Escuelas en Catamarca: el reclamo desesperado de los docentes por edificios en ruinas
¿Hasta cuándo van a esperar? Los docentes catamarqueños denuncian escuelas en ruinas, sin tizas ni agua, y reclaman una intervención urgente que nunca llega.
La situación edilicia de las escuelas catamarqueñas se volvió insostenible. Docentes de toda la provincia alzaron la voz para denunciar el avanzado deterioro de los establecimientos y exigen una intervención urgente del Ministerio de Educación y Trabajo. Sin tizas, sin borradores y con techos que se caen a pedazos, los educadores aseguran que ya no pueden garantizar condiciones dignas para enseñar.
El reclamo no es nuevo, pero la paciencia se agotó. Los docentes afirman que las necesidades básicas fueron comunicadas en reiteradas oportunidades, pero las respuestas concretas nunca llegaron.
¿Qué es lo que falta?
La lista de carencias es extensa. Uno de los reclamos más recurrentes es la falta de elementos indispensables para el dictado de clases. “Este año no nos dieron tizas ni borradores”, confesó una docente, reflejando la precariedad que se vive en las aulas.
A esto se suma la ausencia de productos de limpieza básicos como lavandina y detergente. En muchos casos, son los propios docentes y las familias de los alumnos quienes compran estos insumos para asegurar un mínimo de higiene en las escuelas.
Infraestructura en estado crítico
El plano edilicio presenta un panorama desolador: baños sin agua, cerraduras y puertas rotas, vidrios quebrados, falta de iluminación y pizarras en mal estado o directamente inservibles.
Un caso que llama la atención es el de la Escuela Nº 76, donde las docentes tuvieron que pintar una pizarra sobre la pared porque la existente estaba partida y aglomerada. La creatividad se volvió una herramienta de supervivencia.
En otra institución, tras un robo, las puertas quedaron destrozadas y, ante la falta de reparación, fueron cubiertas con papel madera y contact para disimular los daños. Algunas de ellas, incluso, permanecen sin cerradura.
Filtraciones y techos que se caen
Las lluvias recientes expusieron otra problemática crítica: las filtraciones. Varias aulas quedaron completamente anegadas, como ocurrió en una escuela de Fiambalá, donde los docentes registraron fotográficamente el agua acumulada en el piso.
Las imágenes muestran puertas astilladas, techos y cerraduras rotas, pizarras pintadas sobre la pared y baldes colocados en medio del aula para contener el agua que cae del techo.
En el Jardín de El Bañado, la situación es aún más grave. Directivos y maestras vienen gestionando hace tres años la reparación del techo, que presenta agujeros a cielo abierto, sin obtener solución alguna hasta el momento.
Reclamos que se pierden en el tiempo
Los docentes subrayan que estas problemáticas no son nuevas ni desconocidas por las autoridades. Al inicio del ciclo lectivo, los equipos directivos elaboran informes detallados sobre el estado de cada escuela y los remiten a las autoridades competentes.
Además, durante el año se elevaron notas formales y se realizaron gestiones a través de comisiones de seguimiento con participación gremial. Sin embargo, todo parece caer en saco roto. “Se han seguido las vías institucionales, pero muchas veces no obtenemos respuesta”, manifestaron los educadores.