Gimnasia se hunde: el ciclo que ilusionaba ya no convence y el técnico evita dar la cara
Gimnasia sufre dos golpes consecutivos y el técnico evita dar explicaciones. ¿Qué pasó en Florencio Varela? Los detalles de una caída que enciende alarmas.
Gimnasia atraviesa sus días más oscuros del torneo. El ciclo que hasta el sábado generaba conformidad y sembraba ilusión, sufrió dos golpes difíciles de digerir. La derrota en el clásico y la caída de este domingo dejaron al Lobo al borde del abismo, con un equipo que no encuentra respuestas y un entrenador que esquiva las explicaciones.
La gente que viajó a Florencio Varela pagó una entrada popular de 60.000 pesos para ver a su equipo. Se fueron con más preguntas que respuestas. ¿Por qué Ariel Pereyra no se presentó a la conferencia de prensa? ¿Estaba enojado con el árbitro? Los hinchas merecían la palabra del máximo responsable, pero el "Pata" se equivocó y alguien debería marcárselo.
Un primer tiempo para el olvido
El Lobo arrancó dormido, como si recién volviera de las vacaciones. Flojo, desatento, permeable en defensa y sin corte en el mediocampo, completó una etapa inicial realmente pobre. Mateo Seoane marcó el único gol, pero no jugó un buen partido. La zaga sufrió con la movilidad de los delanteros rivales, y solo Silva Torrejón mostró la corrección habitual.
Esta vez no se puede acusar al entrenador de armar un equipo conservador. No fue así. El problema fue el desempeño inicial de esa formación. Steimbach, Conti y Martínez la pasaron mal ante un adversario áspero que impuso su rigor físico.
Reacción sin gol y fallo en la instancia clave
Gimnasia mejoró en el complemento, pero nunca logró un rendimiento convincente. Agustín Auzmendi tuvo la más clara para pasar a ganar, pero cabeceó sin puntería y la pelota se fue desviada. En defensa, las fallas puntuales volvieron a aparecer. Todavía no hay coincidencias sobre cómo debe conformarse la dupla de zagueros, una parte esencial para cualquier equipo con ambiciones.
Mateo Seoane llegó al gol con una definición serena y precisa, pero su falta de recuperación en el eje central fue evidente. La dependencia de todo Gimnasia hacia Nacho Fernández es abrumadora y para nada saludable. Es jugador, capitán y tutor.
Ariel Pereyra, encerrado en sus creencias, está dilapidando el crédito que supo construir. Necesita tranquilizar a un equipo que se descontrola. Max no puede tirarse con tanta vehemencia sin evaluar los costos. La gente está enojada y razón no le falta.