Godoy Cruz dio el golpe en San Juan y se llevó algo más que la copa
Godoy Cruz se trajo el Regional de handball desde San Juan y recuperó para Mendoza una plaza que estaba en juego. Dos de sus protagonistas contaron cómo se gestó la campaña en la que no había margen para errores.
El handball femenino de Godoy Cruz volvió de San Juan con un título bajo el brazo y, sobre todo, con una misión cumplida: recuperar para Mendoza la plaza en la competencia nacional. El equipo se consagró campeón del Regional, fase 1, tras superar la fase de grupos y quedarse con la semifinal.
La consagración tuvo dos protagonistas que la vivieron de cerca: Martina Nahman y Rocío Sosa. Ambas repasaron lo que significó el título en Mendoza Deportiva, el programa de Multiplataforma 617 que conduce Daniel Yúdica, junto al entrenador y coordinador del club, Freddy Zanona.
"Más que nada también salir campeona porque el grupo realmente se lo merecía", explicó Nahman al recordar la conquista.
Del objetivo mínimo a la gloria
El plan original era modesto: llegar a las semifinales. Conseguido ese primer paso, el plantel se propuso pelear por la final y por la chance de devolverle a Mendoza la plaza que estaba en juego. El título terminó sellando una campaña que, para las jugadoras, era una deuda pendiente con el esfuerzo del grupo.
El torneo no daba margen. La competencia otorgaba una sola plaza por categoría y había que ganar para quedársela. Los equipos se dividieron en dos zonas y los dos primeros de cada una avanzaban a semifinales. Godoy Cruz ganó sus tres partidos de la primera etapa y se metió entre los cuatro mejores.
En semifinales apareció Russell, un rival que ya le había complicado la vida en el torneo local. El antecedente hacía presagiar un cruce duro, pero el equipo lo resolvió y se instaló en la final, donde se jugaba el campeonato y la plaza para Mendoza al mismo tiempo.
Nahman coincidió en que no había lugar para errores. En una competencia de eliminación directa, cada partido exigía concentración máxima y respuestas en los momentos decisivos.
Dos caminos, una misma camiseta
Las trayectorias de Nahman y Sosa son bien distintas, aunque las une la camiseta de Godoy Cruz. Martina llegó al club en 2022; Rocío lleva 15 años de continuidad, una relación que atraviesa buena parte de su vida.
Para Sosa, la institución fue durante mucho tiempo todo. Al hablar de lo que representa, destacó el compromiso de quienes forman parte del equipo: "Todas las personas que estamos en el club lo hacemos con mucho amor, mucha dedicación y mucho sacrificio".
La jugadora también recordó que hubo etapas difíciles y otras de grandes satisfacciones. El campeonato regional quedó en el segundo grupo, como una recompensa para un plantel que atravesó distintos momentos.
En la cancha, Sosa se desempeña como extremo, principalmente por el lado derecho, aunque puede moverse por ambos sectores. Nahman juega como lateral izquierdo y también puede cumplir funciones de pivote cuando el equipo lo necesita. Esa versatilidad, según Zanona, es parte de un plantel con jugadoras capaces de adaptarse a distintas funciones.
Un club que apuesta a la base
Zanona explicó que el equipo atraviesa un proceso de renovación. Conviven jugadoras experimentadas y referentes de varios años con juveniles que empiezan a sumar sus primeros partidos en Primera. La estructura de trabajo reúne a unas 60 jugadoras en la pretemporada para evaluar rendimientos y armar los planteles.
Godoy Cruz cuenta con tres equipos femeninos de Primera y, con el crecimiento de su estructura, sumó una segunda participación en las ligas. Esa organización permitió que tres jugadoras del otro plantel se integraran al equipo que disputó el Regional: no fueron refuerzos externos, sino deportistas de la misma institución que aportaron alternativas y experiencia competitiva.
La amplitud de la base es clave para sostener el rendimiento y darle continuidad al desarrollo de las jugadoras. El desafío pasa por combinar a las que ya tienen recorrido con las que empiezan a consolidarse en la máxima categoría.
Handball, estudio y trabajo
La competencia convive con otras responsabilidades. Sosa trabaja, mientras que Nahman estudia Ciencias de la Computación en la Universidad Nacional de Cuyo y está en la etapa final de la carrera. Entrenar, competir y sostener una actividad laboral o académica requiere organización y compromiso; en el caso de Nahman, la jornada deportiva y la universitaria se enlazan incluso el mismo día.
No hay un único camino para llegar al handball. Sosa contó que empezó a practicarlo alrededor de los 14 o 15 años, después de jugar en la escuela y buscar un club para continuar. No había hecho otros deportes y llegó a Godoy Cruz a través de una amiga de la primaria, Gabriela De Sou, con quien mantiene una amistad desde la infancia. Nahman, en cambio, arrancó a los 12, después de conocer el handball en la escuela. Antes jugaba al tenis, pero eligió un deporte de equipo porque prefería compartir la responsabilidad del juego.
Historias distintas que confluyen en el mismo lugar y que hoy comparten la alegría de haber alcanzado una meta colectiva.
Un juego más intenso y el desafío de seguir creciendo
Sosa también se refirió a los cambios que experimentó el handball. Consideró que el juego actual es más intenso y exige correr más, algo que disfruta, aunque advirtió sobre el roce físico y la agresividad que aparecen en determinadas situaciones. "Estaría bueno que sea un poco menos agresivo", planteó al hablar de los contactos durante los partidos.
Zanona, con 35 años de trayectoria como entrenador, aportó su mirada sobre la evolución táctica de la disciplina y la necesidad de preparar distintas respuestas para atacar y defender en situaciones de superioridad o inferioridad numérica.
Para las jugadoras de Godoy Cruz, el campeonato regional significó la recompensa inmediata a ese esfuerzo y una oportunidad para seguir proyectándose en el handball. La consagración en San Juan dejó una celebración para el equipo y un resultado relevante para Mendoza. Detrás del título están las horas de entrenamiento, la convivencia entre distintas generaciones y la pertenencia a un club que forma parte de la vida de sus jugadoras.