¿Gobernar bien la economía ya no alcanza? El dilema que atraviesa a los progresismos latinoamericanos

¿Por qué los gobiernos progresistas de la región pierden elecciones a pesar de mejorar la economía? Un estudio revela que la macro ya no alcanza: expectativas, redes sociales y un mercado laboral que no premia la capacitación explican la paradoja.

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¿Gobernar bien la economía ya no alcanza? El dilema que atraviesa a los progresismos latinoamericanos
¿Gobernar bien la economía ya no alcanza? El dilema que atraviesa a los progresismos latinoamericanos

El famoso mantra de campaña de Bill Clinton en 1992, “es la economía, estúpido”, parece haber quedado obsoleto para los gobiernos progresistas de la región. A pesar de lograr indicadores macroeconómicos positivos, los resultados electorales no los acompañan. ¿Qué está fallando?

Colombia, Chile y Brasil son casos testigo. En Colombia, Gustavo Petro redujo la inflación de dos dígitos a menos de la mitad, bajó la pobreza y la desigualdad, y aprobó reformas tributaria, laboral y previsional. Sin embargo, su sucesor Iván Cepeda perdió ante el ultraderechista De La Espriella.

¿Qué pasó en Chile y Brasil?

Gabriel Boric, en Chile, estabilizó la economía postpandemia, redujo la inflación a un tercio, recortó las comisiones de las AFP, redujo la jornada laboral a 40 horas y aumentó el salario mínimo más de un 50%. Aun así, su sucesora Jeanette Jara fue derrotada por el derechista Kast. En Brasil, Lula enfrenta elecciones en octubre con un contexto similar: crecimiento del PBI, baja del desempleo, inflación controlada y reducción de la pobreza, pero la percepción ciudadana es cada vez más negativa.

Un estudio del Centro de Investigación sobre la Macroeconomía de las Desigualdades (MADE) de la Universidad de São Paulo intenta explicar esta paradoja. La clave está en las expectativas. Si bien la inflación bajó, el impacto de los precios altos persiste en el bolsillo de la gente. Además, la comparación con los primeros gobiernos de Lula (2003-2010) muestra un desempeño más magro: el PBI crece menos y los ingresos mejoran más lentamente. Se esperaba más.

El rol de las redes sociales y las aspiraciones

Otro factor es el aspiracional hiperconsumista impulsado por las redes sociales. Antes, la referencia para medir el bienestar era el círculo local; hoy, las pantallas muestran un estilo de vida global de lujo, viajes y marcas que genera frustración por imposibilidad. El endeudamiento familiar y la expansión de las apuestas online son síntomas de esa brecha entre ingresos y aspiraciones.

Además, las nuevas generaciones accedieron a la universidad gracias a políticas de los primeros gobiernos de Lula, pero se topan con un mercado laboral que no premia la calificación como antes. Hay más trabajadores calificados, pero la diferencia salarial por título se achica, lo que alimenta la frustración.

La conclusión del estudio es contundente: los buenos resultados macroeconómicos son insuficientes para generar una experiencia de prosperidad. Se combinan expectativas elevadas —por el recuerdo de las transformaciones radicales de Lula— con un nuevo contexto laboral y aspiracional que deja a muchos con la sensación de que no alcanza. Los gobiernos progresistas gestionan por debajo de las expectativas, y aunque la macro esté ordenada, ya no basta. No es (solo) la economía, estúpido.

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