Fito Páez en Rosario: La promesa que dejó temblando al Monumento a la Bandera
Una marea humana, una confesión de amor inesperada y una promesa que hizo vibrar a Rosario. Así fue la noche en la que Fito Páez convirtió el Monumento en el escenario de un reencuentro histórico. ¿Qué fue lo que hizo llorar al Flaco frente a 300 mil personas?
Una marea humana colapsó la costanera rosarina para ser testigo de un regreso histórico. Fito Páez, el músico que puso banda sonora a generaciones, cerró su semana de cumpleaños en la ciudad con un concierto gratuito que transformó la noche en un viaje colectivo a través de la memoria y la emoción.
La tarde del domingo 15 de marzo fue testigo de un éxodo hacia el río. Desde todas las avenidas, calles y parques de Rosario, una multitud imparable comenzó a descender hacia el Monumento a la Bandera. Mientras la banda soporte de Coky y sus killer burritos calentaba el ambiente, los balcones de los edificios aledaños se iluminaban, anticipando la fiesta. Sobre los adoquines de la avenida Belgrano, la gente solo se movía para dejar paso a cochecitos, en una postal de familia que se preparaba para lo extraordinario.
Pasadas las ocho de la noche, con la silueta del Monumento recortada contra el cielo, la ovación fue tan estruendosa que ahuyentó a los últimos pájaros. En ese instante, apareció la figura clara de Rodolfo “Fito” Páez en el escenario.
Un viaje a la rosarinidad profunda
“Cerca, Rosario siempre estuvo cerca”, fueron las primeras palabras que entonó, sumergiendo a todos en un sentimiento de pertenencia inmediato. Con ese “tema de Piluso”, el artista llenó la atmósfera de una nostalgia dulce, evocando a Olmedo y a los ídolos que ya no están. “Hoy no voy a estar muy parlanchín porque quiero que esta sea una noche hermosa e inolvidable”, anunció, dando paso a un recorrido musical sin pausa.
Los acordes de “Lejos de Berlín” y “Tráfico por Katmandú” electrizaron a la multitud, que minutos después flotó en un estado de pura emoción con “11 y 6”. Miles de celulares se alzaron, pero lo que predominó fue la sensación de estar viviendo un momento único, de esos que solo la música verdadera puede regalar.

“Vamos a hacer un piano bar”, propuso luego. Apoyó sus dedos en las teclas y “Cable a tierra” perforó los corazones de sus seguidores más antiguos. En “Al lado del camino”, deslizó una crítica mordaz: “No es bueno nunca hacerse de enemigos… que cuando te ven, se mean encima como chicos”, provocando una ovación cerrada. La mención a “Litto Nebbia, Spinetta y Charly García” selló un instante con “aura” para los puristas del rock argentino.
Confesiones y un mar de luces
La noche tomó un giro íntimo y confesional. “Nunca podrás sacarme mi amor” le puso un toque de roncarol, seguido por la explosión inconfundible de “Yo vengo a ofrecer mi corazón”. Fito emprendía la titánica tarea de comprimir lo mejor de más de cuatro décadas de carrera en una sola velada.
Con su insondable repertorio, Fito Páez llenó la atmósfera de rosarinidad
Tras “La rueda mágica” y “Fue amor”, pidió a la gente: “Saquen sus celulares y enciéndalos”. El Monumento y toda la costanera se transformaron en un océano de medusas brillantes meciéndose al ritmo de “Brillante sobre el mic”. Un espectáculo visual que ninguno de los asistentes podrá olvidar.
“A rodar mi vida” puso a bailar a toda la ciudad, incluidas las vecinas de los pisos altos que, captadas por drones, revoloteaban servilletas desde sus balcones. “Esta canción la hice en el 83 y envejeció muy bien. Y si mal no recuerdo, Rosario fue el lugar en que mejor la cantaban”, dijo como antesala de “Polaroid de locura ordinaria”.

“Y dale alegría a mi corazón” convirtió el lugar en un estadio de fútbol, con Fito arengando al público para corear el estribillo una y otra vez. Luego, en “Circo Beat”, modificó la letra para hacer una confesión pública: “Yo me muero con Sofi Gala”. La hija de Moria Casán, presente en el lugar, celebró que su enamorado la pusiera en el lugar de la Gena Rowlands original. En la estrofa siguiente, el artista cantó una frase que resonó con fuerza en el aire rosarino: “Y los monos están devastando esta ciudad”.
El cierre entre lágrimas y una promesa
El momento más conceptual y pesado llegó con “Ciudad de pobres corazones”, el tema escrito para Rosario tras la tragedia familiar de 1986. El cierre de esta pieza fue orquestal, monumental. Tras un breve descanso, Fito volvió al piano con un saco impecable para interpretar “Del 63”. “Para mí es una emoción muy grande poder cantar esta canción acá en Rosario”, confesó, secando las lágrimas que corrían por su rostro. Un “feliz cumpleaños” cantado por lo que se estima fueron 300 mil personas coronó el momento.
“Sale el sol” y “Mariposa Tecknicolor” pusieron punto final a la velada oficial. O eso parecía. Fito saludó, tiró besos, agradeció a su banda y pidió una foto con el público de fondo. Pero no se iba. Quería una más. Volvió al piano para “Dar es dar”. “Chau, hasta la próxima. ¿Habrá próxima? ¡Obvio que habrá!”, prometió ante el delirio general. “Gracias a mis hijos, que los amo con todo mi corazón. Es una emoción muy fuerte que ellos hayan podido vivir esta noche. Chau Rosario, los amo”, cerró. Y su figura desapareció finalmente tras la mole de cemento.
Apoyó sus dedos trémulos en las teclas blancas y negras y Cable a tierra perforó los corazones de los viejos seguidores de Fito
Rodolfo “Fito” Páez, el rosarino que le puso música a nuestras vidas, volvió para hacer historia. Su gente, igual que ayer, pero con unos años más. Su ciudad, igual que ayer, pero con unas guerras encima. La noche del Monumento quedó grabada a fuego como un acto de amor puro entre un artista y la tierra que lo vio nacer.