Femicidio en Salta: el sospechoso huyó en chancletas y la familia sospecha una fuga planificada
¿Cómo es posible que un hombre acusado de femicidio, que huyó vestido solo con una remera y chancletas, lleve más de una semana desaparecido sin dejar rastro? La familia de la víctima tiene una teoría escalofriante sobre su fuga.
La desaparición del principal acusado por el femicidio de Natalia Cruz en Campo Quijano, Salta, ha abierto una nueva y preocupante línea de investigación. Orlando Serapio, la expareja de la víctima, escapó vestido solo con una remera gris, pantalón corto y chinelas, y lleva más de una semana prófugo sin dejar rastro. Su familia sostiene que es imposible que sobreviva solo en los cerros, alimentando la hipótesis de que recibió ayuda para fugarse.
¿Una fuga con ayuda externa?
Los allegados a la víctima descartan que Serapio pueda estar oculto en la zona montañosa. Argumentan que sin agua, alimentos ni abrigo adecuado, su supervivencia sería improbable. En cambio, creen que el sospechoso contaría con un teléfono celular, tarjetas rastreables, y habría recibido ropa y apoyo logístico para escapar hacia otros puntos, incluso cerca de la frontera con Bolivia. “Él no pudo hacerlo solo”, es la frase que repiten con insistencia.
El malestar social por la falta de avances se tradujo en una protesta. Familiares y vecinos cortaron la ruta nacional 51 desde las 6.30 de la mañana, exigiendo respuestas concretas. La medida, sin banderas gremiales ni políticas, reflejó el cansancio de una comunidad que siente el abandono del sistema.
El reclamo de una hermana y las fallas del sistema
Azucena, hermana de Natalia, expresó con dolor la contradicción que viven: cuando la víctima pidió ayuda antes del crimen, le informaron que no había personal disponible; ahora, el lugar está colmado de efectivos. Esta declaración sintetiza la sensación de desprotección que denuncian.
Desde la Policía de Salta, el jefe Diego Bustos informó que 61 efectivos participan en los rastrillajes, con apoyo de canes especializados. Reconoció que la geografía montañosa dificulta las tareas y anunció una investigación interna para determinar posibles fallas. Sin embargo, la familia insiste en que la búsqueda se concentra en un área equivocada y pide reforzar controles en rutas hacia Güemes, La Caldera o el norte provincial.
El dato aportado por Belén, otra hermana de la víctima que vio huir al sospechoso en chinelas, se convirtió en un símbolo del caso. Para la familia, si alguien en esas condiciones logra evadirse por tanto tiempo, el problema es más profundo y cuestiona todo el sistema de seguridad.
La investigación que mira hacia adentro
En paralelo a la búsqueda, se abrió un frente investigativo para esclarecer por qué el día del crimen, el 17 de febrero, no había custodia policial pese a las denuncias previas. Bustos confirmó una pesquisa interna en la fuerza para establecer responsabilidades que pudieron evitar el desenlace fatal.
El director general de Investigaciones, Oscar Chocobar, se reunió con la familia y les comunicó que su área está abocada exclusivamente a localizar al acusado. No obstante, el reclamo también apunta a la secuencia previa al femicidio, marcada por pedidos de protección desoídos.
Una escalada de violencia que el sistema no pudo frenar
La primera denuncia judicial se remonta a noviembre de 2025 y describía un hostigamiento persistente por parte de Serapio. Luego se dictaron restricciones perimetrales, ratificadas el 3 de febrero. El 9 de ese mes, el sospechoso habría ingresado por la ventana trasera de la casa en el barrio Luz y Fuerza, en presunta violación de la medida, ocasión en la que Natalia logró escapar y acudir a la Policía.
El 14 de febrero, la víctima amplió la denuncia y solicitó expresamente custodia fija para su vivienda. Horas antes del crimen, el 17 de febrero, Natalia volvió a presentarse en la comisaría de Campo Quijano junto a su hermana. Allí le informaron que la orden de custodia estaba emitida, pero que no había efectivos disponibles para cumplirla, ya que se encontraban abocados a otras tareas operativas.
Horas después, Natalia Cruz fue brutalmente golpeada por su expareja, quien escapó del lugar. La víctima fue hallada con un cable alrededor del cuello y falleció poco después. El caso no solo conmociona por la búsqueda del acusado, sino por la dolorosa pregunta de por qué los mecanismos de protección no funcionaron a tiempo.