Eugenio Zanetti volvió a Córdoba y reveló el fantasma que lo persigue desde la infancia
Eugenio Zanetti volvió a Córdoba después de décadas en Hollywood y, entre recuerdos del tranvía 1 y el barrio Argüello, reveló cómo la memoria de su infancia terminó metida en una de sus películas más famosas. La muestra que presenta se puede visitar gratis, pero hay un detalle de su carrera que pocos conocen.
El artista cordobés Eugenio Zanetti regresó a su provincia natal para presentar la muestra antológica “El hombre que habita muchos mundos”, impulsada por Bancor en el Museo Tamburini. A sus 79 años y con más de seis décadas de trayectoria internacional, el único cordobés galardonado con un Premio Oscar —por la dirección de arte de Restauración (1995)— dialogó con Canal 10 sobre sus raíces, la memoria y el esfuerzo como motor de la vida.
Al recorrer la ciudad y rememorar sus años de juventud entre el centro y barrio Argüello, Zanetti subrayó el peso de las vivencias tempranas en cualquier desarrollo creativo. “La infancia es crucial en el trabajo de un artista, de alguien que hace trabajo artístico, porque ahí están las semillas de todo”, aseguró.
La nostalgia lo llevó directo a su etapa escolar: “Yo miro un cuadro y te puedo decir de dónde viene ese cuadro en mi infancia, de dónde sale... Dónde iba el tranvía 1 cuando yo iba a la escuela secundaria en el Normal Superior... Yo me levantaba y venía el tranvía 1, que es como el fantasma del tranvía 1”.
De Córdoba a Hollywood: cómo la memoria se cuela en sus obras
Esa huella cordobesa, según explicó, lo acompañó de forma permanente a lo largo de su carrera por los escenarios de Hollywood y los grandes teatros líricos del mundo. “A mí en Buenos Aires me gustaban mucho, en el Centro Naval, unas puertas increíbles de bronce que hay ahí. Pasaron, no sé, 40 o 50 años a la película Restoration, e hice esas puertas. Hice puertas que después dije: ‘Estas son las puertas del Centro Naval en Buenos Aires’. Entonces todo se almacena en uno y después lo usás, lo cambiás, modificás”, relató para graficar cómo opera la memoria en sus producciones.
Al referirse a la selección de obras y objetos que integran la exposición —que podrá visitarse con entrada libre y gratuita hasta enero de 2027—, el creador enfatizó que lo esencial del arte reside en el esfuerzo cotidiano más que en la pretensión personal. “Es bueno que la gente vea el trabajo, sea bueno o sea malo. El trabajo es el centro de todo, es el trabajo. Yo soy un buen trabajador”, afirmó.
Zanetti citó una enseñanza que lo marcó recientemente: “Leí con asombro hace muy poquito una frase del profeta Mahoma, que le preguntan ‘¿Qué es el trabajo, profeta Mahoma?’ y él dice: ‘Yo soy un trabajador’. No me estoy comparando con el profeta, pero yo también soy un trabajador en un nivel infinitamente menor. Pero me pareció que esa frase era increíble, que alguien que vivió hace 1.000 años diga algo tan cotidiano”.
En esa misma línea, el escenógrafo reflexionó sobre el sentido profundo que encierra cada disciplina plástica: “Lo que uno ve cuando mira un cuadro o una escultura no es la verdadera escultura: está abajo, adentro, atrás. Es la búsqueda de algo”. Para sintetizar este concepto, acudió a la clásica leyenda en torno al genio renacentista: “Hay una famosa historia que por supuesto es apócrifa, en la cual Miguel Ángel en un momento dado siente que le da un golpe a la estatua hiperrealista de Moisés y le dice: ‘¡Habla!’. Como que es una buena leyenda, pero de alguna manera es eso: el trabajo es agarrar el material en bruto y hacerlo algo más cercano a los seres humanos”.
La vida como una obra en tres actos
El realizador utilizó una metáfora teatral para describir este presente de reencuentro con el público local. “El primer acto... se establece un conflicto, porque la vida es conflicto. En el segundo acto se desarrolla, uno entiende, conoce. Y en el tercer acto hay que resolverlo, tiene que estar resuelto. Y no es un final feliz, pero tiene que estar resuelto el conflicto. Si no, nos quedamos a mitad de camino, no es satisfactorio. Y la felicidad es el objetivo”, concluyó el maestro.
La exhibición propone un diálogo inmersivo entre las creaciones de Zanetti y la arquitectura del histórico edificio diseñado por Francisco Tamburini, y reúne pinturas, el primer óleo de su juventud, utilería cinematográfica, maquetas, homenajes a su estatuilla de la Academia y vestuario original de la ópera Don Carlo presentado en el Teatro Colón.
La muestra se puede recorrer de lunes a viernes, de 9 a 16 horas, en San Jerónimo 166.