Francia en tensión: La izquierda resiste en las grandes ciudades pero un nuevo mapa político emerge
París y Marsella se mantienen en rojo, pero el mapa de Francia cambia por completo. Descubrí qué fuerzas políticas están ganando terreno en las ciudades y el mensaje oculto que dejan estos resultados de cara a la carrera por el Elíseo.
Un pulso electoral con sabor a anticipo presidencial sacudió a Francia. La izquierda logró retener sus bastiones más emblemáticos, París y Marsella, pero la extrema derecha y la izquierda radical avanzaron con fuerza en ciudades medias, reconfigurando el panorama municipal a un año de las cruciales elecciones de 2027. Los resultados dejan un país políticamente fracturado y una campaña marcada por el rechazo a los extremos y acusaciones de antisemitismo.
En la capital, el diputado socialista Emmanuel Grégoire se impuso con amplitud a la exministra conservadora Rachida Dati. Grégoire, aliado con ecologistas y comunistas, se presentó como el muro de contención frente a una unión de derechas que contaba incluso con el apoyo tácito de la ultraderecha.
“A quienes temen los tiempos que vienen, les digo: No tengan miedo (…) París será el corazón de la resistencia a esta unión de derechas”, declaró el flamante alcalde, tercer socialista consecutivo al frente del Ayuntamiento desde 2001. Su llegada al cargo fue simbólica: acudió en bicicleta para recibir la llave de la ciudad de manos de su predecesora, Anne Hidalgo.
¿Una victoria contra los extremos?
El triunfo en París es leído como una victoria de la izquierda moderada, que rechazó aliarse con la candidata del partido La Francia Insumisa (LFI, izquierda radical), Sophia Chikirou, quien obtuvo un 8.9%. La campaña estuvo empañada por las polémicas en torno al presunto antisemitismo del líder de LFI, Jean-Luc Mélenchon.
Desde el Partido Socialista, Olivier Faure envió un mensaje claro tras los comicios, calificando las “salidas de tono antisemitas” como un “callejón sin salida” e instando a la unidad de la izquierda. Mientras, en Marsella, el alcalde saliente Benoît Payan pudo conservar la ciudad para la izquierda, beneficiándose de la retirada en segunda vuelta del candidato de LFI para evitar una victoria de la extrema derecha.
Los socialistas también celebraron otras conquistas, como la retención de Lille y la recuperación de Estrasburgo, esta última en coalición con el centroderecha. Incluso lograron derrotar al ex primer ministro centrista François Bayrou en su feudo de Pau, demostrando una capacidad de penetración inesperada.
El avance silencioso de los polos radicales
Sin embargo, detrás de estas victorias en grandes urbes, se esconde un mapa municipal que se tiñe de los extremos. Tanto la izquierda radical de LFI como la extrema derecha del partido de Jordan Bardella registraron avances significativos en numerosas ciudades medianas.
La Francia Insumisa se hizo, como se esperaba, con Roubaix y Saint-Denis, aunque no pudo arrebatar Toulouse y Limoges a la derecha. Su coordinador nacional, Manuel Bompard, habló de un “avance” y una “ola de desalojo” en la izquierda tradicional.
Por su lado, el eurodiputado ultraderechista Jordan Bardella, favorito en los sondeos para 2027, celebró el “mayor avance de la historia” de su formación, con victorias en “decenas” de localidades. Aunque fracasó en objetivos clave como Marsella, Tolón y Nimes, su aliado Éric Ciotti sí conquistó la alcaldía de Niza.
Este crecimiento de los extremos coincide con un retroceso notable de los ecologistas, que perdieron ciudades que gobernaban desde 2020, como Burdeos, Estrasburgo, Besanzón y Poitiers, evidenciando el fin de la “ola verde”.
Las apuestas personales de cara a 2027
Los comicios también sirvieron como termómetro para futuras aspiraciones nacionales. Uno de los grandes vencedores del centroderecha fue el ex primer ministro de Macron, Édouard Philippe, quien había condicionado su posible candidatura presidencial de 2027 a su reelección como alcalde de El Havre, algo que logró.
“Los habitantes de El Havre saben que hay razones para tener esperanza cuando todas las personas de buena voluntad se reúnen (…) y apartan a los extremos”, declaró Philippe tras su victoria, en un claro mensaje de moderación. La participación en estas elecciones se estimó en torno al 57%, con una abstención que fue la segunda más alta de la historia, solo superada por los comicios de 2020 celebrados en plena pandemia.
Los resultados pintan un escenario complejo y polarizado, donde el voto útil contra los extremos funcionó en las grandes capitales, pero no logró contener una marea de descontento que se canalizó hacia los polos del espectro político en el resto del país, anticipando una batalla presidencial de una intensidad inédita.