Formosa: Un joven tocó fondo y lo que hizo después en una plaza lo salvó
Desde el fondo de una crisis que casi lo vence, un joven de Formosa encontró en un lugar público la clave para resurgir. Lo que comenzó como un intento desesperado hoy le da un propósito, clientes fijos y una razón para vivir. Esta es la historia de una transformación que nadie vio venir.
Facundo Orizuela, un formoseño de 24 años, atravesó una crisis personal y laboral tan profunda que lo llevó al límite. Sin trabajo y sin rumbo, su vida dio un giro inesperado cuando decidió probar algo que nunca imaginó que se convertiría en su salvación. Hoy, desde una plaza, no solo tiene clientes fijos sino que asegura que este oficio “le cambió la vida” y le devolvió las ganas de vivir.
La historia de Orizuela comenzó en un momento de extrema vulnerabilidad. Tras trabajar en la construcción y tener un breve paso por el Ejército Argentino en La Plata, se quedó sin empleo y sin ingresos. La situación lo obligó a volver a su provincia natal, Formosa, donde tampoco encontró oportunidades. “Ya no sabía para dónde ir”, confesó el joven a TN.
El momento más oscuro
En ese período, el barbero tocó fondo. La desesperación lo consumía al punto de admitir que “incluso llegué a pensar en quitarme la vida”. Se sentía solo, sin apoyo y con los bolsillos vacíos. Fue en esa encrucijada donde, casi por instinto, se aferró a una actividad que ya conocía: cortar el pelo.
Al principio, lo hacía de manera informal con amigos y conocidos, por muy poca plata. No lo veía como una salida laboral seria. Primero probó instalarse en su casa, colocó un cartel y fijó precios bajos, pero pasaron varios días sin que llegara un solo cliente.
La jugada que lo cambió todo
Decidió cambiar de estrategia y salir a buscar a la gente. Así llegó a la Plaza San Martín de su barrio, donde armó su espacio de trabajo con su equipo. El primer día fue otro fracaso: nadie se acercó. Antes de rendirse, hizo una última apuesta: publicó en sus redes sociales que estaría allí, ofreciendo sus servicios.
Lo que sucedió después lo tomó por sorpresa. Cuando volvió a la plaza, se encontró con una escena que no podía procesar. “Había muchísima gente esperando. No lo podía creer. Me asusté”, relató Orizuela. La presión fue tanta que solo hizo tres cortes y se retiró, necesitando entender qué estaba pasando.
Horas después, revisando su celular en casa, comprendió la magnitud del fenómeno. Su publicación había llegado a miles de personas. Los mensajes, reacciones y comentarios se multiplicaban. Desde ese instante, su trabajo no paró de crecer.
Llegaron clientes de todos lados: oficinistas, vecinos e incluso policías. Muchos se convirtieron en clientes fijos y lo recomiendan. La demanda creció tanto que hoy debe organizar su jornada con una agenda.
El secreto detrás de su éxito
Una de las claves fundamentales de su rápida aceptación es el precio que mantiene. Orizuela cobra solo 5.000 pesos por corte. La razón es profundamente personal: “Yo también vengo de no poder pagar un corte caro”, explicó. Se puso en el lugar del otro, en el que él mismo estuvo, y decidió mantener valores accesibles para ayudar mientras sostenía su propio ingreso.
El contacto diario con la gente le transformó por completo la perspectiva. Las charlas, el apoyo y el movimiento constante le dieron una nueva forma de ver la vida. “Gracias a esto sigo vivo”, confesó a TN.
Ahora, con una mirada renovada hacia el futuro, tiene un objetivo claro: abrir su propio local. Sueña con un espacio donde trabajar con más comodidad y adaptar los horarios a las necesidades de la gente, desde muy temprano hasta altas horas de la noche.
“Yo quiero estar ahí para todos”, afirmó Orizuela. “Que quien venga, además de cortarse el pelo, se sienta como en casa, comparta algo, hasta cenar si quiere. Quiero devolverles un poco de las ganas de vivir que ellos me devolvieron a mí”, cerró el joven barbero, cuya historia es un testimonio de resiliencia y reinvención.
Redacción: Lola Blasco