Esperó diez años para que su verdad llegara a un tribunal: la Justicia falló y él escuchó la sentencia en la sala
Una nena de Santo Tomé se animó a contar lo que su tío le hacía cuando quedaba a su cuidado. Diez años después, ya con 20, llegó el fallo: la jueza ordenó detenerlo en la misma sala y él escuchó la condena de pie. Lo que el expediente guardó durante esa década...
Una denuncia que parecía dormida en un expediente durante una década encontró respuesta esta semana en los tribunales de Santa Fe. Juan Diego B., de 53 años, fue condenado a nueve años de prisión de cumplimiento efectivo por los abusos sexuales que cometió contra su sobrina cuando ella era una niña en Santo Tomé.
La jueza Cecilia Labanca dio a conocer el fallo el lunes 28 de septiembre y ordenó que el hombre fuera detenido en el acto, en la misma sala de audiencias donde acababa de escuchar la sentencia.
La acusación estuvo a cargo de la fiscal Natalia Giordano, de la Unidad Fiscal Especial de Violencias de Género, Familiar y Sexual (Gefas) de la Fiscalía Regional 1. La defensa técnica la ejerció el abogado Ignacio Alfonso Garrone, mientras que la joven fue representada como querellante por el penalista Hernán Kovacevich.
El vínculo que lo hacía todo más difícil
El condenado es primo hermano del padre de la víctima, por lo que dentro de la familia todos lo trataban como su tío. Según la querella, los ataques se extendieron durante un período de tres a cuatro meses, en momentos en que la nena quedaba a su cuidado mientras sus padres trabajaban.
La calificación del fallo fue dura: abuso sexual gravemente ultrajante calificado por la guarda, en concurso ideal con promoción a la corrupción de menores agravada por encontrarse a cargo de la víctima y por su edad.
Kovacevich destacó lo que significó llegar al juicio oral: «Durante el juicio sostuvimos la importancia de valorar integralmente la prueba y, especialmente, de escuchar a quien siendo niña tuvo el valor de contar lo que había vivido».
Las amenazas que los obligaron a irse
El relato de la querella describe un calvario que no terminó con la denuncia. La nena había recibido amenazas para que no hablara. Con el tiempo, se animó a contarle lo que pasaba a su abuela, y fue ella quien alertó a los padres para que radicaran la denuncia.
Pero después de ese paso, según detalló el abogado, las amenazas se dirigieron también contra la familia. La situación los empujó a dejar Santo Tomé y radicarse en otro punto del país, cortando sus vínculos sociales y su vida cotidiana.
Las consecuencias sobre la salud de la joven fueron graves: atravesó secuelas emocionales y psicológicas que exigieron tratamiento médico continuo, además de crisis de ausencia y convulsiones.
“Los tiempos de la víctima no son los tiempos de la Justicia”
La querella había pedido 17 años de prisión, pero valoró la decisión de la jueza de ordenar la detención inmediata tras la lectura del fallo.
El paso del tiempo fue uno de los puntos que Kovacevich puso sobre la mesa. La víctima hoy tiene 20 años y esperó una década para que su caso llegara a un tribunal. «Los tiempos de la víctima no son los tiempos de la Justicia, pero detrás de este expediente hay una vida que no puede quedar atrapada en el paso de los años», sostuvo.
Y cerró con una reflexión sobre lo que significó este proceso: «La niña, hoy ya mujer, esperó diez años para que su verdad llegara a un tribunal. Hoy esa espera tiene una respuesta judicial. Porque el tiempo podrá pasar, pero la verdad no prescribe en la memoria de quien la sufrió: cuando una víctima encuentra el coraje para hablar, la Justicia tiene el deber de escuchar».
