Ganó la Copa Libertadores con Estudiantes y hoy vende sándwiches en bicicleta: la historia de Matías Rosso

Matías Rosso jugó en la Primera de Estudiantes y disputó la Copa Libertadores. Hoy, con una ceguera progresiva en un ojo y sin club desde la pandemia, sale a vender sándwiches en bicicleta para sostener a sus hijos. Su único pedido no es una limosna: quiere un trabajo formal.

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Ganó la Copa Libertadores con Estudiantes y hoy vende sándwiches en bicicleta: la historia de Matías Rosso
Ganó la Copa Libertadores con Estudiantes y hoy vende sándwiches en bicicleta: la historia de Matías Rosso

Matías Rosso tiene 33 años y una historia que arranca en las canchas más importantes del fútbol argentino y termina, por ahora, en las calles de Rosario con una bicicleta y una conservadora llena de sándwiches. El exdelantero que jugó en la Primera de Estudiantes de La Plata y disputó la Copa Libertadores hoy se gana la vida repartiendo viandas para alimentar a sus hijos.

Su carrera profesional se cortó de golpe. En 2020, con la pandemia de coronavirus como telón de fondo, una fractura de tobillo que arrastraba desde su paso por Estudiantes de Caseros y la imposibilidad de encontrar club terminaron por cerrarle las puertas del fútbol.

El diagnóstico que lo cambió todo

Antes de que el fútbol se apagara, la salud le jugó una mala pasada. En 2015, justo cuando llegaba al Pincha, los médicos le detectaron diabetes. Años después, la enfermedad le pasó factura de la peor manera.

"Un día me desperté y no veía de un ojo. Me fui a la guardia con mi mujer, me hicieron todos los estudios y ahí me dijeron que se me había hecho una retinopatía por la diabetes y una trombosis", contó Rosso sobre el episodio que le cambió la vida.

Hoy convive con una ceguera progresiva que amenaza su ojo izquierdo. Lejos de rendirse, asegura que mantiene la esperanza de recuperar algo de visión: "Hay algunas posibilidades de que se pueda revertir un poco lo del ojo. La fe es lo último que se pierde".

De la cancha a la calle

Cuando el fútbol dejó de darle un sueldo, Rosso se reinventó como pudo. Trabajó cuatro años en un comercio, después compró un auto para manejar Uber y más tarde empezó a repartir para una fiambrería.

"En la pandemia no conseguí más club y me tocó salir a buscar trabajo. Había que trabajar de lo que sea", repasa con naturalidad.

Hoy su rutina es otra: todas las mañanas sube a la bicicleta y sale a vender los sándwiches y las viandas que su pareja, con quien está desde hace 16 años, le prepara en casa. "Ella me cocina las viandas y los sándwiches para que yo salga a venderlos, porque uno estaba acostumbrado a vivir una vida de futbolista y hoy le toca otra totalmente diferente", relata.

El gesto que lo sorprendió

Hace unos días, Rosso publicó su situación en redes sociales y la respuesta lo conmovió. "Me mandaron mensajes varios excompañeros y mucha gente que no conozco. Una persona me pidió que ponga un alias y se armó una ayuda hermosa", contó.

"Estoy superagradecido con los hinchas de Chacarita, de Estudiantes y con todos los que me mandaron un mensaje de aliento", agregó.

Pese a la ola de solidaridad, su prioridad sigue siendo clara: "Lo primordial hoy es conseguir un trabajo formal para seguir dándole una vida digna a mis hijos, porque sé que se lo merecen y yo nunca he hecho las cosas mal ni he sido mala persona".

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