Exodo silencioso en la FAUBA: la fuga de cerebros que pone en jaque el futuro de la agronomía argentina
Una de las facultades más importantes del país sufre una hemorragia de talento que podría cambiar todo. ¿Qué está pasando dentro de la FAUBA y por qué los expertos advierten que es solo el comienzo de algo mucho más grande?
La Facultad de Agronomía de la UBA enfrenta una crisis sin precedentes que amenaza su funcionamiento. La renuncia masiva de 83 docentes e investigadores enciende alarmas sobre la continuidad de las actividades académicas y científicas de cara al ciclo lectivo 2026. Este fenómeno no es aislado y es visto como un nuevo capítulo de la crisis en el sistema universitario público.
El dato escalofriante se complementa con bajas en el personal nodocente y un aumento sostenido en los pedidos de jubilaciones anticipadas. Este panorama configura un debilitamiento estructural en una de las casas de estudio más prestigiosas del país, poniendo en riesgo su legado y capacidad operativa.
¿Quiénes son los que se van y por qué?
La decana de la facultad, Adriana Rodríguez, alertó sobre la gravedad de perder capital humano de alto nivel. No se trata de cualquier personal: son profesionales con formación de posgrado y amplia trayectoria en investigación, muchos con reconocimiento internacional.
La razón principal es económica. Los salarios acumulan una caída del 34% desde noviembre de 2023, según datos institucionales. Esta erosión de los ingresos hace insostenible continuar una carrera académica en el país para muchos. Ante esta realidad, optan por llevar su talento al exterior.
El reclamo urgente a las autoridades
Frente a este escenario crítico, la Universidad de Buenos Aires ratificó la emergencia salarial y presupuestaria para el ejercicio 2026. Elevó un reclamo formal al Poder Ejecutivo nacional solicitando la aplicación inmediata de la Ley de Financiamiento de la Educación Universitaria (Ley 27.795).
Consideran esta ley clave para revertir la situación. El pedido fue dirigido a áreas centrales del Gobierno, con el objetivo de lograr una recomposición salarial que acompañe el ritmo inflacionario. Sin una respuesta urgente, advierten que sectores sensibles como la salud, la investigación científica y la formación profesional sufrirán graves consecuencias.
El problema trasciende lo meramente económico y adquiere una dimensión estratégica nacional. La salida de estos investigadores implica una pérdida doble: para la universidad y para el sistema científico argentino. Son recursos humanos formados durante años con inversión pública que ahora migran para poner su conocimiento al servicio de otros países.
Las autoridades buscan visibilizar un conflicto cuyas consecuencias son de largo plazo. Lo que está en juego no es solo el ciclo lectivo 2026, sino la sostenibilidad misma del modelo de educación pública, un pilar histórico en la formación de profesionales y la producción de conocimiento en la Argentina. La fuga de cerebros ya no es una amenaza lejana; es una realidad que está vaciando aulas y laboratorios.