Gemma cumpliría 35 años y su familia hará algo que nadie esperaba en Tribunales

Gemma Álvarez cumpliría 35 años el 29 de octubre. Su familia, lejos de celebrar, prepara un gesto en Tribunales que buscará mantener vivo su nombre y exigir justicia. ¿De qué se trata?

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Gemma cumpliría 35 años y su familia hará algo que nadie esperaba en Tribunales
Gemma cumpliría 35 años y su familia hará algo que nadie esperaba en Tribunales

A casi tres meses del femicidio de Gemma Álvarez, ocurrido en La Costanera de Chimbas, sus seres queridos preparan un gesto para el 29 de octubre, la fecha en que la joven habría cumplido 35 años. La familia no solo sostiene el pedido de justicia: también busca que el nombre de Gemma siga vivo en la memoria de la comunidad.

El próximo 29 de octubre, Gemma Álvarez cumpliría 35 años. En lugar de celebrar, su familia convertirá esa fecha en una jornada de reclamo y de recuerdo. La madre de la víctima, Griselda Álvarez, y otros allegados planean encender velas en las puertas de Tribunales, un gesto simbólico para mantener presente a Gemma y exigir la máxima pena para el imputado por el femicidio, Matías Exequiel Marín.

La iniciativa también busca visibilizar que detrás de una causa judicial hay una familia que debe aprender a convivir con una pérdida irreparable. “Queremos que se sepa que Gemma no es un número más”, expresó Griselda en diálogo con la prensa. La mujer, que perdió a su hija de manera brutal, encontró en la asociación Familias Unidas por el Dolor del Femicidio un espacio de contención y de lucha compartida.

El crimen que conmocionó a San Juan

Gemma fue asesinada el 30 de julio en la oscuridad de La Costanera de Chimbas. Tenía 34 años, hacía poco había conseguido trabajo y era madre de una nena de 11 años, que quedó sin padres a raíz del femicidio. El caso tuvo un fuerte impacto en la provincia, tanto por la violencia del ataque como por el antecedente de una denuncia por violencia de género que la víctima había presentado semanas antes.

Por el hecho, Marín, ex pareja de Gemma, fue imputado por homicidio doblemente agravado por el vínculo y por mediar violencia de género. El sujeto permanece en el Penal de Chimbas, tras recibir un año de prisión preventiva mientras avanza la investigación.

Una lucha cotidiana

Para Griselda, la pérdida se convirtió en una lucha diaria por sostener a su familia y acompañar a su nieta en una realidad que ninguna de las dos eligió. Aunque cuenta con el apoyo de su entorno, el vacío que dejó su hija resulta inevitable. Cada día supone el desafío de encontrar fuerzas para seguir adelante, afrontar las responsabilidades y transitar una ausencia que se hace sentir especialmente en las fechas significativas.

La situación familiar también generó muestras de solidaridad de la comunidad. Semanas después del femicidio, allegados impulsaron una colecta para ayudar a los Álvarez a afrontar los distintos gastos que debieron asumir tras la muerte de Gemma. El pedido de colaboración reflejó otra de las consecuencias que dejan estos crímenes, pues además del impacto emocional, las familias deben reorganizar sus vidas y hacer frente a nuevas necesidades en medio del duelo.

En ese camino, Griselda también encontró acompañamiento en la asociación Familias Unidas por el Dolor del Femicidio, integrada por madres y familiares que perdieron a sus hijas y seres queridos en hechos de violencia de género. Desde ese espacio, quienes conocen de cerca el peso de una pérdida semejante le brindaron su apoyo, en un vínculo atravesado por el dolor compartido y la necesidad de mantener vivos los reclamos de justicia.

El pedido de justicia

El reclamo de Griselda comenzó pocos días después del crimen, cuando se presentó en Tribunales para reunirse con el fiscal que lleva adelante la investigación. En aquel momento, todavía conmocionada por la muerte de su hija, reclamó que el responsable recibiera la máxima pena.

A 35 años del inicio de su vida, la mujer que ya no está por culpa de la violencia machista extrema, su nombre será recordado. Aquella hija, madre, hermana y amiga sigue presente en los suyos. Y es que ningún femicidio, por más cruel que haya sido, puede borrar su historia. Más allá de la tristeza, su ausencia se transforma en resistencia y en una forma de encontrar fuerzas para seguir adelante, aun cuando la herida permanece abierta. La resiliencia, para ellos, no significa olvidar ni dejar de sufrir, sino aprender a vivir con el vacío y sostener su memoria cada día.

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