Guauchos volvió al rancho donde nació todo y grabó un disco distinto a todos
Guauchos volvió al rancho de Herradura donde empezó todo y grabó casi todo su nuevo disco en vivo, entre el monte y el río. El tercer álbum ya está en las plataformas, pero el detalle de cómo lo hicieron cambia por completo la escucha.
El tercer álbum de la banda formoseña ya está en las plataformas y se llama La Alborada. Nueve años pasaron desde su último trabajo de estudio, pero lejos de apagar el fuego, esa pausa sirvió para que Guauchos madurara como grupo y encontrara una forma nueva de mirar su propia música.
El lanzamiento oficial fue el 15 de octubre de 2026. El disco marca el reencuentro de la agrupación con su costado más genuino y, al mismo tiempo, abre una puerta hacia territorios que antes no había explorado.
El regreso al punto de partida
Hay algo que define a Guauchos por encima de cualquier otra cosa: el vínculo con su tierra. Para darle forma a La Alborada, los músicos tomaron una decisión poco habitual y volvieron al lugar donde todo arrancó, el Rancho Don Benigno, en Herradura.
“Cuna de nuestro arte, de nuestros primeros acordes y del alma de Guauchos; volver ahí a grabar este álbum transformó todo”, describen desde la banda.
En ese entorno, entre el monte, la calma del río y los recuerdos de las primeras incursiones artísticas de la infancia, armaron un estudio móvil con equipos que viajaron especialmente desde Buenos Aires. La idea era recuperar la conexión con la tierra propia y dejar que el paisaje formara parte del proceso creativo.
Con una sola excepción, Tanta Ilusión —registrada antes, en 2023, en los estudios Romaphonic—, las diez canciones del disco se grabaron en vivo sobre suelo formoseño.
La elección tiene algo de círculo que se cierra: después de años de escenarios y caminos recorridos, el grupo regresó al sitio donde empezó a imaginar su universo musical. No para repetir lo conocido, sino para reencontrarse con lo que sigue estando ahí aunque la música cambie.
Un sonido más orgánico y sin fronteras
El antecedente inmediato era Pago, un trabajo que les valió el Premio Gardel a Mejor Álbum Nuevo Artista de Folklore y que la revista Rolling Stone destacó como disco del año. Después de ese impacto, Guauchos se tomó su tiempo para buscar nuevas formas de expresión.
La Alborada, según la propia definición de la banda, es un disco muy diferente a los anteriores y mucho más orgánico. La producción y la mezcla estuvieron a cargo de Ale Vázquez, mientras que la masterización la hizo Daniel Osorio.
El grupo se corrió de su zona de confort, esa que lo tenía habituado al rock y al folklore. Y ese carácter orgánico nace justamente de haber desarmado la rutina de un estudio convencional para grabar en vivo en la naturaleza de Herradura, donde el pulso del ambiente y el toque en conjunto les devolvieron la frescura de los primeros años.
Vázquez condujo el proceso sin artificios, buscando capturar la versión más genuina de Guauchos. Así, la música fluyó de manera natural hacia ritmos latinos y se enriqueció con la calidez acústica de instrumentos reales —contrabajo, bandoneón, acordeón y arreglos de cuerdas orquestales— que respiran al mismo compás que la tierra formoseña.
La paleta musical del álbum es amplia y abraza cadencias latinas. Un ejemplo de esa transformación es Para escapar de las penas, planteado como un bolero emotivo. También aparecen piezas aportadas por Lucas Caballero desde México, que van del reggae a un folk rock de sonoridad densa y potente.
Pese a esas exploraciones rítmicas, el pulso de la tierra sigue latiendo intacto. La impronta folklórica no depende solo de la métrica tradicional, sino de una huella que identifica de manera inconfundible el sentir de la banda.
Una orquestación de lujo
El disco reúne una orquestación suntuosa que amplía el horizonte sonoro de la agrupación. Participan músicos de enorme trayectoria: Barbarita Palacios (voz y coros en Campo de Flores), Sebastián Schachtel (sintetizadores, teclados y acordeón), Lucas Monzón (acordeón), Sonia Álvarez (arpa), Nicolás Velázquez (bandoneón), Bruno Bollini (contrabajo), Uli Gómez (percusión) y Leo Paganini (clarinete bajo y saxo).
Se suma una sección de cuerdas integrada por integrantes de la Orquesta Nacional, con arreglos de Alejandro Terán y Matías Romero, junto a Javier Casalla, Mariano Malamud y Lucas Argomedo. Ese vuelo instrumental enriquece cada pasaje de la obra.
Diez canciones para una nueva etapa
La Alborada reúne diez temas en poco más de 33 minutos. El recorrido incluye canciones que el público ya conocía, como Tanta Ilusión, Monedas por Amor y Para Escapar de las Penas, además de composiciones nuevas que terminan de revelar el universo del disco.
Tanta Ilusión fue elegida como primer adelanto porque, para la banda, sintetiza su identidad: una chacarera de espíritu folk rock que habla del deseo de subir a los escenarios, de sostener un proyecto grupal y de seguir compartiendo el camino de la música. La elección funcionó como carta de presentación y como una manera de compartir con el público la emoción que acompañó el regreso discográfico.
El álbum ya está disponible en las principales plataformas digitales, entre ellas Spotify, y en el canal oficial de YouTube de Guauchos.
Pero antes de llegar a las plataformas, antes de convertirse en canciones que otros podrán hacer propias, La Alborada tuvo su tiempo en el Rancho Don Benigno. Allí, entre los equipos que viajaron desde Buenos Aires y los recuerdos de aquellas primeras búsquedas artísticas, la banda volvió a encontrarse con su historia.
Por eso el título del disco es más que una referencia al amanecer. La alborada también puede ser ese instante en que la luz empieza a transformar el paisaje y permite mirar de otra manera lo que siempre estuvo ahí. Guauchos regresó a sus raíces para grabar un álbum distinto, abierto a otros ritmos y posibilidades. Y en ese regreso encontró una certeza: se puede cambiar, explorar y crecer sin dejar de escuchar la voz del lugar donde todo comenzó.