Fito Páez, 1983: la foto que quedó guardada 37 años y terminó en la tapa de su disco
Una tarde de 1983, un fotógrafo entró a la casa de Fito Páez con una urgencia: el músico se iba a Buenos Aires. Sacó quince fotos sin flash que quedaron guardadas décadas... hasta que un posteo de pandemia las puso en otro lugar.
Hay una casa en Balcarce 681 que ya no es la misma, pero que todavía guarda una tarde de 1983. Ese día, Alejandro Lamas entró con su cámara y sin flash a retratar a un músico rosarino que estaba a punto de irse a Buenos Aires. Quince de esas imágenes en blanco y negro vuelven a verse desde este miércoles en la Biblioteca Argentina Dr. Juan Álvarez.
Lamas, nacido en Buenos Aires en 1954 pero radicado en Rosario, contó cómo se gestó aquella jornada en el ciclo de entrevistas Condenados al éxito, del canal de streaming de El Ciudadano. La muestra se llama, justamente, Balcarce 681, la dirección de la histórica vivienda del artista.
Una llamada, un apuro y un “Fito antes de Fito”
El disparador fue un teléfono. David Leiva, director de la revista cultural Rosario, lo convocó sin vueltas: había que ir a la casa de Fito Páez a hacerle fotos para una entrevista, pero con urgencia, porque el músico se marchaba a Buenos Aires en cualquier momento.
“Todo sucede con una llamada de mi amigo David Leiva, el director de la revista Risario. Me llama una mañana y me dice: «Mirá Alejandro, deberías ir a la casa de Fito para hacerle unas fotografías para una entrevista… pero necesitamos las fotos ya porque se va a Buenos Aires en cualquier momento»”, recordó el fotógrafo.
En aquel cuarto estaban el piano, los discos y los libros. La luz era escasa, pero Lamas decidió no sumar artificial. “Estaba un poco oscuro, no llevé luz artificial, no llevé flash porque, como dice Henri Cartier-Bresson, hay que prescindir del uso del flash aunque más no sea por respeto a la luz natural. Con ese concepto me manejé esa tarde y salió muy bien”, explicó.
El resultado quedó en la memoria y, años después, en la pantalla: esas imágenes inspiraron la serie de Netflix sobre el músico.
“Diez dedos largos y flacos”
Entre los recuerdos de esa tarde hay uno que Lamas subraya con precisión. Cuando Fito abrió la puerta y la luz le dio en las manos, el fotógrafo vio la canción antes de escucharla.
“Cuando abrió la puerta e iluminó sus manos, vi claramente esa canción que dice «diez dedos largos y flacos» («La vida es una moneda»). Recuerdo que colaboró muchísimo con mi trabajo. Los dos en un estado de iluminación; esa luz que estaba entrando por la ventana fue muy fuerte y dio esas fotos que representan ese momento tan lindo, hermoso de parte de él, muy creativo, muy fuerte”, sostuvo.
Esa jornada retrata a un artista antes de la tragedia que sacudiría la misma casa en 1986, cuando fueron asesinadas su abuela, su tía y una empleada. De ese dolor nacería el disco Ciudad de pobres corazones.
De un posteo de pandemia a la portada del disco y del libro
Las fotos estuvieron guardadas décadas. El reencuentro llegó de manera inesperada, en plena cuarentena, cuando Lamas subió una de las imágenes a Facebook.
“Una tarde de pandemia, aburrido en casa, subí una de esas fotos de Fito a Facebook. La vieron, la replicaron, y Fito mismo la vio cuando estaba escribiendo su autobiografía Infancia y juventud y preparando el disco Los años salvajes. Esas fotos fueron elegidas para la portada del disco y del libro”, relató.
Sobre la muestra, contó: “Hicimos una selección de quince fotos. La casa física ya no existe como tal o se ha transformado, pero apelamos al recuerdo y a la memoria. Las fotos quedan como un documento intransferible”.
La revista como universidad
Lamas trabajó en la revista Rosario antes de instalarse en España en 1988. De esa experiencia, que coincidió con la efervescencia cultural de los 80 y el regreso de la democracia, guarda un recuerdo formativo.
“Para mí fue la universidad de la vida. Yo era fotógrafo publicitario, pero la revista me fascinaba. Nos mudamos a un despacho en Corrientes y San Juan donde yo tenía mi laboratorio y estudio. Ahí compartíamos todos los días hablando de todos los temas; fue un tiempo anterior a mi partida a España donde viví muchos años, un momento de un enorme aprendizaje para mí”, afirmó.
Y sobre el sello autoral en el periodismo gráfico, explicó: “Era una revista con un enfoque político e irónico muy marcado a través de las caricaturas y las notas. En mi caso, intentaba darle un toque con la luz, los gestos y las manos en las fotos que ilustraban aquellas entrevistas”.
Del flash al celular, y la pregunta por la IA
Con la mirada puesta en el presente, Lamas opinó sobre la multiplicación de imágenes que trajo el teléfono. “Vivimos en la «glorificación de la cháchara visual» donde mucha gente saca fotos por sacar. Lo digital aporta precisión y rapidez inmediata, reduciendo costos de químicos y papel, pero la fotografía analógica tiene una magia única. Hoy muchos jóvenes están volviendo a lo analógico, como ocurrió en su momento con los vinilos”, sostuvo.
Sobre la inteligencia artificial, planteó: “La IA empieza a modificar las imágenes de una forma en que ya no es fotografía, es otra cosa. Sin embargo, no creo que haya que demonizarla; es una herramienta más si se le da un buen uso, un buen propósito. De todas formas, la fotografía es fundamentalmente un acto de ver, es la «voluntad de ver»”.
El flâneur y el palimpsesto urbano
Lamas camina la ciudad como un flâneur, esa figura que redescubre los detalles de su entorno a través de las imágenes. De ahí nace su interés por el “palimpsesto urbano”, las capas de afiches callejeros superpuestos.
“El palimpsesto muestra la superposición de capas; afiches rotos, rasgados por la gente, con arrugas de engrudo o modificados por el agua. Yo no rompo los carteles, simplemente voy caminando como flâneur y los descubro”, describió.
La revelación en el laboratorio
Su vocación nació de una cámara ajena. “Todo empezó con una cámara que le regalaron a mi padre y que no supo usar. Yo investigué y a partir de allí empezó todo. Luego, ya en la etapa de estudio, lo que me atrapó para siempre fue entrar al laboratorio a oscuras, ver al fotógrafo proyectar la luz de la ampliadora sobre el papel sumergirlo en la cubeta y ver cómo del blanco emergía mágicamente la imagen. Eso fue una revelación absoluta”, contó.
Para cerrar, definió su idea del éxito: “El éxito sería poder hacer lo que uno quiere hacer, que esté bien, que sea honesto y que transmita a la gente lo que uno sintió en el momento de tomar la fotografía. Más que éxito o triunfo, es la concreción de un deseo, y lograr la complicidad con el espectador”.
Para agendar
La muestra Balcarce 681, de Alejandro Lamas, se inaugura este miércoles 4 de noviembre a las 18 en la Biblioteca Argentina Dr. Juan Álvarez (Pte. Roca 731). La entrada es libre y gratuita.