Golpeada y amenazada: la denuncia que expone el verdadero desafío de la justicia
¿Qué pasa cuando la palabra de una víctima no alcanza? La historia de una mujer golpeada y amenazada que obliga a la justicia a mirar más allá de las marcas visibles.
Una mujer llegó a una Unidad Judicial de la Capital un lunes por la mañana con marcas en el cuerpo y un relato escalofriante: su pareja la había golpeado el día anterior tras una discusión. Pero más allá del caso puntual, su historia destapa un problema mayor: cómo la justicia debe investigar la violencia de género sin caer en la trampa de la palabra contra palabra.
El domingo por la tarde, la víctima contó que su pareja comenzó a gritarle, arrojó objetos y la amenazó de muerte. Ella intentó calmarlo y hasta le pidió perdón por si había hecho algo mal, pero él, fuera de sí, la golpeó. Las lesiones en su cara y cuerpo eran visibles, pero también quedaron las invisibles: las pesadillas, la vigilia constante, el miedo en la voz y en el caminar.
Tras la golpiza, el agresor se fue. La mujer buscó apoyo en su familia, que le recomendó perdonarlo y entenderlo. Sin embargo, una amiga le sugirió denunciar y se ofreció a acompañarla. Así llegaron a la Unidad Judicial, donde comenzó un proceso que va mucho más allá de tomar declaración.
¿Qué implica realmente la perspectiva de género?
En los últimos años, el término "perspectiva de género" se volvió común, pero su aplicación real sigue siendo un desafío. Según la ministra de la Corte de Justicia, Fernanda Rosales Andreotti, no alcanza con decir "yo te creo". La premisa debería ser: "porque te creo, voy a buscar la prueba que lo demuestre".
La Sala Penal de la Corte ya fue clara en varios fallos: el testimonio único no es suficiente para condenar. Por eso, el trabajo del fiscal es clave. No se trata solo de escuchar, sino de investigar el contexto, buscar testigos, constatar heridas y reunir pruebas que sostengan la palabra de la denunciante.
La prueba de contexto: la clave para no fallar
Rosales Andreotti explicó que la perspectiva de género no debe usarse como un atajo, sino como una guía para trabajar más. "Tergiversamos la perspectiva de género y pensamos que porque eso pasó así, entonces no tengo que hacer más nada. Es al revés: porque es difícil de probar, tengo que trabajar mucho más en la prueba", enfatizó.
La ministra también señaló que esta mirada no puede ir en desmedro de la presunción de inocencia del acusado. "Cuando aplicás perspectiva de género con prueba de contexto, estás garantizando las dos cosas", aseguró, ya que el imputado puede controlar esa prueba y ejercer su defensa.
En definitiva, el caso de esta mujer no es solo una denuncia más. Es un recordatorio de que la justicia debe tener los ojos bien abiertos, no solo para ver las marcas visibles, sino para comprender las invisibles y actuar en consecuencia.