Ganó la Palma de Oro, volvió a su país y ahora Irán lo condenó a cinco años
¿Qué pasó entre el premio en Cannes y el regreso a su país para que la justicia iraní lo declare en rebeldía y le congele las cuentas?
Un tribunal iraní sentenció al cineasta Jafar Panahi a cinco años de prisión, además de ordenar el decomiso de sus bienes, vetarle el uso de redes sociales e impedirle salir del país por un lapso mínimo de dos años. La información fue difundida por la agencia local Emtedad.
Panahi, que en 2025 se alzó con la Palma de Oro en el Festival de Cannes, residía en Francia desde hacía un tiempo, pero había regresado a territorio iraní después de obtener ese reconocimiento.
Una condena sin cargos a la vista
Según declaró a Emtedad su abogado, Mostafa Nili, la justicia falló contra su cliente “en rebeldía” y sin precisar cuáles son las imputaciones que pesan sobre él.
El letrado contó que se anotició del fallo cuando concurrió a la oficina de ejecución de sentencias de la Fiscalía de Cultura y Medios. Hasta allí se dirigió porque el realizador le había avisado la semana anterior que sus cuentas bancarias habían sido bloqueadas.
Nili también señaló que Panahi retornó a Irán en medio del conflicto bélico entre Israel y Estados Unidos, cuyo inicio se remonta al 28 de febrero, aunque no hay certeza de si el director permaneció en el país. Además, aclaró que todavía afronta tres causas abiertas.
Un historial de restricciones
No es la primera vez que el cineasta queda atrapado en la maquinaria judicial iraní. En 2010 se le vedó rodar películas, dialogar con periodistas y salir del territorio, aunque él continuó filmando de todos modos con métodos que esquivaban la vigilancia del Estado.
Doce años después, en 2022, fue detenido en el marco de las protestas de un colectivo de cineastas. Recuperó la libertad alrededor de siete meses más tarde.
La veda cayó en abril de 2023, cuando las autoridades le permitieron viajar a Cannes para presentar Fue solo un accidente. A partir de ahí recorrió distintos países para promocionar el filme, que explora la oleada de sentimientos que despierta en un grupo de exprisioneros la figura de un guardia torturador, y que nace de su propia experiencia tras las rejas.
Rodar a escondidas
En febrero de este año, en una entrevista con TN Show, Panahi había repasado las dificultades de llevar adelante su obra, compleja desde el arranque mismo porque buena parte se filmó de manera clandestina.
“Habíamos tenido algunas experiencias desde el momento en que me condenaron ya que grabamos cinco películas de esta manera. Este film, al contrario de otras, fue diferente: tiene 30% de grabaciones dentro de los vehículos”, explicó sobre el proceso.
El director detalló que antes de encarar las partes más riesgosas hicieron “grabaciones en los ambientes que son más silenciosos y con menos gente”, como el desierto, la biblioteca y las escenas menos identificables por las autoridades, entre ellas las de las terrazas.
“Cuando faltaba parte de las escenas de la ciudad, sabíamos que era más peligroso porque nuestras cámaras no estaban tan escondidas”, reconoció entonces.
