Fue abogado, teólogo y confesor de un cura condenado: el secreto que se llevó el sacerdote Luis Anaya
Fue abogado antes que cura y llegó a ser doctor en Teología Moral en Roma. Pero cuando la Justicia lo citó por el caso Ilarraz, eligió una frase que quedó grabada en el expediente. La historia del sacerdote que murió este sábado en Paraná.
El Arzobispado de Paraná comunicó con pesar la muerte del presbítero Luis Alfredo Anaya, ocurrida este sábado tras permanecer internado desde la madrugada del domingo 6 de septiembre en una clínica de calle San Martín, donde había ingresado por una falla multiorgánica que lo dejó en estado gravísimo.
«Con profundo pesar, informamos el fallecimiento del presbítero Luis Alfredo Anaya. Damos gracias a Dios por su vida y por el servicio que brindó a la Iglesia. Invitamos a toda la comunidad a elevar una oración por su eterno descanso, confiando en la misericordia de Dios y en la promesa de la vida eterna», expresó la arquidiócesis en un mensaje difundido este sábado.
Una vida entre el derecho y el altar
Nacido en Buenos Aires el 26 de marzo de 1953, Anaya se graduó como abogado en la Universidad Católica Argentina en 1977. Después de esa primera formación, decidió abrazar el sacerdocio: fue ordenado en Paraná el 8 de diciembre de 1985 por el entonces arzobispo Estanislao Esteban Karlic, ya fallecido.
Aunque porteño de origen, desarrolló casi toda su carrera eclesiástica en Entre Ríos. También obtuvo el doctorado en Teología Moral en la Pontificia Universidad Lateranense de Roma y un magíster en Ética Biomédica. Entre 2000 y 2002 integró el Consejo de Fe y Cultura del Episcopado Argentino y se desempeñó como profesor en el Seminario de Paraná.
En los últimos años estaba al frente de la Residencia Sacerdotal Jesús Buen Pastor, ubicada en Italia al 300 de Paraná, el espacio donde conviven miembros del clero de edad avanzada o con problemas de salud.
El vínculo con Ilarraz y la causa por abusos
El nombre de Anaya apareció en el expediente que se siguió contra el cura Justo José Ilarraz por los abusos denunciados en el Seminario Arquidiocesano de Paraná. Fue citado por la Justicia en 2018, aunque no llegó a declarar en el proceso que terminó con una condena y que luego se cerró por la prescripción resuelta por la Corte Suprema de Justicia de la Nación.
Sin embargo, sí había dejado testimonio en la etapa instructoria: «Lo conocía a Ilarraz como colegas de sacerdocio. Él fue sacerdote antes que yo. Yo no sabía nada, me enteré por los medios», afirmó entonces sobre la corrupción de menores ocurrida en el Seminario.
En 2010, cuando las víctimas de los abusos de Ilarraz comenzaron a reclamar sanciones dentro de la Iglesia, Anaya formó parte del consejo presbiteral de la curia que atendió ese pedido.
Su rol en el Hogar Sacerdotal y el caso Schmidt
Como responsable de la Residencia Sacerdotal Jesús Buen Pastor, Anaya tenía a su cargo a su colega César Schmidt, quien irá a juicio por el delito de tentativa de homicidio, con un pedido de pena de 6 años y 6 meses de prisión de cumplimiento efectivo.
Schmidt es sacerdote de la Arquidiócesis de Paraná y dueño de la vivienda de calle Juan de la Lamadrid al 2000, entre Maestro Normal y Gobernador Crespo, donde un niño que jugaba al fútbol con amigos el mediodía del sábado 7 de marzo fue a buscar la pelota y terminó con una grave descarga eléctrica al tocar un portón electrificado que da a la calle.
La víctima, Esteban Bogado, de 7 años y alumno del Instituto Santa Teresita, intentó rescatar la pelota que había caído dentro de la propiedad y recibió una feroz descarga. Fue derivado a la Unidad de Terapia Intensiva del Hospital Materno Infantil San Roque y, tras permanecer internado, evolucionó favorablemente, aunque con un proceso de recuperación lento.
El religioso, que padece problemas de salud mental, está internado en el mismo Hogar Sacerdotal Jesús Buen Pastor, en calle Italia al 300 de Paraná, el lugar que Anaya conducía hasta su fallecimiento.
El peso de su apellido
Anaya era sobrino de Jorge Anaya, el almirante que impulsó la guerra de Malvinas e integró la tercera junta militar que gobernó el país durante la última dictadura. El militar falleció en 2008 mientras cumplía prisión domiciliaria, acusado de graves violaciones a los derechos humanos en la ESMA.