Fito Páez en el Astengo: El momento íntimo que desató una confesión inesperada y un encuentro con la leyenda

En el íntimo escenario del Teatro Astengo, Fito Páez revivió el lugar que lo marcó a los 13 años. Entre confesiones emotivas, un encuentro sorpresa con una leyenda del rock y un momento que casi lo hace perder la compostura, el rosarino tejío una noche donde el piano y la memoria fueron los únicos protagonistas. ¿Qué dijo sobre el mundo actual?

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Fito Páez en el Astengo: El momento íntimo que desató una confesión inesperada y un encuentro con la leyenda

Sentado solo frente al piano, el artista rosarino vivió una noche de pura emoción en un escenario que marcó su adolescencia, compartiendo reflexiones profundas y un cruce sorpresa que electrizó al público. El último miércoles, Fito Páez ofreció el segundo de los cuatro recitales de su ciclo “Casa Páez” en el Teatro Astengo, un formato íntimo de solo piano que contrastó con la orquesta sinfónica de la noche anterior.

El lugar no fue una elección casual. En ese mismo teatro, ubicado en Mitre al 700, un adolescente Rodolfo Páez de 13 años vio por primera vez a La Máquina de Hacer Pájaros un 7 de agosto de 1976. Esa experiencia, que el músico define en su libro como la señal de que “la música era la libertad”, cargó de simbolismo la velada.

El concierto, de una hora y media más dos bises, comenzó con una arenga colectiva: Páez invitó al público a cantar a capela el estribillo de “El amor después del amor”, estableciendo de entrada una comunión especial. En un registro despojado, el artista exploró su repertorio con una emotividad al límite, prometiendo desde el inicio un pulso distinto al del show sinfónico.

Un reencuentro con la historia

Exultante y genial, Páez partió con “Giros” y siguió con “El oso”. Fue entonces cuando compartió una anécdota “alucinante”: minutos antes, lo había visitado una leyenda. “Nos vino a saludar uno de los músicos centrales del rock argentino. Estuvo Moris acá”, reveló, generando una ovación que se redobló cuando el propio Mauricio Birabent (padre) subió al escenario para un abrazo histórico.

El setlist fue un viaje emocional. “Dos días en la vida” y “El cuarto de al lado” abrieron paso al primero de dos covers de Charly García: “Desarma y sangra”. Al presentarlo, Páez reflexionó: “Mirá lo que estaba haciendo este hombre en 1978, en plena dictadura militar”. Luego, conectando con su recuerdo adolescente, improvisó un fragmento de “Rock and Roll” de La Máquina.

La noche continuó con temas como “Waltz for Marguie”, “La rueda mágica” y “Pétalo de sal”. En un momento de intimidad, el músico confesó: “Llevo ensayando cuarenta días. Fue muy alucinante la previa para esto que, me parece, trasciende la coyuntura. Me siento parte de la historia. Acá es donde desarrollé todo”.

Un llamado contra el conservadurismo

Antes de rendir tributo a Litto Nebbia con “Viento, dile a la lluvia”, Páez hizo una defensa apasionada del arte y la búsqueda creativa. Destacó el valor de los artistas que “inventaron algo que no existía” y lanzó una crítica: “Pienso que estamos viviendo en un mundo ultraconservador que ha perdido toda esa magia y esa locura”.

El clima de conexión alcanzó un punto álgido con “Brillante sobre el mic”, cuando cientos de celulares se encendieron en modo linterna, creando un mar de lucecitas en la sala. Fue en ese contexto de goce colectivo donde el cantante hizo una confesión sincera: “Para generar una emoción en los demás, primero te tenés que preparar para no emocionarte vos. Si no, sos un pavote. Y lo que me está pasando es que me estoy emocionando un montón”.

Definió la experiencia como “buena dopamina” y un acto de resistencia: “El silencio, el amor, la transmisión de energía es sana, boludo. Hay que agarrarse a eso en estos tiempos como a un palo en altamar. Y vamos a llegar a la orilla. Lo sé”.

El cierre y los imprevistos

Tras “El fantasma de Canterville” y los agradecimientos de rigor, llegó el primer bis con “11 y 6”. El segundo bis fue una versión muy personal de “Los mareados”, el tango de Cobián y Cadícamo, donde Fito modificó parte de la letra, cambiando “dopados” por “drogados” y definiendo que las tres cosas que llenan el alma herida son “amor, Rosario, dolor”.

Casi al final, un ruido extraño interrumpió la magia. “Alguien tiene un micrófono conectado. ¿No? Entonces, qué es ¿un fantasma?”, bromeó Páez. Una nueva descarga sonora, esta vez intencional, provocó su réplica entre risas: “Lo queremos igual”.

El concierto concluyó con “La vida es una moneda”, “Dar es dar”, “Mariposa Teknicolor” y, como broche final, “A rodar mi vida”. La tercera fecha de “Casa Páez” será este viernes a las 21 en el teatro El Círculo, donde se presentará oficialmente y de forma completa su disco “Novela”.

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