Guaymallén se prepara para El Niño: 4.000 km de cauces y 500 árboles en la mira
Un intendente mira el pronóstico y ve venir las tormentas. Puso a trabajar a su equipo en tres frentes que pueden cambiarle el verano a miles de vecinos.
El intendente de Guaymallén, Marcos Calvente, ya puso en marcha la maquinaria municipal para hacerle frente al fenómeno de El Niño, que según los pronósticos podría traer tormentas más intensas a Mendoza durante los próximos meses. En diálogo con Sitio Andino, el jefe comunal detalló los tres frentes que considera más sensibles en su departamento: los cauces y sistemas de drenaje, el arbolado público y los grandes colectores cloacales que cruzan el territorio.
La preocupación no es menor si se tienen en cuenta las dimensiones del desafío. Guaymallén cuenta con alrededor de 4.000 kilómetros entre cunetas, canales de desagüe y cauces de riego, sobre los que intervienen distintas jurisdicciones. A eso se suman unos 160.000 árboles en el espacio público y una particularidad que lo vuelve especialmente vulnerable: por el departamento pasan algunos de los principales colectores cloacales del Gran Mendoza.
Limpieza que se repite, no que se hace una vez
El primer eje del plan será una limpieza intensiva y permanente de cunetas y canales. Según explicó Calvente, el departamento tiene aproximadamente 3.200 kilómetros de cunetas y canales secundarios y primarios, más otros 800 kilómetros de canales de riego que están bajo la órbita de Irrigación.
La idea es que los trabajos no se hagan una sola vez. “En los 21 distritos vamos a hacer repasos. Vamos a pasar una vez y volver a pasar cada dos o tres meses”, explicó el jefe comunal. Ese esquema se mantendría durante los próximos ocho o nueve meses, el período en que el municipio estima que podrían darse los mayores impactos del fenómeno climático.
El objetivo es mantener desobstruida la infraestructura para que tenga mayor capacidad de respuesta cuando lleguen tormentas de gran magnitud.
Operativos especiales en el Cacique Guaymallén, Pescara y Lagunita
El segundo frente requiere coordinación con otros organismos. Guaymallén prevé operativos conjuntos con el Departamento General de Irrigación y la Dirección de Hidráulica para avanzar sobre los cauces que no dependen solo del municipio.
Entre los puntos señalados por Calvente aparecen tres estructuras fundamentales para el drenaje del departamento: el canal Cacique Guaymallén, el Pescara y el Lagunita. La intención es trabajar en el desembanque y la desobstrucción de los sectores más críticos, para que puedan recibir mayores volúmenes de agua si se dan precipitaciones extraordinarias.
“Queremos lograr que en unos pocos meses los puntos más críticos estén en condiciones de recibir tormentas de alta magnitud”, explicó Calvente.
500 árboles que deberán ser erradicados
El arbolado público es el segundo gran punto de preocupación. De los 160.000 árboles que tiene Guaymallén, el municipio calcula que alrededor del 5% presenta algún grado de deterioro vegetativo, está seco o en proceso de secarse. Pero hay un grupo más urgente: unos 500 ejemplares ya fueron detectados en malas condiciones o completamente secos y deberán ser erradicados.
Para acelerar esa tarea, la comuna conformó dos frentes de trabajo simultáneos, reforzados con personal y recursos. La meta es intervenir unos 30 árboles por semana y completar la erradicación en aproximadamente cuatro meses.
Calvente hizo, no obstante, una distinción sobre el riesgo que representan las tormentas. Cuando se combinan lluvias abundantes y fuertes vientos, no solo peligran los ejemplares secos: los árboles en buen estado vegetativo también pueden sufrir caídas o desprendimientos por el peso de su copa y la acción del viento. En esos casos, reconoció, la prevención tiene límites y el trabajo pasa por detectar situaciones de riesgo y tener capacidad de respuesta rápida durante la emergencia.
El tercer riesgo: las cloacas
El tercer punto crítico tiene una dificultad adicional: la infraestructura no está bajo jurisdicción municipal. Por Guaymallén atraviesan algunos de los colectores cloacales más importantes del Área Metropolitana, que —según Calvente— reciben cerca del 60% de los líquidos cloacales generados en esa zona.
El problema aparece cuando llueve fuerte. Las conexiones clandestinas de desagües pluviales hacia la red cloacal hacen que grandes cantidades de agua ingresen a un sistema que no fue diseñado para recibirlas. Ante precipitaciones extraordinarias, el municipio considera que hay riesgo de desbordes y fallas en los grandes colectores.
“Es un punto muy crítico. No tiene que ver con una infraestructura que administre o tenga bajo jurisdicción el municipio, pero nos afecta enormemente”, sostuvo Calvente.
Un protocolo para saber quién actúa
Frente a ese riesgo, otra de las acciones centrales del plan es elaborar un protocolo específico de respuesta. La propuesta es armar una mesa interdisciplinaria con el municipio, Aysam, Irrigación, Ambiente y el Ministerio de Infraestructura de Mendoza. El protocolo debería establecer de antemano qué organismo es responsable de cada tarea si se produce un desborde, colapso u otra contingencia. También buscarán identificar las zonas del departamento con mayor probabilidad de sufrir estos eventos, para tener un diagnóstico previo y reducir los tiempos de respuesta.
La intención es evitar que las responsabilidades se discutan después de que ocurra la emergencia.
Más cuadrillas y repasos cada dos o tres meses
La preparación también obligó a reorganizar los recursos humanos. Calvente aseguró que se reforzaron las cuadrillas existentes y se crearon nuevos frentes de trabajo, sobre todo para atender el arbolado y la infraestructura de drenaje. En las zonas donde la higiene urbana está concesionada y la limpieza de cunetas depende de empresas prestadoras, el municipio trasladó la misma exigencia: volver sobre los sectores intervenidos cada dos o tres meses. La meta es que una cuneta o un canal que ya fue limpiado no vuelva a estar obstruido cuando llegue la tormenta.