Guasones en Tucumán: la noche en que el rock barrial se adueñó de Floresta

¿Qué pasó en Floresta cuando Guasones tocó sus clásicos? La banda platense desató la locura con un show que tuvo pogo, emoción y un final apoteósico. Los detalles que no te contaron.

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Guasones en Tucumán: la noche en que el rock barrial se adueñó de Floresta
Guasones en Tucumán: la noche en que el rock barrial se adueñó de Floresta

La banda platense hizo vibrar al Club Floresta este sábado con un show de dos horas que repasó más de 30 años de canciones. Pogo, coros y una energía arrolladora marcaron el regreso de Guasones a Tucumán en el marco de la gira “Rock & Blues en Vivo”.

La cita fue en el predio de avenida Colón, donde las puertas se abrieron a las 20. Desde temprano, grupos de amigos y parejas comenzaron a llegar, y para las 22 el lugar ya estaba colmado. Silbidos y aplausos exigían la salida de Facundo Soto, quien apareció pasadas las 22.30.

El telón rojo, el piano y las lámparas antiguas dieron el marco perfecto para una noche sin rodeos. Sobre las estructuras de hierro, los músicos dejaban sus cigarrillos mientras tocaban, construyendo una imagen que combinaba rock y blues con un toque barrial.

¿Cómo arrancó la fiesta?

Con “Pobre tipo” como apertura, las guitarras encendieron la cancha al instante. “Espejo roto” aceleró los ánimos y “Me muero” terminó de prender a los rezagados. Soto, con pocas palabras pero cada “¡Gracias, Tucumán, carajo!” recibió una ovación que empujó al público a seguir saltando.

En el escenario lo acompañaron Maximiliano Timczyszyn y Matías Sorokin en guitarras, Esteban Monti en bajo, Fernando Muto en percusión y Damián Celedón en batería. El sonido fue directo, con las guitarras siempre adelante, aunque la intensidad subía y bajaba según el tema.

Los momentos que emocionaron

“Ya estoy subiendo” y “Todavía” reforzaron el costado rockero, pero fue “Amaneciendo”, con el piano, la que cambió el clima. El canto se volvió más nítido y el aplauso final la convirtió en uno de los pasajes más sensibles de la noche.

Luego, Soto tomó la pandereta para “Con la casa en orden” y “Estrellas” hizo bailar a la cancha. Brazos en alto, vasos levantados y coros roncos que nacían desde el fondo mostraban que el público ya estaba metido de lleno en el código del rock barrial.

“Chica de ojos tristes” fue una de las más ovacionadas. Con luces rosas llegó “Esperándote”, donde las voces de la cancha se impusieron sobre la música. La intensidad creció con “Down” y explotó con “100 años”. Apenas terminó, se escuchó “el que no salta es un inglés”. La batería se sumó y en segundos toda la cancha saltaba.

El cierre con los clásicos

El tramo final combinó guitarras pesadas y solos. “Desiree I”, “Leila” y “Perdón” abrieron paso a “Del otro lado de la ciudad”, “Tan distintos”, “Pasan las horas”, “Como un lobo”, “Farmacia” e “Infierno blanco”. Cerca de las 00.30 sonó “Reyes de la noche”, uno de los clásicos más esperados, y luego “Gracias” cerró la velada.

Después de dos horas, la cancha de Floresta todavía tenía los brazos arriba. Guasones había anticipado que sería una fiesta, y los coros que por momentos taparon a Soto, las luces sobre la multitud y una energía sostenida hasta el último acorde le dieron la razón.

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