Esperó tres años una familia y lo que encontró adentro de esa casa cambió todo

En Entre Ríos hay decenas de chicos esperando una familia y la mayoría de los postulantes busca un perfil que casi no aparece. La historia de Emily, adoptada después de tres años en una residencia, muestra qué pasa cuando esa distancia se rompe.

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Esperó tres años una familia y lo que encontró adentro de esa casa cambió todo
Esperó tres años una familia y lo que encontró adentro de esa casa cambió todo

Fernanda González y Gastón Sánchez, de Concordia, adoptaron a Emily, una nena con síndrome de Treacher Collins que llevaba tres años en una residencia. Su historia se conoció en el Día Nacional de la Adopción y expone una realidad que pocos ven: en Entre Ríos hay 95 chicos esperando una familia.

La pareja, de 45 y 47 años, trabaja en el área de Comedores Escolares de la provincia. Estaban inscriptos desde hacía varios años en el Registro Único de Aspirantes a Guarda con Fines Adoptivos de Entre Ríos (RUAER), con disponibilidad para niños de entre 2 y 6 años. Una conocida les acercó el enlace de una convocatoria pública nacional para adoptar a una niña con discapacidad y decidieron postularse.

El contacto llegó meses después. “En noviembre de ese mismo año, en plena pandemia, le enviaron un correo a Gastón para saber si seguíamos interesados en ella”, recordó Fernanda. Tras cinco entrevistas, viajaron a Paraná el 16 de diciembre. Pensaban que solo iban a completar documentación, pero ese mismo día los profesionales les propusieron conocer a Emily. “Cuando la vimos, nos derritió el corazón”, resumieron.

De la residencia a su nuevo hogar

La etapa de vinculación duró 16 días. La nena empezó a decir que no quería seguir en la residencia y la pareja planteó llevarla a Concordia para el cumpleaños de Fernanda. La respuesta del psicólogo los sorprendió: podían viajar juntos y regresar solo cuando los convocaran para completar los trámites de la guarda. “Nos pusimos a llorar y le decíamos a Emily: ‘Te vas a ir con mamá y papá’”, recordaron.

Al llegar a la casa, amigos de la familia habían preparado carteles de bienvenida y comida. “Hasta el día de hoy, casi siete años después, es todo muy natural. La convivencia con sus abuelos, tíos y amistades es maravillosa, como si siempre hubiese estado acá. Dios lo hizo todo perfecto”, expresaron.

Emily tiene síndrome de Treacher Collins, una condición genética que afecta el desarrollo de los huesos y tejidos del rostro, además de retraso madurativo y microcefalia. Va a la mañana a la Escuela de Educación Integral Nº 25 para Sordos e Hipoacúsicos “María Ana Mac Cotter de Madrazzo” y por la tarde asiste a terapias de apoyo. Se comunica con algunas palabras oralmente y también con lengua de señas. En abril de 2025 atravesó una primera cirugía mandibular y tiene prevista otra intervención. Más adelante podrían operarla de oído y paladar.

Sus padres destacaron los avances: “No hay nada en lo que digamos ‘no se puede con Emily’. Se supera todo el tiempo y avanzó muchísimo en su autoestima. Es muy segura de sí misma. Nosotros le decimos: ‘Siempre con la cabeza en alto. Vos podés’”. Fernanda reconoció que al principio dudó: “Me preguntaba: ‘¿Será que podré ser mamá de Emily?’. Vino a casa con 6 años y usaba pañales, y en un año dejó todo. Fue tan sencillo porque era para nosotros”.

Un sueño antes de conocerla

La historia familiar tuvo antes una pérdida. Hace 12 años, Fernanda y Gastón tuvieron a Felipe, un bebé prematuro con mielomeningocele que murió a los seis días de nacer. Tiempo después, Gastón soñó que Dios le hablaba y le decía que iban a tener una nena que se llamaría Emily. Durante la última entrevista individual, preguntó si podían revelarle al menos la inicial del nombre de la niña. Le respondieron que empezaba con E. “Tiré un par de nombres hasta que me acordé del sueño y les dije: ‘No me digan que se llama Emily’. Se miraron entre ellos y me respondieron que sí. Me quebré, les conté el sueño y ellos también lloraron”, recordó.

La pareja consideró que la llegada de su hija les permitió reconstruir su proyecto familiar. Hoy, además, están en proceso de adopción de otra nena de 2 años y 7 meses, que se encuentra en instancia de guarda. “Después del fallecimiento de nuestro hijo, nuestra casa era gris. Ahora convivimos con dos niñas hermosas y sabemos que tenemos que levantarnos por ellas. En nuestra casa hay flores y juguetes tirados”, expresaron.

“Que se animen a anotarse”

Fernanda y Gastón alentaron a otras personas interesadas en adoptar a iniciar el procedimiento y participar de las instancias propuestas por los profesionales. “Que se animen a anotarse y que vayan a todas las reuniones a las que los citen”, recomendó Gastón. Y Fernanda agregó: “Si tienen amor, están salvando una vida. Los animamos a que sigan el proceso, cada paso que les indiquen los profesionales, sin ser impacientes. Mientras tanto, que vayan proyectando y soñando”.

Las estadísticas del RUAER indicaron que 95 niños y adolescentes esperan una familia en Entre Ríos. Del total, 61 tienen entre 0 y 12 años y otros 34, entre 13 y 17. La mayoría supera los 8 años. Además, 33 de ellos —cerca del 35%— poseen Certificado Único de Discapacidad y otros presentan diferentes situaciones de salud.

La secretaria del RUAER, María Silvana Spais, explicó que el principal inconveniente no es la cantidad de postulantes, sino la distancia entre la disponibilidad adoptiva de los adultos y las características de quienes esperan una familia. “Hay más postulantes que niños, pero sucede que no coinciden los perfiles. Existe una gran distancia entre el deseo con que se inscriben los adultos y la realidad de los chicos que están esperando”, señaló. Más del 90% de las personas con un legajo en trámite busca adoptar niños de hasta 3 años. La disponibilidad disminuye cuando se trata de chicos mayores, grupos de hermanos, personas con discapacidad o con problemas complejos de salud.

Spais explicó que la adopción todavía está atravesada por diferentes concepciones sociales y prejuicios. “Apostamos a que no es el derecho de los adultos a tener un hijo, sino que, a través del deseo de ellos, podamos garantizar el derecho de los niños y adolescentes a tener una familia”, sostuvo. Respecto de la discapacidad, señaló que el organismo trabaja con los postulantes para explicar que muchas situaciones pueden mejorar con los apoyos adecuados. “En un ámbito familiar y con una mirada singular, pueden acceder a otras oportunidades que tal vez no tendrían en una institución”, indicó.

El RUAER organizó talleres específicos para acompañar a los potenciales adoptantes y firmó un convenio con el equipo de extensión de la Facultad de Trabajo Social especializado en discapacidad y salud mental.

Convocatorias públicas e inscripción

El Registro incorporó hace algunos años las convocatorias públicas. Esta herramienta se utiliza como última instancia cuando no se encuentra una familia adecuada dentro del sistema provincial ni en los registros de otras jurisdicciones. “Estas convocatorias son complejas porque se juega cuánto se dice del niño para preservar su intimidad y su derecho a la identidad, y cómo las personas que puedan identificarse con el caso pueden inscribirse”, explicó Spais. La funcionaria destacó que algunas búsquedas de familias para niños con discapacidad pudieron resolverse mediante ese procedimiento.

La última instancia de inscripción del año se abrirá en noviembre. Las consultas pueden realizarse de lunes a viernes, de 7 a 13, a los teléfonos (0343) 4209575 y 4209576, o por WhatsApp al 549 343 5329475. También está disponible el correo [email protected] y las cuentas @ruaer_mpd en Instagram y Registro de Adoptantes de Entre Ríos–RUAER en Facebook.

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