Esperó 15 años una casa y cuando la recibió soltó una frase que retumba en La Punta
Miles de familias en San Luis siguen esperando su casa propia con contratos de alquiler que se renuevan y golpean el bolsillo. Una vecina de La Punta acaba de atravesar ese camino y dejó una frase que muchos quieren escuchar, aunque el desenlace no es el que todos imaginan.
Teresa Marcela Díaz pasó quince años esperando una respuesta que parecía no llegar nunca. Ahora, con las llaves de su vivienda en La Punta, encara una etapa sin contratos de alquiler ni mudanzas forzadas.
La mujer había quedado inscripta en los planes 'Progreso' y 'Sueños' y, con el correr de los años, el anhelo se fue apagando. Este sábado, finalmente, la noticia que tanto aguardaba se concretó: tiene su casa propia.
“Hace 15 años que estoy esperando. Ya lo dábamos por perdido, pero tuve la bendición de Dios de que me dieran la casa”, contó con la voz quebrada, visiblemente emocionada.
Una vida de alquileres y valijas
Teresa vive en San Luis desde hace tres décadas. En todo ese tiempo, alquiló en distintos puntos de la provincia y, en más de una oportunidad, tuvo que hacer las valijas junto a sus hijos cuando eran pequeños porque el dueño le pedía que dejara la vivienda.
Esa rutina de contratos que vencen y cajas que se arman quedó atrás. La entrega de las llaves significa, para ella, cerrar un capítulo de preocupaciones y abrir otro con la certeza de un techo propio.
“Ahora me olvido de los alquileres, voy a pagar algo que es mío”, expresó la beneficiaria, que también tuvo palabras de agradecimiento para el Gobernador por acordarse de las familias que llevaban años aguardando una solución habitacional.
El mensaje para quienes todavía esperan
La historia de Teresa refleja la situación de cientos de familias que siguen aguardando su turno en los planes habitacionales. Su caso, después de tantos años, se convirtió en un símbolo de que la espera, aunque larga, puede tener un final.
Con la emoción a flor de piel, la mujer se prepara para instalarse en su nueva casa en La Punta y dejar de mirar el calendario con la angustia de una mudanza obligada.
