Floristas en alerta: la crisis climática disparó los precios y las pérdidas
Los puestos de flores de La Plata viven una pesadilla: precios por las nubes, ramos que duran poco y pérdidas constantes. ¿Cómo afecta la crisis climática a tu bolsillo?
La crisis climática que golpea al cordón florícola platense ya no se limita a los invernaderos. Los puestos de flores de La Plata enfrentan una combinación letal: menos mercadería, precios mayoristas hasta 50% más caros y ramos que duran apenas unos días. La demanda, mientras tanto, sigue débil y los vendedores apenas logran cubrir costos.
Iara Oraziuk, presidenta de la Asociación de Venta de Flores en La Plata, explica que los productores entregan menos flores porque "se les pudre" y el precio es "mucho más caro que un día normal". La situación se agrava en períodos de lluvia y humedad, cuando la oferta cae y los costos se disparan.
¿Cuánto dura una flor en estos días?
El problema no es solo el precio de compra, sino la vida útil del producto. En condiciones normales, un ramo puede durar varios días, pero ahora, según Oraziuk, "la flor no dura nada, dura más o menos dos, tres días un ramo". Eso significa que una parte de la mercadería termina en la basura.
Los puestos callejeros tienen una ventaja: "respiran", lo que ayuda a que la flor no se pudra tan rápido. Pero esa ventilación no alcanza cuando la humedad persiste durante días.
El aumento del 50% que complica todo
Durante este mes, la flor registró incrementos de alrededor del 50% en el mercado mayorista. Los puestos trasladan esos aumentos al precio final, pero no siempre pueden hacerlo por completo: con ventas débiles, subir demasiado el precio puede espantar a los clientes.
"Muchas veces aumentamos por debajo de lo que nos aumenta a nosotros y tenemos una ganancia casi nula", admite Oraziuk. El dilema es simple: si el precio sube, se vende menos; si se mantiene bajo, el margen desaparece. Y mientras tanto, la mercadería se pierde.
"Entre vender y ganar poco, o vender y tirar o no venderlo y tirarlo, preferimos ganarle poco, por mínimo que sea", resume la florista.
La lluvia, otro enemigo de los puestos
Las precipitaciones intensas también impiden abrir los puestos. "Si llueve se nos mojan todas las plantas y todas las flores y eso se tira", señala Oraziuk. Así, el mismo clima que reduce la oferta mayorista puede frenar la venta en el último tramo de la cadena.
El consumo tampoco acompaña: "Está muy floja, muy floja", insiste Oraziuk. La consecuencia es un negocio cada vez más ajustado, donde se compra más caro, se vende con poco margen y una parte de lo comprado se desecha. "Estamos tirando un montonazo de flor", resume.
¿Cómo está organizado el sector?
La Asociación de Venta de Flores de La Plata reúne alrededor de 30 puestos autorizados en el centro platense, City Bell, la zona de 12, Los Hornos y el cementerio. A ellos se suman vendedores ambulantes y comercios como verdulerías. Por ahora, no hay herramientas para anticipar el futuro: "Nos vamos amoldando a lo que va surgiendo en el momento", dice Oraziuk.
La producción también sufre
Los productores enfrentan el deterioro de las plantas y enfermedades por el exceso de humedad. Un productor de Abasto estimó daños cercanos al 5%, con riesgo de aumentar si las condiciones adversas persisten.
Daniel Gogami, de la Cooperativa Argentina de Floricultores, explica que la humedad puede alterar los ciclos de las variedades y concentrar las producciones en un mismo momento, creando "huecos" de oferta. La falta de sol reduce la fotosíntesis, retrasa los cultivos y complica los tratamientos sanitarios.
Mientras tanto, los puestos enfrentan una ecuación difícil: precios que varían según la disponibilidad, mercadería que se desecha y consumidores que no siempre aceptan los aumentos. Hasta que el clima cambie, el negocio se resume en adaptarse día a día.