Se trata de una hipótesis científica, aclara la columna, no de una defensa cuya eficacia ya esté demostrada.
La referencia aparece en la Revista del Museo Argentino de Ciencias Naturales: la semejanza acústica fue estudiada, pero su función antidepredatoria sigue siendo una hipótesis.
Dos invitaciones para escuchar
Cervio deja dos propuestas a los lectores: escuchar el canto del pijuí en grabaciones realizadas en iNaturalist y mirar dónde se registró esta especie en La Pampa. Después, invita a contar si alguna vez lo escucharon cerca de casa o en algún otro lugar.
«La naturaleza no siempre necesita que vayamos a buscarla. A veces alcanza con aprender a escucharla», cierra la autora, que se despide hasta el próximo finde con menos jaulas y más aves por descubrir, aunque no las veamos o estén entre una maraña de ramas.



