Golpeó la pared para pedir ayuda: el grito que un juez tomó como prueba de un intento de femicidio
Policiales · Neuquén

Golpeó la pared para pedir ayuda: el grito que un juez tomó como prueba de un intento de femicidio

Una mujer golpeó la pared para pedir auxilio mientras su marido la asfixiaba. Su vecino escuchó el grito, tocó la puerta y la salvó. El detalle que un juez neuquino usó para imputar al agresor.

Un vecino que escuchó ruidos y un pedido de auxilio a través de la pared se convirtió en pieza clave para que la Justicia de Neuquén avance con la imputación de un hombre acusado de intentar matar a su esposa. La decisión la tomó el juez de garantías Juan Manuel Kees durante una audiencia en la Ciudad Judicial, y el fallo reabrió el debate sobre qué pruebas alcanzan para sostener una acusación de femicidio cuando no hay lesiones graves.

Qué pasó el 26 de octubre, según la Fiscalía

La formulación de cargos apunta a A.T., señalado por la fiscal Lorena Juárez y el asistente letrado Pablo Jávega como autor del ataque contra su esposa en una vivienda de la calle Albardón al 4000, en el oeste de la capital neuquina.

De acuerdo con la reconstrucción del Ministerio Público Fiscal, el hombre la golpeó en el rostro y el abdomen y después le apretó la cara contra una almohada para asfixiarla. La mujer declaró que en ese momento él le habría dicho: "Te voy a matar, morite hija de puta".

Ella intentó zafarse, forcejeó y golpeó la pared para alertar al vecino de al lado. El relato fiscal sostiene que ese hombre efectivamente escuchó los golpes y un grito ahogado de auxilio, salió de su casa, fue a tocar la puerta y así el acusado la soltó.

Cuando A.T. abrió, el vecino lo enfrentó y le avisó que su hija iba a llamar a la Policía. Minutos después llegó un móvil de la Comisaría 21 de Melipal. Los efectivos encontraron a la mujer con golpes en la cara, un ojo morado y hematomas en el abdomen, aunque no observaron lesiones visibles de asfixia.

"Si no hubiera sido por el vecino mío, me hubiera matado", fue una de las frases que la mujer dejó asentadas, en sintonía con lo que declaró el propio vecino: que sin su intervención habrían lamentado un desenlace peor.

La discusión central: sin marcas, ¿hubo intento de homicidio?

La fiscal Juárez pidió que A.T. sea imputado por homicidio doblemente agravado por el vínculo y por mediar violencia de género. Para sostener esa calificación argumentó que la falta de lesiones externas de gravedad no descarta por sí sola un intento de homicidio.

En ese punto citó el protocolo de investigación de muertes violentas de mujeres de la UFEM, que contempla que la violencia ejercida en contextos de dominación puede poner en riesgo la vida aunque no deje marcas visibles.

La sobreviviente también habló en la audiencia. "No es la primera que quiere matarme", aseguró, y aclaró que había pedido retirar la denuncia por encontrarse en situación de vulnerabilidad, pero después desistió de esa intención. Contó que su marido está desempleado, que ella sostiene la familia con un sueldo docente, que recibe atención psicológica y psiquiátrica y que ambos tienen problemas de consumo de cocaína.

La fiscal sumó contexto: dijo que el episodio no puede leerse como un hecho aislado, que la relación lleva más de tres décadas atravesada por situaciones de violencia y que esta es la primera vez que el Estado interviene penalmente.

Qué argumentó la defensa

La defensa reconoció que hubo una pelea, pero negó el intento de asfixia y la amenaza con intención femicida. También puso en duda que el vecino haya escuchado un grito de ayuda, con el argumento de que la mujer no habría estado en condiciones de pedirlo.

Sobre las lesiones, sostuvo que no tenían la gravedad que, a su criterio, exige la acusación. Para respaldarse llevó al testimonio de la hija en común, quien declaró en la audiencia que su mamá iniciaba las discusiones y que, como tiene lupus, las heridas podían ser propias de esa enfermedad o incluso autolesiones.

Kees evaluó esos planteos y consideró que no alcanzaban para descartar la hipótesis fiscal. Sobre los dichos de la hija, señaló que deben ser valorados, pero que la existencia de conflictos o de violencia recíproca no justifica una tentativa de femicidio ni permite descartar la agravante de género.

"Las circunstancias de que no haya lesiones de mayor gravedad no descartan una tentativa de homicidio. Podría no tener ningún tipo de lesión", explicó el magistrado.

El juez aclaró que en esta instancia inicial no le corresponde resolver si el hecho ocurrió tal como lo describió la Fiscalía, sino determinar si hay probabilidad suficiente para habilitar la investigación. "No advierto un hecho ilógico o imposible", sostuvo respecto de que la mujer haya podido golpear la pared y pedir ayuda mientras era asfixiada.

El caso Natalia Vilte, el antecedente que citó el juez

Para fundamentar que el testimonio de un tercero que escucha una agresión puede tener peso en una causa penal, Kees recuperó un precedente neuquino: el caso de Natalia Ailín Vilte, la joven de 22 años que fue encontrada muerta y cuya expareja, Marco Alejandro Calfio, fue condenado a 13 años y 6 meses de prisión por tentativa de femicidio.

El juez conoce ese expediente en primera persona: integró el tribunal que intervino en el juicio de declaración de responsabilidad y en la determinación de la pena. Por eso mencionó el fallo al explicar que una situación de violencia puede reconstruirse a partir de lo que escuchan quienes viven en casas linderas.

"Hemos tenido la resolución del Tribunal Superior de Justicia en el caso Reynante donde dos vecinas del lugar fueron testigos presenciales a través de las paredes", dijo, y aclaró que lo traía a colación por la semejanza. En aquel caso, además, la mujer se quitó la vida después del ataque, por lo que los relatos de las vecinas resultaron determinantes para probar el hecho.

Kees también respondió al cuestionamiento de la defensa sobre el vecino de A.T., que según la entrevista escuchó el grito apagado de la víctima pero no la amenaza de muerte. El magistrado consideró que eso es algo que deberá definirse en un eventual juicio.

"Yo no puedo con esta poca información descartar que haya sido cierta o no la hipótesis de tentativa de femicidio cuando la víctima dice que ha ocurrido en otras oportunidades. Corresponde hacer lugar a la formulación de fiscalía", indicó.

Respecto de la agravante de género, sostuvo que no es descartable: "Por más de la declaración de la hija en común de que la administración de dinero la hacía la víctima no significa que no haya habido otras formas de violencia, como las reiteradas tentativas de homicidio aún cuando no estén denunciadas".

Lo que escuchó la vecina de Natalia

El caso Vilte quedó marcado por la violencia que la joven sufrió puertas adentro y por los relatos de quienes vivían al lado. En Gran Neuquén Sur, el barrio se movilizó para exigir justicia y para que el hijo en común no quedara en manos de la familia paterna.

María, la vecina de al lado, se transformó en testigo fundamental. Su testimonio permitió reconstruir dos momentos de la misma madrugada del 14 de diciembre de 2024. El primero, cuando escuchó que Calfio había entrado a la vivienda de su expareja y la había golpeado. Los ruidos eran habituales, según contó, porque él le pegaba con frecuencia. Esa noche, sin embargo, algo cambió: Natalia empezó a gritar "ayuda, por favor".

"Le digo a mi suegra: 'salí por favor porque la va a matar'", recordó María. La mujer salió y enfrentó a Calfio en el patio: "¿Qué te pasa? Dejá a la piba. ¿Qué te pensás, que está sola?". El hombre se fue y Natalia quedó en la calle, llorando y con un fuerte golpe en el rostro.

Los vecinos le acercaron una hamburguesa congelada para que se la apoyara sobre la lesión. La joven les contó que su expareja le había sacado las llaves y el cargador del teléfono, y que por eso había quedado incomunicada. Llamaron a la Comisaría 16 y la Policía llegó con tres móviles, pero se retiró después de preguntarle si quería denunciar y recibir una negativa. Natalia ya tenía una medida perimetral y los vecinos conocían las amenazas y el hostigamiento.

María siguió despierta porque temía que Calfio volviera. Desde su casa, a través de la pared que compartían las habitaciones, escuchó movimientos y, cerca de las 5.40, un golpe seco.

"Escuché que dijo 'Ailín, Ailín'. Entonces pegué la oreja a la pared y dije a mi marido y a mi suegra que se crucen a la casa porque la mató", relató.

Volvió a llamar a la Policía. Cuando los vecinos entraron, encontraron a Natalia sin vida. El marido de María intentó reanimarla con maniobras de RCP, pero ya había fallecido. La investigación que llegó a juicio determinó que se había suicidado después del intento de femicidio. También reconstruyó que había sido acosada por su ex durante horas: mientras estaba con amigas en la plaza del barrio recibió llamadas constantes de Calfio para que volviera a la casa, donde intentó matarla y las vecinas lo impidieron.

Los testimonios de esas mujeres fueron centrales para reconstruir lo ocurrido dentro de la vivienda, aun sin haber visto el ataque. Ese es el antecedente que Kees trajo a la audiencia de A.T.: la violencia de género puede ocurrir puertas adentro y no siempre hay testigos que vean, pero sí personas que escuchan un grito de ayuda. Lo que se oye desde una casa lindante, los pedidos de auxilio y la reacción de quienes intentan frenar una agresión también pueden formar parte de la prueba para investigar una tentativa de femicidio, en un contexto alarmante para Neuquén: 93 casos de mujeres en riesgo de femicidio entre enero y octubre de 2026.

Siguiente nota Policiales · Neuquén

Dos familias se tirotean a diario en Vista Alegre: el club del barrio bajó la persiana

Seguí leyendo

Elegí tu provincia

Para ver tu edición local