Europa pone una fecha límite y el Norte argentino ya sabe que puede quedar afuera
La prórroga que el campo venía estirando vence en diciembre de 2026 y, si no hay otra, desde enero la carne que entre a la Unión Europea deberá certificar que no salió de un predio deforestado. El problema: la dirigente Marina Biscay advierte que en el Norte esa certificación es casi imposible de cumplir y que la cadena se pide hacia atrás, hasta el criador que nunca exportó.
La Unión Europea avanza con una exigencia de certificación de libre deforestación que, según la dirigente ruralista Marina Biscay, deja en desventaja a las provincias del norte del país. La medida alcanza a la carne, pero también a la miel, el cuero, los granos y la madera.
Biscay, presidenta de la Sociedad Rural de Presidencia de la Plaza, habló con Agroperfiles Radio y puso el foco en un requisito que el bloque europeo pretende aplicar a los productos que compra en el exterior: certificar que salieron de predios que no fueron deforestados.
La dirigente sostuvo que el sector está en alerta por los requerimientos de certificación que exige la Unión Europea para el ingreso de productos. Y aclaró que la medida no se limita a la carne: también abarca la madera, la miel y los granos. Es una situación que, según dijo, se arrastra desde hace años.
Una exigencia que el Norte no puede cumplir igual
Para Biscay, la exigencia es injusta con las producciones del norte argentino. “Todo el norte queda discriminado porque para nosotros es muy difícil entrar en esa certificación teniendo que producir en las condiciones en las que nosotros estamos, donde hay montes, donde hay leñosas, donde hay especies que son como invasoras que tenemos que vivir luchando contra eso para poder ser más productivos, tener un campo más productivo”, expresó.
La dirigente explicó que hoy producir requiere un manejo más eficiente de los establecimientos. “Ya no era más como antes, que uno podía tener la hacienda en pasturas naturales. Ahora hay que hacer pasturas, hay que ser eficiente, los impuestos son altos, los costos son altos, entonces nosotros no podemos darnos el lujo de no producir con eficiencia. Entonces estamos en esa disyuntiva”, concluyó.
Prórrogas que se acumulan y una fecha que asoma
Según indicó Biscay, el proceso comenzó en 2023 y desde entonces se vienen consiguiendo extensiones por la dificultad de cumplir con las exigencias europeas. “Los mercados a los cuales ellos les compran no están en condiciones de poder estar dentro de ese marco de requerimientos de la resolución 11/15”, sostuvo.
La dirigente recordó que hubo prórrogas en junio de 2023, diciembre de 2024 y diciembre de 2025. La actual vence en diciembre de 2026. Si no se logra una nueva extensión, a partir de enero las carnes argentinas que ingresen a la Unión Europea deberán contar con una certificación de libre deforestación.
La cadena completa, de la vaca al frigorífico
Biscay advirtió que los requerimientos podrían afectar a toda la cadena productiva, incluso a quienes no exportan directamente su mercadería. La exigencia apuntaría a certificar la trazabilidad completa del animal, desde su nacimiento hasta su llegada al frigorífico exportador.
“Lo que pediría la Unión Europea es que nosotros certifiquemos la trazabilidad, o sea, todo el circuito, todo el caminito que hace el animal desde que nace. El comprador se lo pide al frigorífico exportador, el exportador al recriador, al feedlotero y este al criador productor. Es una cadena que va hacia atrás”, explicó.
El objetivo es certificar que el animal, la madera, el carbón o la miel provengan de un establecimiento que no haya sido deforestado desde 2020 en adelante. Por eso remarcó que la medida no alcanza solo a quienes venden al mercado europeo, sino que puede llegar a todos los eslabones de la producción.
“Uno puede decir: ‘Yo soy productor, no tengo nada que ver’. Pero pueden llegar a pedir para atrás”, advirtió. Y consideró que el requisito podría convertirse en una condición para comercializar la producción, con consecuencias sobre su valor y las posibilidades de venta.
“Es una medida para la cadena de Europa y para nosotros es una medida condicionante, porque te pueden decir: ‘Bueno, no tenés certificado’. Como en su momento fue la trazabilidad: si no tenés los terneros trazados, valen menos; los trazados valen más. Bueno, vos tenés certificado para vender a la Unión Europea, te pago esto, o solamente compro hacienda que tenga esta certificación en toda la cadena. Si no, no me interesa”, planteó.
Qué es el VISEC y cuánto costaría
Biscay aclaró que el VISEC es una de las certificadoras privadas disponibles y que su nombre tomó mayor relevancia por haber sido mencionado desde el IPCVA. Sin embargo, indicó que los productores pueden recurrir a otras entidades certificadoras. Y señaló que todavía existen interrogantes sobre los costos que implicaría el sistema.
“Queremos saber qué costo tiene, qué costo tendría en caso de que hubiese que pagar. Tenemos como un gran signo de pregunta respecto de eso. ¿Qué pasa? ¿Cuánto tenemos que pagar por animal? ¿Cómo es?”, expresó.
Los datos que pide el sistema
Otro de los aspectos que genera preocupación es la información que se solicita para realizar la certificación. Según detalló, el sistema releva datos del establecimiento, la identidad de sus propietarios, los CUIT de las personas o razones sociales involucradas, la georreferenciación, la ubicación y el mapeo del predio.
En ese marco, la dirigente ruralista puso el foco en el valor que tienen actualmente los datos personales y empresariales. “Todos sabemos la importancia, el valor que tiene recabar datos hoy en día, lo que valen los datos de las personas, de las empresas. Entonces, por eso a veces uno dice: ‘Bueno, ¿hasta qué punto tengo que poner todos mis datos acá?’. No tengo por qué ocultar nada si estoy dentro de la legalidad, pero nos queda un gran signo de interrogación”, concluyó.