Fito Páez desató una noche mágica en El Círculo: el secreto detrás de “Casa Páez”
¿Qué esconde realmente “Casa Páez”? El rosarino inició una serie de conciertos íntimos con una orquesta de 25 músicos y un mensaje sobre el amor y la construcción. Descubrí todos los homenajes secretos y el emotivo cierre que tuvo al campeón del mundo entre el público.
El último martes, el teatro El Círculo de Rosario fue testigo del inicio de algo más que una serie de conciertos. Fito Páez inauguró “Casa Páez”, un proyecto íntimo de cuatro recitales en distintos formatos que repasa su carrera desde “Del 63” hasta “Novela”. Con localidades agotadas, la primera velada fue un recital sinfónico que dejó un mensaje claro sobre el poder de la música.
Fito no estuvo solo en el escenario. Lo acompañó la Orquesta Casa Páez, un ensamble de 25 músicas y músicos dirigidos por el maestro Javier Mas. Juntos, durante una hora y media, tejieron un viaje sonoro que fue mucho más allá de un simple repaso de éxitos.
El viaje comenzó con “Romance de la pena negra”, de Federico García Lorca, y siguió con temas como “Dale alegría a mi corazón”, “Cadáver exquisito” y “11 y 6”. Pero el repertorio pronto abrió sus puertas a influencias y homenajes que definieron la noche.
Un diálogo con los grandes
Uno de los momentos más emotivos llegó con la interpretación de “Te recuerdo, Amanda”, de Víctor Jara. Fito recordó que la canción fue escrita “en los aciagos años de la dictadura chilena”, en un guiño cargado de significado a días de cumplirse 50 años del último golpe de Estado cívico-militar en Argentina.
El tributo a Luis Alberto Spinetta fue doble. Primero con “Parte del aire”, del disco conjunto “La la la”, y luego con una versión de “Muchacha ojos de papel” que el propio Páez definió como “un gol sin arquero”. El público se sumó como un coro respetuoso, un fenómeno que se repitió con “Canción para mi muerte”, de Charly García.
De la Nueva Trova Cubana, Fito rescató “El breve espacio en que no estás”, de Pablo Milanés. También hubo espacio para “Ámbar violeta” –compuesta en casa de Liliana Herrero– y la poderosa “Tumbas de la gloria”. “Acá está todo. Charly, el tango, los Beatles”, había avisado el artista en la previa.
El ladrillo de la construcción
Uno de los significantes clave de la noche fue la canción “Construcción”, de Chico Buarque. Fito la usó como metáfora central para explicar el espíritu de “Casa Páez”. Desde el escenario, lanzó un mensaje contundente: “Todo esto es una manera sensible de estar en mundo. De eso se trata. Acá, se construye. Acá no se odia, se ama”.
“La música es algo extraordinario. Por eso, vengo a poner otra vez el ladrillo de la construcción, del amor para este mundo. Eso es algo que le debo a mis dos hijos”, aseguró el músico rosarino, conectando su arte con un legado familiar y universal.
El diálogo entre géneros continuó con “Carabelas de la nada”, en un cruce entre tango y jazz con Páez al piano, y una versión de “Naturaleza sangre” con aires “apiazzolados”. Este ropaje tanguero volvería antes del final, enlazando con “Ciudad de pobres corazones”, uno de los tres bises de la noche.
El cierre y lo que viene
Antes de los bis, Fito compartió una anécdota reveladora sobre “Dar es dar”: “Después de seis meses de vueltas con ‘Cadáver exquisito’, cuando finalmente la terminé, en 15 minutos, aparece esta canción que me salvó la vida”.
Tras una breve salida, regresó al escenario para cantar a capela “Yo vengo a ofrecer mi corazón”. La velada concluyó oficialmente con “Mariposa Teknicolor”, bajo una ovación de pie del público. Entre los asistentes, desde un palco, siguió el concierto “el campeón del mundo” Ángel Di María, a quien Fito dedicó una mención especial.
La experiencia “Casa Páez” continúa en Rosario. Este miércoles, el turno es para un formato íntimo de solo piano en el Teatro Astengo, con la rosarina Amelia como apertura. El viernes, Fito vuelve a El Círculo para presentar las canciones de su último disco, “Novela”, en una puesta especial. Para cerrar la serie, este domingo ofrecerá un recital gratuito en el Monumento Nacional a la Bandera, llevando el espíritu de construcción y amor más allá de las salas de teatro.